Jürgen Habermas o la teoría crítica como democracia deliberativa universal

Jürgen Habermas o la teoría crítica como democracia deliberativa universal
Juergen Habermas. Foto: Wolfram Huke

La Gualdra 496 / La danza del salmón: pensar a contracorriente

Nunca fue santo de mi devoción, aunque hay que reconocerle que su presencia e intercambio de ideas es parte ya fundamental del debate en torno a la posmodernidad con Jean Francois Lyotard, Richard Rorty y Michel Foucault, al morir este último escribió un breve texto de homenaje reconociendo que en realidad eran más los puntos de encuentro que las diferencias. Firmó también con Jacques Derrida, y otros intelectuales, un texto pacificista llamando a la unidad europea ante la invasión norteamericana a Irak, justo después del fatídico 11 de septiembre. 

Las polémicas y diálogos filosóficos de la segunda parte del siglo XX no se pueden entender ni atender sin la lucidez inquisitiva, muchas veces incendiaria, del que fuera asistente de Thedor Adorno. De manera paradójica, su crítica furibunda contra un (supuesto) posmodernismo neoconservador –cajón de sastre donde lo mismo sitúa a Lyotard, Foucault, Derrida, Rorty y todo pensador que cuestione el legado de la Ilustración– ha resultado un poco maniquea, apresurada, simplista, si bien su argumento de que el adiós a la modernidad logocéntrica termina por arrojar el niño con el agua sucia en la bañera al despedirse también del sujeto, hoy más que nunca resulta relevante, pues recuperar al sujeto social replantea otra mirada y experiencia políticas. 

En la década de los noventa, en la extinta Facultad de Humanidades de la UAZ, en Zacatecas, fue el maestro Manuel de León quien nos acercó a la teoría crítica de Adorno y su replanteamiento novedoso en Habermas de la acción comunicativa como una alternativa frente a la razón instrumental como acción estratégica. Después de intentar comprender sin mucho éxito, más bien diría, nulo éxito, Ser y tiempo de Martin Heidegger y Dialéctica negativa del propio Adorno, me quedé maravillado porque leí un par de veces Conciencia moral y acción comunicativa (Barcelona, Península, 1985), obra que compendia sus ideas esenciales, y cuyo planteamiento central resulta asequible: replantear la ética kantiana desde una visión universalista donde los interlocutores comparten premisas y axiomas básicos de comunicación que posibilitan un entendimiento común capaz de dirimir conflictos y diferencias. 

Luego leí Conocimiento e interés (Madrid, Taurus, 1981 entendimiento), un libro que radicaliza la crítica a la actitud cientificista que olvida la sobredeterminación ideológica y socio-política subyacente a la lógica de la investigación científica. Logré terminar ese mamotreto kilométrico de Teoría de la acción comunicativa, su obra cumbre, donde efectúa una poderosa relectura de la sociedad en su conjunto, quizá, junto con Niklas Luhmann, se trata de una vigorosa mirada social global del sistema-mundo-capitalista desde su horizonte emancipatorio; después de Weber y de Parsons, nadie se había planteado una visión global de ese talante. Posteriormente leí El Discurso filosófico de la modernidad, (Madrid, Taurus, 1989) me encantó la entrada que constituye una elucidación de la época moderna desde Baudelaire, Benjamin, y claro está, Hegel. Replantea el contenido normativo de la modernidad como apuesta y propuesta emancipatoria. Empero resultan irritantes sus lecturas reduccionistas sobre “los críticos de la razón moderna” donde mete en un mismo saco a Nietzsche, Bataille, Lyotard, Foucault, Heidegger, e incluso sus maestros Adorno y Horkheimer. Con una longevidad y lucidez ejemplares, siempre polémico en la discusión, no ha dejado de ser luminaria en los últimos congresos de filosofía en la última parte del siglo XX y la primera década del XXI. Quizá el maestro Manuel de León tenía razón cuando decía –con sonrisa maliciosa– que Habermas no era ningún tonto y sus planteamientos filosóficos anticlimáticos –como la Emulsión de Sott– tal vez no sean tan atractivos ni sólidos pero han contribuido a (re)animar la conversación intelectual –lo cual no es poca cosa.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_496

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