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La doble cara del capitalismo verde

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Por: VÍCTOR M. TOLEDO •

Conciliar, equilibrar, actualizar  para consolidar el marco normativo ambiental y para “garantizar que el desarrollo económico y social se realice bajo criterios ecológicos y de sustentabilidad” son los objetivos principales de la “nueva ley” enviada al Congreso. Ésta aparece como un conjunto de innovaciones ingenieriles en los mecanismos de gobierno. Por ello, afirmar que la “nueva ley” es un acto histórico y anticapitalista me parece una expresión demagógica. Ni una sola palabra sobre los libros de Naomi Klein, especialmente su obra Esto lo Cambia Todo: El Capitalismo contra el Clima (2014), ni sobre el Capitaloceno. A la idea de que la humanidad ha provocado una nueva era geológica llamada Antropoceno, formulada por el Premio Nobel Paul Crutzen en 2000, existe otra propuesta bajo el nombre de Capitaloceno que sostiene y comprueba que es una minoría la que ha provocado el cambio climático. Dos obras claves de esto último son los libros y artículos de Jason W. Moore, historiador estadunidense, y el estupendo libro de Francisco Serratos El Capitaloceno, una historia radical de la crisis climática (UNAM y Festina, 2020). Invito a los lectores a consultarlos.

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En una respuesta al artículo publicado en La Jornada sobre “La demagogia ambiental de la Semarnat” (9/9/26) , se aduce que esa iniciativa “…fortalece las atribuciones del Estado en restauración ecológica y adaptación al cambio climático”. La frase anterior es una joya porque revela una salida falsa. Lo que se sostiene como “La nueva Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente” (LGEPPA), proviene de tres decretos de reforma realizados el 14/11/25 sobre homologación normativa al Código Nacional de Procedimientos Civiles y Familiares, el 17/12/25 sobre el papel de la Guardia Nacional en las tareas de inspección y vigilancia, y el 19/1/26 en el que expide la Ley General sobre Economía Circular. A lo anterior, se debe agregar lo que fue enviado por la Presidenta a la Cámara de Diputados, como “nueva ley” que es un documento de 936 páginas. No vamos entrar al análisis de todo el documento, que seguramente tiene avances en varios rubros. Menos que eso, voy a centrarme en sólo dos temas claves: la restauración ecológica y la adaptación al cambio climático. Ambas propuestas son insuficientes e inviables ante la gravedad de la crisis ambiental.

Tres artículos publicados en La Jornada de Oriente (abril 28, junio 24 y septiembre 10), han dejado claro varios hechos significativos. El primero es el concepto de bulbo húmedo, una forma de medir la combinación potencial de calor y humedad en nuestro cuerpo. La NASA reporta que si sobrepasamos la temperatura media global de 2 grados centígrados (ahora estamos en 1.6 grados) como especie estaremos muy cerca del colapso hacia 2050.

Por su parte, el Panel Intergubernamental contra el Cambio Climático (IPCC), creado en 1988 e integrado por mil expertos advierte en su último informe que si se rebasa la temperatura media global de 2 grados centígrados no habrá nada que hacer. Por ello, los gobiernos deben obligar de inmediato a las empresas (sólo 100 arrojan 70 por ciento de los gases de efecto invernadero a la atmósfera y siguen explotando petróleo) a invertir en la transición energética.

Aún con todas las cumbres, congresos, conferencias, acuerdos y tratados sobre el clima realizados desde 1999 hasta la COP-30 de Brasil en 2025, se ha fracasado. Ninguno de los gobiernos del planeta reduce la producción y el consumo de los recursos fósiles (petróleo, gas y uranio).

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