spot_img

Prevenir antes que linchar

Más Leídas

- Publicidad -

Por: ÁLVARO GARCÍA HERNÁNDEZ •

Vivimos en una sociedad muy absurda y a veces también muy hipócrita. En todos los aspectos de nuestra vida, no tenemos una cultura de prevención; históricamente, hemos sido reactivos a muchos eventos y circunstancias que nos han afectado; así lo hemos demostrado ante situaciones emergentes que pudimos prevenir y que por diversas causas no lo hicimos.  La prevención se ha definido como una acción de anticiparse a un hecho y evitar que éste ocurra o se mitiguen sus consecuencias. Prevención viene del latín praeventio (Prae=previo o anterior y, eventio=evento o suceso). Así las cosas, una obligación del colectivo social es evitar que pasen eventos totalmente prevenibles por lo que es fundamental que cada quien actúe con responsabilidad, haciendo lo que le corresponde. Me refiero pues a los acontecimientos de semanas anteriores en donde se ven involucrados una niña y un adolescente; el resultado de la violencia ejercida es inimaginable para este rango de edad, lo cual es el reflejo de la evolución negativa de la sociedad; los hechos son respuesta a la indiferencia de los padres y de los familiares, es el resultado de la desintegración familiar, de la opacidad de las autoridades educativas y de la actuación omisa de la población. Siempre lo he dicho, en el cuidado y protección de niñas, niños y adolescentes, todos tenemos obligaciones, son nuestra responsabilidad directa como sociedad. Hasta en las tribus primitivas, las niñas y los niños tenían cuidados especiales para poder sobrevivir, principalmente eran las mujeres las que tenían el encargo de los cuidados, tanto a ellos como de los ancianos y enfermos; en la cultura romana todos los niños y niñas debían tener tutores que ejercían la patria potestad y a lo largo de la evolución humana este sector de la población ha tenido un cuidado especial hasta ahora que son reconocidos como sujetos de derechos. Así las cosas, la sociedad en su conjunto es la responsable directa (Padres, madres, tutores y familia) o indirecta (Maestros, maestras, amigos, cuidadores etc.) de las infancias y adolescencias, incluso, en algunas etnias el conocimiento ancestral se transmite directamente por los viejos a los niños. En este contexto pues, no podemos eximirnos de la responsabilidad que tenemos tanto con nuestros hijos como con las niñas y niños de la colectividad y, ya en los hechos, si advertimos que molestan o violentan a una niña o niño, en su domicilio o en algún lugar público, debemos dar aviso a las autoridades (Policía municipal, estatal, Fiscalía General de Justicia, Procuraduría de Protección de niñas, Niños, Adolescentes etc.) no hacerlo nos convierte en cómplices de la agresión y nuestra indiferencia puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte. Si la violencia ocurre en la escuela a través de bullying, discriminación, agresión física o verbal, las autoridades escolares tienen la obligación de aplicar los protocolos establecidos para cesar con la agresión y buscar una solución efectiva para la víctima y el agresor. Si nosotros como madres y padres de familia somos omisos ante las conductas agresivas de nuestros hijos e hijas, y si no les damos tratamiento a través de terapias psicológicas o psiquiátricas, los estaremos sentenciando a enfrentar la justicia tarde que temprano; recordemos que es la familia el núcleo central de la paz, la generación de valores y el progreso de nuestro estado. Si no formamos buenos ciudadanos y ciudadanas desde la familia, no esperemos que la escuela o el Gobierno, suplan lo mal de nuestra actuación. Sin duda que mucha responsabilidad tenemos cada uno de los integrantes de la colectividad y tal como lo he mencionado, no podemos evadirla. En este sentido y, ante eventos tan lamentables como los ocurridos recientemente, si queremos linchar, nos tendremos que linchar todos: los padres y madres de familia que no educaron adecuadamente a sus hijos e hijas, las autoridades escolares que fueron omisas en detectar manifestaciones de violencia y que, cuando las detectaron, no aplicaron los protocolos debidos; también nos lincharemos como sociedad al no dar aviso a las autoridades de algún evento de violencia que afectó a nuestra niñez y adolescencia ya que nuestra indiferencia, generó una lesión o una privación de la vida que pudo prevenirse. Estimado lector, usted dice por quién empezamos.    

- Publicidad -

    

 

*Director general de la Asociación Nacional  de Procuradoras, Procuradores, exprocuradoras y exprocuradores de  Protección de Niñas, Niños y Adolescentes

[email protected]

- Publicidad -

Noticias Recomendadas

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Últimas Noticias

- Publicidad -
- Publicidad -