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Adios a un gigante

Adios a un gigante

Hoy nos permitimos reproducir fragmentos del texto publicado por Elena Poniatowska el 9 de agosto de 2013 en el marco del homenaje del 45 aniversario de la generación de 1968 y a Raúl Álvarez Garín en la sala Miguel Covarrubias de la Universidad Nacional Autónoma de México:

“Hace 45 años que conozco a Raúl y soy su deudora. Sin él no habría La noche de Tlatelolco. Sin él no habría ese líder valiente y justiciero, capaz de permanecer meses, semanas y días en huelga de hambre. Sin él, jamás se habría dado el juicio que lo hizo llevar a Luis Echeverría al banquillo de los acusados. Sin él no sabríamos qué son la continuidad y la constancia de la lucha; sin él no habría Estela de Tlatelolco; sin él jamás habríamos leído Punto crítico; sin él no habría una constancia escrita de los infames procesos que el solo se preocupó en publicar; sin él el Politécnico sería distinto, porque Raúl está ligado al Poli de por vida (al menos en mi cabeza). Sin él tampoco habría camarones gigantes a la vinagreta preparados entre carcajadas.

Raúl entonces era un muchacho delgadito y nervioso que se acuclillaba en su pequeña celda para que otros pudieran sentarse en la litera, en el escusado de hierro, en el primer butaquito, en lo que fuera. Su autoridad era indiscutible. Todos acudían a su llamado. Por eso pude escribir La noche de Tlatelolco.

Manuela Garín de Álvarez, madre de Raúl, jamás imaginó que su hijo pudiera caer preso. Sabía que Raúl pertenecía al Consejo Nacional de Huelga, porque así era él, aguerrido y defensor de las causas justas. Su espíritu de pelea se manifestó desde que era niño. Tania, su hermana, fue más dócil, obedecía, pero Raúl quería una explicación para cada una de las órdenes que le daban sus padres. Manuela, matemática, intentaba domar su rebeldía. El 2 de octubre a Manuela la llamó su marido, también Raúl: No salgas, porque esto está horrible. El Ejército tomó la plaza. Esa misma noche, su hijo Raúl desapareció y a partir de ese momento Manuela y Raúl padre sacaron desplegados durante más de un mes en El Día, que decían: Han pasado cinco días y no sabemos nada de nuestro hijo Raúl Álvarez Garín. Cuando Manuela por fin logró verlo en su celda, en Lecumberri, no hubo lágrimas ni lamentaciones. Raúl, muy serio la saludó con una frase que 40 años después no olvida: “Mamá, hay muchos muchachos que no tienen quién los defienda, hay que buscarles un abogado…”. También le advirtió: Mamá, por favor, no vayas a traer nada que esté prohibido para no tener que pedirles nunca nada a estos carceleros. Tráeme una cazuela grande para cocinar para varios, fue lo único que Raúl sí pidió y Manuela tuvo que sacar el permiso en la dirección del penal.

Raúl Álvarez Garín y su inseparable Félix Lucio Hernández Gamundi, Daniel Molina y muchos otros,…  enjuiciaron y consiguieron que a Luis Echeverría, entonces secretario de gobernación, le dieran su casa en San Jerónimo como cárcel. A la gran puerta de madera en San Jerónimo acudieron Rosario Ibarra de Piedra y Jesusa Rodríguez y le aventaron cubetazos de pintura roja”.

Raúl Álvarez Garín se involucró en el gran movimiento político de 1988 encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas, que dio origen al PRD, siendo miembro de su Comité Ejecutivo nacional y diputado federal del 91 al 94. Igual que muchos intelectuales y dirigentes políticos y sociales fundadores de ese partido, como Arnaldo Córdova, fue relegado con el accionar de las facciones que hoy dominan ese partido. Pero su estatura es la de un gigante que hoy todo México reconoce.

 

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