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lunes, 15 julio, 2024
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Ante la escasez de recursos para la producción operística, proponen “imaginación portentosa”

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Por: ALMA RÍOS • Araceli Rodarte • Admin •

■ La ópera, oportunidad para hacer catarsis, entendernos y encontrar sentido a la vida: Del Campo

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■ El elemento creativo también puede solucionar muchos problemas que hay en el país, afirma

No sobreestimar a la ópera y no subestimar a los públicos a quienes se ofrece, son las formas que Oswaldo Martín del Campo propuso en Acentos, el programa de La Jornada Zacatecas TV, para lograr un acercamiento actual con este género tradicionalmente catalogado como elitista.

Como puente para ello, agregó el cantante y director escénico, la necesidad de proponerlo mediante “una portentosa imaginación”, a fin de solucionar las dificultades presupuestales para proponer un montaje. Una receta que encuentra pertinente para muchos de los problemas que tiene hoy el país.

La combinación logró ser exitosa en la reciente puesta en escena de Gianni Schicchi, la tercera parte del Tríptico que dedicara Giacomo Puccini  a modo de homenaje a Dante Alighieri, su Divina Comedia. Misma que por ser la única propuesta en tono cómico, ha sido la más popular desde su estreno, apuntó.

La conversación entre Martín del Campo y el conductor de Acentos, Carlos Navarrete, se realizó en el mismo escenario del Teatro Fernando Calderón donde el pasado 13 y 14 de octubre se presentó esta producción del Área de Arte y Cultura de la Universidad Autónoma de Zacatecas, a través de su Unidad Académica de Artes.

Un proyecto educativo, destacó el director, promovido por la docente Solanye Caignet, que dio oportunidad a los estudiantes de intervenir en un espectáculo profesional.

Y a un público curioso e inquieto, “virgen” le llamó, al que luego de invitarle a dejar a un lado las solemnidades, disfrutar de este formato del teatro en la catarsis colectiva que se remonta en su origen a aquella ceremonia nacida en la Grecia antigua. Y que hoy dijo, vale la pena experimentar como entonces “para conocernos más, hacer nuestra vida mejor (…) y sentir que vale la pena, a pesar de todo lo que está pasando actualmente”.

A propósito de la buena recepción de la adaptación de Gianni Schicchi en Zacatecas, misma que incluyó referentes contemporáneos, y no obstante superó el prejuicio que tiene como referente, propuso Carlos Navarrete, “el frac y el bostezo” y la exclusividad, Oswaldo Martín del Campo expuso en principio:  ”si queremos hacer ópera para los nuevos públicos es necesario no hacerla para los viejos públicos”.

En crítica a lo dicho por algunos de sus colegas, dice la  ópera no requiere para apreciarse un coeficiente intelectual (alto) o ser demasiado letrado, tampoco se dirige a ciertas mentes “iluminadas o a gustos exquisitos y refinados”, donde no cabe la gente que ve el futbol.

Al respecto dijo, existe una cierta sobreestimación del género, y contrario a esto, agregó, “la ópera no va salvar al mundo, a iluminarnos o a contactarnos con el zen”.

A este espectáculo hay que darle su lugar  y con sinceridad y franqueza “enganchar” a  nuevos  públicos.

Hay por otro lado comentó Navarrete, grandes cantantes pero un ambiente operístico deprimido, sin grandes producciones. Cómo entonces acercar a la gente a este tipo de propuestas.

El también intérprete egresado del Centro Cultural Ollin Yoliztli repuso, tiene que ver con los medios de comunicación a quienes equiparó con los antiguos oráculos, ahora consultados por la gente para guiarse en qué ver y qué no ver.

Luego de un periodo en que hubo “una pelea entre cultura y medios”, hoy éstos pueden darse un lugar para esto también”.

En la puesta en escena aludida dijo, “realmente no hay nada nuevo”. Es el mismo formato: una escenografía, una orquesta, unos cantantes interpretando la ópera tal como fue escrita.

La diferencia expuso, fue el haberle dicho a la gente en un breve mensaje preliminar a la escenificación: “disfrútenlo, piérdanle el miedo (…) el espectáculo es para ustedes y entonces decidan qué hacer con él. Y no al revés: están aquí para vernos a nosotros”.

