La comisión de Anaya y la rendición de cuentas

La comisión de Anaya y la rendición de cuentas

Como consecuencia de lo que se pretende es un ataque de la Procuraduría General de la República al candidato la coalición Por México al Frente, Ricardo Anaya, y del esfuerzo de éste último por transformar su figura política, de aquella del aliado del gobierno en turno, a la de su más acérrimo adversario (y enemigo), el domingo pasado, hizo un propuesta, que es interesante, pero muy limitada aún: la creación de una Comisión de la verdad para investigar los escándalos de corrupción del actual sexenio, con monitoreo internacional.
A falta de más información, la propuesta sigue quedando corta, aunque el lunes por la noche en el programa La nota dura, del Financiero Bloomberg, Mariana Gómez del Campo, amplió un poco la idea. Va en el sentido correcto, pero tiene un vicio de origen perverso. Hagamos un breve recuento de la figura, y luego pasemos al plano de la deliberada limitación de su objetivo.
El ejemplo más claro y cercano que tenemos de una comisión similar, es la integrada en el vecino Guatemala, conocida como la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), que ha permitido al día de hoy el enjuiciamiento de varios funcionarios de primer nivel, incluidos expresidentes de aquél país, así como distintas organizaciones, destacablemente en épocas recientes, sindicatos ligados a Odebrecht. Sin embargo, como su propio nombre lo indica, se trata de una Comisión del ámbito supranacional, c0n financiamiento externo y con un amplio margen de maniobra, de tal forma que tiene plena autonomía, pues es financiada por contribuciones voluntarias de distintos países, a través de un fondo fiduciario, administrado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. En esta comisión, no participa el gobierno, y es tan amplia que abarca no solo casos de corrupción, sino principalmente de impunidad en el marco de la violencia, por lo que su propio objetivo gira en torno a los cuerpos clandestinos de seguridad, con capacidad de procurarse impunidad, según información de la propia CICIG.
¿Por qué es diferente de la propuesta por Anaya? Porque en principio, no propone que sea de ámbito internacional, sino con monitoreo internacional –aún no ha dicho quién o quiénes harían este monitoreo, y como bien dice el dicho, el diablo está en los detalles-, tampoco ha hecho mención, de la ONU por ejemplo, ni otra organización con el prestigio y poder, que permita credibilidad, autonomía y plena eficacia institucional del mecanismo. En pocas palabras: es una idea que suena parecida, pero que, hasta el momento, no lo es, sino apenas una mala copia.
Ahora ¿cuál pudiera ser el motivo de no atreverse a asimilar el modelo guatemalteco? Primero, la falta de control sobre los resultados de las investigaciones y procesos que pudiera iniciar tal comisión, lo que por ejemplo, permitiría que no solo se enfocara en el Poder Ejecutivo, sino que también pasara al Legislativo, que el propio Anaya presidió en este sexenio, y sus fondos, llamativamente el conocido “fondo moches”, del que se ha acusado al candidato frentista, haber utilizado para beneficiarse, como otros tantos legisladores. Una Comisión, que además de investigar los casos de corrupción, abordara los de impunidad, no solo del Ejecutivo Federal, sino también de los Estados, podría resultar con varios gobernadores panistas afectados ahora un cuerpo internacional que indagara sobre la impunidad generada por la violencia, pudiera bien encontrar varias omisiones y anomalías en los sexenios de Felipe Calderón y Vicente Fox, de los que aun cuando se encuentra distanciado en su discurso, parte de su equipo formó parte (Creel, destacablemente).
Lo interesante sería no una comisión tan limitada y restringida, sino una Comisión Internacional Contra la Impunidad y por la Rendición de Cuentas (CICIRC), que, coadyuvando con el Sistema Nacional Anticorrupción, nos permitiera un proceso amplio, institucional, serio, responsable, profundo y real, de investigación y denuncia de actos de impunidad, en todo el entramado del Estado mexicano, no limitado a un poder o nivel de gobierno, a la vez que permitiera visualizar y afrontar el otro gran problema que tenemos: la inseguridad y la falta de estrategias exitosas para combatirla y disminuirla.
Apuesto dos a uno a que Anaya (u otro) no se atreve. Hasta para él los balazos en el pie, tienen límite.

@CarlosETorres_
www.deliberemos.blogspot.mx

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