El filme Plaire, aimer et courir vite visualiza la homosexualidad en los 90

El filme Plaire, aimer et courir vite visualiza la homosexualidad en los 90
Cartel de Plaire, aimer et courir vite fotos: cortesía del festival de cannes

El director francés Christophe Honoré (1970) presentó su nuevo filme en la Selección Oficial en Competición por la Palma de Oro, Plaire, aimer et courir vite (Gustar, amar y correr rápido). Un título que a pesar de la velocidad que parece denotar no tiene nada para correr, y es que en realidad los personajes no tienen más prisa que el amar y gustar, el resto es sólo llegar a morir por el Sida.
Honoré, cercano a cumplir los 50 años, quiso, justo como hizo Robin Campillo el año pasado en el Festival de Cannes con su película 120 latidos por minuto –la comparación será inevitable-, hacer una representación de su juventud en la ciudad de Rennes. En la conferencia de prensa lo comentó: “Campillo y yo somos cineastas que estamos por cumplir 50 años, y tenemos ganas de filmar nuestra juventud y tocar el tema del Sida ligado a nuestras vidas”.
Plaire, aimer et courir vite se sitúa en el año de 1993 en la ciudad de Rennes. Arthur (Vincent Lacoste) es un joven provincial de 22 años con novia, pero perfectamente definido por su gusto por los hombres, un día se encuentra con Jacques (Pierre Deladonchamps) escritor y 15 años mayor que él. Van a comenzar una relación que quizás no durará mucho porque Jacques está enfermo de Sida.
Ya lo comentamos, la comparación con la película de Campillo, que el año pasado en Cannes causó furor por su historia del movimiento ActUP en la lucha a favor del reconocimiento del Sida como un problema de salud pública, es evidente. La comparación parte de que ambos realizadores son homosexuales y vivieron esa época de su juventud, 1980-1990 con el temor del contagio, del silencio sexual, del preservativo y de la mirada acusante de la gente; ambas películas por tanto, son recuerdos de su lucha contra el Sida y de la muerte de los amigos de su generación.
A Honoré la comparación cinematográfica no le molesta, lo dejó bien claro en la charla: “La comparación entre este filme y los 120 latidos por minuto por la idea de la homosexualidad que está en el aire, no hay problema. Lo que encuentro insoportable es la comparación sólo porque se trata de homosexuales. No entiendo por qué comparar las dos películas sólo por la identidad sexual de los personajes y del director”.
Honoré nunca se ha sumido como activista de la lucha LGBT pero para la explicación de esta comparación y de su película ha confesado que desde su punto de vista la función del cineasta es visibilizar: “Nosotros podemos alimentar el imaginario de la gente. Se trata sólo de filmes primos por el tema –el Sida- pero con trayectorias diferentes”.

Casi una confesión
de su propia vida
En realidad, el también director de Mi madre (2004) y En París (2006) escribió y realizó esta película por la nostalgia a su juventud. Por un sentimiento de recordar y hacer que el espectador vuelva a vivir su memoria por efecto accidental, no porque se le trate de hacer recordar forzadamente. Por eso recuperó elementos de su vida personal, como por ejemplo el de ser padre de una adolescente y vivir su homosexualidad en casa con perfecta naturalidad tanto para él, para sus novios y su hija. Incluso hizo que la película se filmara en el mismo departamento que él tuvo en Rennes cuando fue estudiante. Pero tuvo en un momento que romper su biografía porque sino iba a ser sólo una confesión lacrimosa.

Fotograma de la película Plaire, aimer et courir vite

Filmar en 35 mm y
pintar el cuadro de azul
Honoré volvió a trabajar con el fotógrafo Rémy Chevrin (Canciones de amor, 2008, y Les bien-aimés, 2011, por mencionar dos de las cuatro colaboraciones juntos) pero dejaron de lado la filmación en digital y regresaron a la película de 35mm.
Los dos filmes anteriores, Les malheurs de Sophie (2016) y Métamorphoses (2014)fueron digitales, mas ahora quería, para también dar el grano que ayudaría a la memoria, hacerla toda en la vieja película. Y es que la diferencia es que cuando, comentó Honoré, “uno corta es verdaderamente cortar. Y las tomas en digital parece que son interminables porque se vuelven y vuelven a hacer sin problema. Y filmar en 35mm obliga a buscar los colores, que además en Rennes por el cambio de iluminación de la vía pública es complicado conseguir los mismos tonos azules de la época. Queríamos que nuestra película fuera azul, como cuando ibas caminando por las calles en ese entonces”.

Un director nada Zen
Honoré fue crítico de cine en la afamada revista Les cahiers de cinema y de esa época sintió el gusto por leer qué se escribía de sus películas. Contrario a otros cineastas que leen y se quedan tranquilos como si estuvieran por encima del resto del mundo, él prefiere charlar con los críticos y responderles sus interpretaciones de las películas.
Por lo pronto, la crítica no deja de comparar su cinta con Campillo reconociendo, sin embargo, la importancia de proponer imágenes de esa época y la de la visibilizaciónde la identidad sexual. Ésta es la segunda vez que Honoré está en competencia por la Palma de Oro, la anterior fue en 2007 con Las canciones de amor, ¿será esta la buena?

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