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viernes, 14 junio, 2024
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Los límites del debate

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Por: LUCÍA MEDINA SUÁREZ DEL REAL •

La democracia, y el debate que la construye no debería espantar a nadie. Tendría que ser nuestra normalidad. Lamentablemente estamos lejos de ello.

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Ni siquiera los debates organizados por la autoridad electoral en la contienda presidencial se libran de bajezas, porque ni siquiera existe la garantía de que sus participantes respeten las reglas que se fijan en ellos. 

En el más reciente de éstos, predominaron los ataques por encima de las propuestas. Los tres candidatos presentes repartieron a sus oponentes, pero destacó Xóchitl Gálvez, quien hizo caso a los asesores que le clamaban mayor fiereza que la mostrada en el primero de estos ejercicios. 

Pareciera -así lo ve Roy Campos, y coincido- que salió al ruedo en busca de recuperar su base dura que estaba dejando de serlo. Que salió en busca de la simpatía de quienes, decepcionados por su desempeño en el anterior debate y en lo que va de la campaña, comenzaban a desanimarse e incluso a plantearse si cuando menos “para la honra” valía más la pena apostar por Jorge Álvarez Maynez quien creció luego del primer debate. 

Sin mucho ya que perder, Gálvez incumplió las reglas más básicas: habló cuando no era su turno, y mostró gráficos mientras hablaba su adversaria por lo cual fue reconvenida por la moderadora. También introdujo al set objetos prohibidos, (un cilindro de agua), y centró su discurso en temas ajenos a los que se habían acordado como centrales en el debate. 

De los ataques más duros estuvo el que enfiló contra Claudia Sheinbaum a partir de acusaciones no contra ella, sino contra su ex esposo, quien además de resultar exonerado hace ya muchos años, dejó de ser su cónyuge hace casi una década. Claudia incluso ya comparte vida con alguien más. 

En respuesta sólo hubo defensa, pero no contraataque. La candidata puntera, elegante, no contestó con lo más evidente: la exhibición de la hermana de la candidata del PRIAN quien se encuentra privada de su libertad por secuestro. 

Similar fue la reacción semanas atrás cuando se exhibió el vídeo del hijo de Xóchitl Gálvez quien además del parentesco, era el líder de los jóvenes en la campaña presidencial, y a quien se le grabó el año pasado en estado de ebriedad profiriendo insultos homofóbicos, gordofóbicos y clasistas contra trabajadores de un antro. El escarnio duró poco porque fue frenado por dos mujeres: Beatriz Gutiérrez Müller esposa del presidente y madre del hijo más pequeño de éste a quien han atacado y exhibido con la mayor ruindad posible, y la propia Sheinbaum, quien a pregunta expresa manifestó que la contienda era contra la madre del protagonista del vídeo y enfatizó que se trataba de diferencias de ideas, no de asuntos personales.  

De ese calibre ha habido otros ataques. Por ejemplo, Xóchitl mostró una imagen de una lagartija en la que parecía burlarse del aspecto físico de su rival, quien hasta ahora ni ha acusado el golpe, no ha pagado con la misma moneda. 

El cuerpo de una persona, nada nos dice de su proyecto de gobierno, de sus ideas, o de su congruencia. No hay nada que discutir al respecto. No es de la misma gravedad, pero tampoco suman al intercambio de ideas los ataques anteriores. ¿En qué construyen? 

Si acaso nos abonan a construir una idea de las personas, de su autoridad moral, su honestidad, etcétera. A veces los ataques ni siquiera son a actores políticos sino a quienes tienen la suerte de ser su familia, pero también es cierto que ese círculo cercano son también los prestanombres más lógicos de quienes se corrompen, y son frecuentes beneficiario de los actos indebidos de sus parientes. 

¿Cuál sería el parámetro entonces? No es sencillo. Pero los hechos son el mejor referente. 

Estamos llenos de notas sin más sustancia que conjeturas bañadas de tonos amarillos que inflan asuntos tan cotidianos y normales como la renta de una vivienda. Mientras, al mismo tiempo se pretende que permanezcan en la opacidad actos de corrupción sin más argumento que el del derecho a la privacidad a pesar de que los hechos hayan tenido impacto en el erario. 

Ante la duda, el caso se estudia por los hechos, y estos necesariamente tendrán que venir con la evidencia

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