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lunes, 20 mayo, 2024
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Violadas, juzgadas y silenciadas

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Por: LUCÍA MEDINA SUÁREZ DEL REAL •

Si he tomado, si he salido de fiesta, si he usado faldas cortas, como la gran mayoría por no decir que todas las niñas de mi edad, ¿Por eso me van a juzgar?, ¿Por eso me lo merecía? ¿Por eso pasó lo que pasó?, ¿Por andar de noche con mis amigas?” con esas estrujantes palabras (editadas, para hacerlas más comprensibles) reclama Daphne a quienes la juzgan por la violación de la que fue víctima a manos de Jorge Cotaita Cabrales, Gerardo Rodríguez, Enrique Capitaine Marín y Diego Cruz Alonso, miembros de la banda de los Porkys y juniors hijos de figuras influyentes en Veracruz.

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Luego de que harto de la impunidad, su papá hiciera públicos los vídeos en los que los cuatro violadores piden disculpas a su hija, Daphne recibió todo tipo de comentarios que la hicieron publicar en su cuenta de Facebook ese reproche, seguido de la explicación de la actuación de su padre, a quienes muchos juzgan:

“Si actuó como actuó fue porque yo no quería NADA ni legal, ni social como salió ahorita, ni absolutamente nada, solo quería paz y tranquilidad, yo no quería quedar expuesta como pasó ahorita, yo no quería ser juzgada o señalada por la sociedad, yo lo único que quería era un por qué, así que ahí lo tienen, le rogué y suplique a mi papá que no hiciera nada al respecto y él me contestaba ‘por favor no me ates de manos, al menos déjame hablar con sus papás, que sus papás sepan qué tipo de hijos tienen’ por eso y NADA MÁS fue que habló con ellos (…) Tristemente esto no terminó como yo hubiese querido, quedé expuesta a nivel nacional, quedé señalada por la sociedad, quedé muy triste y decepcionada de algunas personas, me quedé sin muchas personas que creía que eran mis amigos”.

Su temor más grande se cumplió. Daphne quedó señalada, y si bien encontró solidaridad, también encontró juicios, e incluso amenazas a su seguridad, como la maleta dejada a fuera de su hogar, retirada por corporaciones de seguridad sin que se sepa qué contenía.

Apenas conocíamos de este caso, cuando en el mismo estado, Veracruz, se denunció otra violación a manos de juniors. Ésta además, con el agravante de que había sido grabada, y cuyo vídeo fue compartido y subido a una página pornográfica.

En ambos casos, para evitar los estigmas, han sido hasta ahora los padres quienes han dado la cara a los medios de comunicación. Sin embargo, hay otros casos como el de la periodista Andrea Noel quien por sí misma denunció en redes sociales que caminaba por la ciudad de México cuando un hombre le bajó la ropa interior, lo cual fue grabado por cámaras de seguridad, sin que hasta ahora haya sido detenido el responsable.

Luego de la denuncia pública, la periodista recibió amenazas de muerte y de violación, publicaban su ubicación en internet e incluso extraños la molestaban en su domicilio.

Habrá quien suponga que estas amenazas no son más que palabrería de morbosos que trepados en el tren, y escudados en el anonimato, hacen un mal menor. Pero tratándose de amenazas, nunca se sabe qué tan en serio habrá que tomarlas.

En octubre pasado, en San José, Costa Rica, Gerardo Cruz Barquero, de 22 años, enfrentó a un abusador sexual que grababa por debajo de la falda a una mujer. Cruz avisó a la víctima, y lo denunció públicamente. Días después fue apuñado y falleció posteriormente.

¿Violadores solitarios?

Las agresiones sexuales a las mujeres no obedecen solo a las ansias psicópatas de individuos, son con frecuencia demostraciones de poder y terrorismo psicológico. Son metáfora de dominación.

La sexualidad femenina es arma de guerra. En conflictos bélicos se viola a las mujeres para que los hombres que las quieren o que las rodean entiendan quién manda, para aterrorizar a la población, fracturar psicológicamente, romper familias, destruir comunidades, incluso infectar deliberadamente de VIH, causar infertilidad en determinadas etnias, o imponer composiciones étnicas en las siguientes generaciones.

En Atenco, por ejemplo, decenas de mujeres fueron abusadas sexualmente para que todo el pueblo entendiera que no tenían derecho a “detener el progreso”, bajo las órdenes del entonces gobernador Enrique Peña Nieto.

La Organización de Naciones Unidas1 calcula que en Rwanda entre cien mil y 250 mil mujeres fueron violadas durante los tres meses de genocidio en 1994; 60.000 mujeres fueron violadas en la guerra civil de Sierra Leona, 40 mil en Liberia; 60 mil en la ex Yugoslavia, y 200 mil en los conflictos de la República Democrática del Congo.

Cuando el terremoto de Haití, además de los víveres que siempre se solicitan en situaciones de desastre como agua y medicamento, las mujeres pedían pantalones de mezclilla para hacer más difícil la posibilidad de violaciones.

Una investigación de Fusión calculaba que el 80%2 de las centroamericanas que migran a Estados Unidos son violadas en su paso por México, por lo cual incluso se les recomienda tomar anticonceptivos antes de ingresar a nuestro país.

Contra esta realidad, en materia de prevención, se hace más por educar a las mujeres, (principales aunque no únicas víctimas de violaciones) para evitar estas agresiones, y poco se hace para educar a los hombres (principales, aunque no únicos victimarios) para no hacerlas.

A esto habrá que sumar la desesperante impunidad, pues son pocas las denuncias, debido que a pesar de la condición de víctimas, las mujeres se sienten estigmatizadas y en ocasiones hasta responsables.

Falta mucho por hacer para que se asuma culturalmente que tal como dicen las consignas, no son las faldas, ni la hora, ni el lugar, lo que provocan las violaciones.

Pero nada de ello será suficiente si como sociedad no entendemos que lo que da valor a las mujeres como seres humanos no se define por lo que pasa o no por su entrepierna.

 

1 Ver La violencia sexual: un instrumento de guerra, disponible en http://www.un.org/es/preventgenocide/rwanda/about/bgsexualviolence.shtml

2 Ver Estiman que 80% de mujeres migrantes centroamericanas son violadas en México al intentar cruzar a EU, disponible en http://www.animalpolitico.com/2014/09/80-de-mujeres-y-ninas-migrantes-centroamericanas-son-violadas-en-mexico-al-intentar-cruzar-eu/

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