En el mismo tono, el también creador de la compañía Ópera Irreverente con la que ha participado en el Centro Nacional de las Artes (Cenart), agregó en respuesta a la observación de Carlos Navarrete, de que se logró el objetivo en tanto que por momentos parecía el ambiente producido por un circo el generado durante la presentación de Gianni Schicchi.

“A veces sí es un circo”. Y comparó la expectativa del público ante un malabarista del que espera “se le caigan los bolos”,  y la generada ante un cantante, “para ver si pudo o no con el aria o tal pasaje”.

En Zacatecas lo que observó fue a un público “virgen”, que acudió con curiosidad e inquietud de “qué es lo que vamos a ver”, compuesto por muchos jóvenes y niños. Defiende el que a éstos últimos se les ofrezcan las óperas en sus versiones originales.

“Porque es como pensar que tienen una inteligencia menor o una capacidad sensible o de apreciación menor que la de los adultos”. La ópera no debe ser reducida, adaptada o disminuida, dice.

El público, tanto el instruido como el virgen que puede convertirse en cautivo, respondió a Carlos Navarrete, es complejo.

Finalmente dijo, hay solo uno: el que vive en un país con las mismas problemáticas. “Todos están viviendo las cosas tan trágicas, tan terribles que estamos padeciendo las últimas semanas, tienen los mismos problemas económicos, todos tienen las mismas tormentas”.

Lo necesario es hacer más ópera, pero ante lo costoso de las producciones, se propone el empeño como complejo pero no imposible, y como uno que requiere “una imaginación portentosa”, como ocurrió en Zacatecas.

El elemento creativo hace falta en su opinión también para solucionar muchos de los problemas que hay en el país.

“Creo que triunfamos y estoy contento con eso, tuvimos imaginación y aquí está la puesta. Yo estaba muy conmovido parecía una fiesta. La gente se reía, era como si hubieran ido al cine”.

Desde la butaca que ocupó entre el público comentó, escuchaba que las personas se explicaban unos a otros lo que pasaba en el escenario y advertían de las intenciones o las características de los personajes.

Le hace falta al público mexicano imaginación, reitera, despegarse de internet, el teléfono y la televisión, que dijo son “rivales muy duros”.

Ante las múltiples opciones que ofrecen los multimedia, “tú me estás ofreciendo una ópera nada más, que ya está escrita y que tiene 100 años y quieres que yo me siente y la vea”.

Invitó a “apagar las cosas que ya están digeridas, masticadas” para optar por la lectura y el teatro entre otras actividades, que construyen nuevas redes neuronales mediante una serie de sinapsis.

“Esa es la ventaja de leer y tener imaginación. Y eso es lo que hace falta y que muchos políticos no tienen  más que dos o tres conexiones cerebrales y hasta ahí…”, dijo.

Oswaldo Martín del Campo,  celebró la iniciativa de Solanye Caignet y Alfonso Vázquez, este último director del Área de Arte y Cultura de la UAZ, pues propició que los alumnos de la Licenciatura en Canto de la Unidad Académica de Artes, “salieran de la fantasía de lo que la carrera es”.

En todas las escuelas del país dijo, incluidas las más destacadas de la Ciudad de México, “sales de la escuela y no cantas nada, no sabes cómo es la vida profesional”.

A los jóvenes de la UAZ “los aventaron a la escena, los pusieron a tener trabajo actoral, les pusieron una orquesta, un director profesional y escenografía. Y a ellos no les quedó más que crecer, levantarse. Y yo tengo todo para asegurar que fue el proyecto educativo para cantantes de ópera más importante dentro de una institución oficial”.

El director ve en Zacatecas potencial para hacer ópera. Sobre la pregunta fundamental de por qué acudir al teatro, a la ópera, expuso finalmente: porque nace de una ceremonia festiva que da oportunidad a sacar las emociones, “de entenderse y encontrar sentido a la vida” y de reunirse con los otros y ante el escenario, vernos proyectados.

“Si se muriera mi tío realmente le lloraría o quisiera que me dejara algo de lo que poseía. Yo creo que a través de las carcajadas vivimos todos una catarsis “.

Así la ópera, el teatro, dijo “vale la pena para conocernos más, hacer nuestra vida mejor y para sentir que vale la pena a pesar de todo lo que está pasando actualmente, existir, estar aquí, seguir adelante. Proyectar nuestras emociones en expresiones artísticas como esto. Y que crezcan nuestras redes neuronales, que aumente nuestra imaginación”.

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