La Gualdra 727 / Arte
Por Álvaro López-Limón
Releyendo algunos poemas de Drummond de Andrade, encontramos un fragmento significativo, “nunca me olvidaré que en medio del camino / había una piedra, / había una piedra, había una piedra en medio del camino / en medio del camino había una piedra”, escribía nuestro autor. Conmocionado acudí a mi modesta biblioteca, se revelaron ahí, la imagen de una escultura de mármol, de ennoblecida musculatura, pecho definido y una sutil torsión en el abdomen que simula un delicado movimiento de cintura; así se representa el cuerpo del Dios Apolo, sin cabeza ni extremidades, es el Torso de Mileto (480-470 a C.).
También descubrimos que el libro, Segunda parte de los nuevos poemas (1908), contiene el “Torso de Apolo arcaico”, que dice: “no conocemos la inaudita cabeza, en que maduraron los ojos. Pero su torso arde aún como candelabro en el que la vista, tan solo reducida, persiste y brilla. De lo contrario, no te deslumbraría la saliente de su pecho, ni por la suave curva de las caderas viajaría una sonrisa hacia aquel punto donde colgara el sexo. Si no siguiera en pie esta piedra desfigurada y rota bajo el arco transparente de los hombros ni brillara como piel de fiera; ni centellara por cada uno de sus lados como una estrella: porque aquí, no hay un solo lugar que no te vea. Debes cambiar tu vida”. Atestiguamos, sorprendidos, que Rilke convierte la piedra inanimada en presencia vibrante, el torso de piedra en la piel de una bestia, que nos muestra que la energía del dios Apolo, a pesar de la falta de cabeza y extremidades, irradia una energía viva. Rilke cincela con palabras a ese yo que observaba y que repentinamente se torna objeto observado, rompe las fronteras del papel y de la imaginación mientras que murmura, quedamente, debes cambiar tu vida.
Imposible no atender la observación de Benjamin, “únicamente quien supiera contemplar su propio pasado como un producto de la coacción y la necesidad, sería capaz de sacarle para sí el mayor provecho en cualquier situación presente. Pues lo que uno ha vivido es, en el mejor de los casos, comparable a una bella estatua que hubiera perdido todos sus miembros al ser transportada y ya sólo ofreciera ahora el valioso bloque en el que uno mismo habrá de cincelar la imagen de su propio futuro”. En fin, el tiempo que acumulaba ese trozo de mármol y que ahora volvía para preguntarnos sobre nuestro propio tiempo. En el parpadeo de un ojo (In ictu oculi, como en la Primera Epístola de los corintios de San Pablo). Como en Vanitas vanitatum, omnia vanitas, que nos alerta sobre la fugacidad de la vida, sobre el lugar al que encaminamos nuestros pasos. Las piedras seguirán en medio del camino, …porque aquí no hay / un solo lugar que no te mire. Debes cambiar tu vida.
UAEH – UAPSIC.
Benjamin, Walter. Calle de dirección única. Editorial ABADA. 2011
Drummond de Andrade, Carlos. Alguma Poesia. Ediciones Pindorama, 1930.
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