¡VALKO, adiós!

¡VALKO, adiós!

La madrugada -del cuatro de septiembre de 2018- está tranquila, salgo a la terraza y encuentro un cielo tan limpio que permite contemplar en todo su esplendor, la luna, las estrellas y a Orión, grandiosa constelación. Horas antes, en la Tierra, Zacatecas, México, como cada noche, VALKO y yo habíamos salido de paseo. Cuando regreso, al interior de la casa, observo que VALKO, nuestro hermoso perro, no luce bien de salud, jadea un poco. Días antes, estaba un poco enfermo y recibió atención médica. Voy por sus medicamentos y hago lo que puedo para atenderlo, hasta que lo miro descansar y respirar normalmente: en apariencia, duerme. Apago la luz, me acuesto y durante la noche, sin previo aviso y en sigilo, el futuro, cuando menos se le espera, se llevó, en el presente, la vida de VALKO. Al amanecer, no estaba junto a mi cama, donde inició a dormir. Crucé la estancia y lo encontré arrellanado en el descanso de la escalera a donde fue a terminar de pasar la noche y amaneció como si estuviera dormido, pero estaba sin vida, había muerto, que tristeza. Fueron once años de una compañía y un cariño a compartir con la familia y aunque de manera individualizada, a todos quería, con cada uno, matizaba su afecto, hasta con Kalel, el más pequeño, cuando iba de visita y está por cumplir cinco años. VALKO ya no podrá participar del pastel, ni de su fiesta.
Sin resignación por lo ocurrido, cómo reconvenir a VALKO porque se fue la madrugada del martes, 4 de septiembre del año 2018; sin avisar, como casi toda muerte ocurre. Su ausencia duele. Al amanecer, VALKO parecía dormir y lo arropé, en espera de decidir, qué hacer con sus restos; los cuales, insisto, daban la apariencia de dormir, profundamente. No hubo ruidos, ni excreciones, ni olores desagradables, estaba limpio, siempre lo estaba, con todo y ser un pastor grande de 40 kilos; VALKO, era alegre, amable, pulcro. De hecho, parecía dormir, hasta que el frío y la rigidez de su cuerpo, me convencieron: estaba ya sin vida. Esa noche, mientras la constelación de Orión iniciaba su periplo anual, en la Tierra, ni cómo imaginar que en la ciudad de Zacatecas, la vida de VALKO terminaría. ¿Premonición de VALKO? La última vez que lo vi, estaba vivo; pero inquieto y en sus hermosos ojos parecía anidar un misterio.
VALKO viene de la voz: WALKA, guerra. De ella deriva el nombre de WALQUIRIA y WALQUIRIAS que fueron guerreras, hasta mitológicas, por sus proezas en las que parecían invencibles. Digo esto porque VALKO, nuestro pastorcito, era eso, un guerrero insistente en vivir con alegría su vida, en la que aparte de ser guardián, ofrecía su compañía y afecto a todos, incluso a Kalel, nuestro nieto de casi tres años. Curioso, el consumo de las carnazas que hacía VALKO alternaba con el desayuno, la comida o la cena familiar, donde siempre, de alguna forma, satisfacía su gula con los regalitos de bocados que recibía. VALKO degustaba sus alimentos, comía sin exigencia, con más curiosidad y placer canino, que con voracidad.
VALKO, erguido sobre sus patas traseras, con facilidad, ponía sus patitas delanteras sobre mis hombros, era un pastor grande de 40 kilos. Salir de paseo con él –a diario– no era sencillo, había que preparase con anticipación; apreciar el clima para acompañarlo y ser capaz de sostener el ritmo de su marcha. Durante el recorrido, no se debía perder la concentración en su trote, ni olvidar que cuatro patitas son más rápidas que dos pies y con él, no había de otra para uno: ir a paso veloz. Paseo nocturno en que VALKO decidía, la ruta, la distancia a recorrer y la velocidad; se había de salir calzado con botas para garantizar o evitar caídas y tratar de ser compatible, lo más posible, con el poderoso jalón de VALKO, fuera caminata o trote, su favorito, todo ello sobre tramos de superficie irregular, vaya paseos.
Por las noches – madrugadas parecía disfrutar la música clásica y ofrecía su compañía hasta que uno se iba a acostar y él se dormía en su cama. Eso hacía con cada uno, pues aun en un mundo de pocas personas, no todas se acuestan o duermen al mismo tiempo. En fin, cuando lo consideraba necesario, su potente ladrido advertía: VALKO vigilaba, con seriedad, su hogar y el de los suyos. Así advertía de su presencia y función de guardia, a quien se acercara a la casa y fuera para él, un desconocido. Así transcurría su vida, incluidos los paseos, cuando se salía de compras o se iba a lugares cercanos, unos no tanto. En fin, VALKO vivía su vida con normalidad, cuando de pronto, la noche del 4 de septiembre del 2018, con luna llena, decidió partir. Sin despedirse, nada más se fue. Desde esa noche, ¡VALKO, yace bajo el sol y las estrellas, lo queremos y extrañamos mucho. ADIÓS!

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