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miércoles, 25 mayo, 2022
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Pestañeo

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Por: MARIANA FLORES •

La Gualdra 512 / Río de palabras

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Últimamente todo el mundo habla de los agujeros negros, de la nueva evidencia que indica se encuentran en los lugares más inesperados: puentes peatonales, el consultorio de un dentista, el probador de una tienda de ropa, en la terraza de alguien. Mara pensaba que ese departamento desvencijado, con olor a humedad era su agujero negro, pensaba en todo lo que había absorbido de ella en los últimos días, “es impresionante” se dijo mientras barría una montaña de pestañas postizas, estaban por todo el piso, en el lavabo, en los clósets, encontró unas hasta en el refrigerador.

La tía Pancha había muerto, mientras fumaba tabaco en su mecedora, mirando la higuera que se vislumbraba desde el ventanal de vidrio cuarteado y polvoso. Cada vez que Mara la visitaba, la tía le contaba alguna cosa extraña que pasaba a la sombra del imponente árbol: un perro que se convertía en catrín, un gato que se volvía mujer, un ropavejero que rejuvenecía, “Ay la tía Pancha, ¿qué sería lo último que vio?”. 

Mara estaba por partir a Canadá cuando supo que le había sido heredado aquel departamento, “tu depa de soltería”, le bromeaba a su tía. Pancha nunca se casó, no tuvo hijos. Desde muy joven se dedicó a trabajar y a viajar, era demostradora en una empresa de jugos, trabajó y trabajó, puso su tienda de abarrotes, se peinaba en el salón de belleza, se compraba vestidos, tuvo como treinta y cinco novios y muchos más amantes, vivía para sí misma, y diario se ponía pestañas postizas, hasta sus últimos días, “Mara, aférrate a tu trabajo, es lo único que nos queda a nosotras, vive para ti”. 

Su muerte interrumpió su rumbo hacia el norte “yo no sé para qué te vas, nada más a cumplir expectativas que no son tuyas, lo que debes hacer es mandar tus cuentos y tocar puertas, ya estás grande para que te ande preocupando decepcionar a tu gente”, Mara recogió la ultima pestaña postiza, “se me hace que te fuiste a morir adrede, justo ahora”. 

Abrió la computadora, mandó un mail para declinar la estancia de investigación y con escalofríos en el cuerpo se puso a reunir sus cuentos, ninguno le convencía. Envió diez currículums, se fatigó, se puso a leer un artículo Miniagujeros negros que atraviesan la Tierra a diario. Un viento frío se coló por la ventana, la desesperación la invadió “de qué voy a vivir, no siento vocación por nada…”, abrió su maleta en busca de una manta y su termo con café. Extrañaba a la tía Pancha y también estaba enojada con ella. Miró hacia la cornisa “ay, no puede ser… creí eran las últimas”, recogió siete pestañas más. 

Mara observó la higuera, una joven la saludaba con una mano, en la otra tenía una maleta. No entendía si vendía algo, parecía que sí. Mara asomó la cabeza por la ventana, “¿Puedo ayudarte en algo?”, la joven sacó un espejo y comenzó a acomodarse una pestaña, “Vive para ti, Mara”, la joven se fue caminando hacia atrás de la higuera. Mara despertó, miró la computadora abierta, una pestaña en el teclado. En ese momento entendió el regalo de su tía. 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la-gualdra-512

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