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miércoles, 8 diciembre, 2021

López Obrador es la “izquierda crítica del neoliberalismo”: Burnes

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Por: ALMA RÍOS •

■ “Decisiones que ha tomado el gobierno de la 4T no proponen un cambio de régimen”

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■ “El presente gobierno no tiene un proyecto estratégico de cambio social a largo plazo”

■ “Repartir dinero individualmente entre las personas vulnerables no es el camino hacia el desarrollo integral e integrador”

 

“Así como Lázaro Cárdenas fue ‘la conciencia crítica de la Revolución Mexicana’, así como Adolfo López Mateos dijo que su gobierno era ‘de izquierda dentro de la Constitución’. Así yo digo que López Obrador es la ‘izquierda crítica del neoliberalismo”.

Arturo Burnes Ortiz, docente investigador en la Unidad Académica de Economía de la UAZ, sostiene que las decisiones que ha tomado el gobierno de la 4T no proponen un cambio de régimen, que además acota, “no puede darse por decreto”.

Dice que son más bien la “representación del cambio, donde lo que priva son los símbolos y la escenografía”.

Observa que si para muchos es incomprensible la contradicción entre muchos de los hechos y el discurso del lopezobradorismo, y aún hay morenistas que se rebelan contra el contraste de las promesas y la realpolitik, para él está claro que lo que priva es “el pragmatismo político”.

En sustento refiere las palabras expuestas por el director de Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) el pasado febrero, Rogelio Jiménez Pons, “que pintan muy claramente la naturaleza de este nuevo gobierno”, y que subraya, no fueron desmentidas en una mañanera.

“Dijo textualmente: Somos un gobierno de izquierda que está instaurando un verdadero capitalismo, más allá del capitalismo de compadres que ha habido en México”.

El funcionario federal refirió al que busca ser uno de los proyectos emblemáticos de la 4T, el Tren Maya, sin haber sido desmentido, reitera Arturo Burnes, señalando que los pueblos del sureste están ante la disyuntiva de subirse al tren o que los deje.

“No se vale hacer ningún desarrollo si no tiene su zona de la gente más modesta ubicada dignamente en las cercanías de las áreas de producción. Para qué, para que puedan ir a trabajar a pie. Hasta a pedir limosna si hace falta, pero a pie”, dijo Jiménez Pons en entrevista para Claudia Ramos (Animal Político).

En opinión del economista, el presente gobierno no tiene un proyecto estratégico de cambio social a largo plazo “en base a una idea-fuerza central que esté presente precisamente en el corazón de la gente” sino formulaciones vagas “que adolecen desde mi punto de vista de las tres funestas ‘fu: un discurso confuso, difuso, pero también profuso”.

Para cambiar el modelo neoliberal a otro, “aunque –Andrés Manuel López Obrador- no nos dice cuál sería ese otro”, comenta, se requiere no sólo claridad en el proyecto sino un cambio en la correlación de fuerzas, una concientización plena de la gente, y remarcó, “en especial afectar los intereses que sustentan a ese modelo”.

“Y hoy el núcleo duro de ese bloque hegemónico de poder, ese capital financiero…hay un capital que incluso se le llama ya el quinto poder que es capital minero, la agroindustria dedicada a la exportación o el agronegocio, etcétera; a ese no se le toca siquiera con el pétalo de la intención”.

El doctor en Estudios Latinoamericanos por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM quiso iniciar su balance sobre el presente gobierno con la cuestión indígena, que dijo, “es el meollo de ser mexicano” e implica una responsabilidad histórica ante estas poblaciones.

Recordó aquella portada de los libros de texto en que aparecía la Patria, representada por una mujer broncínea con rasgos indígenas portando la bandera, símbolo en que se sustenta el mestizaje y que constituye un elemento fundamental del discurso nacional-revolucionario.

“Y a pesar de ello se le ha marginado –a la población indígena- en todos los planes nacionales de desarrollo y desde mi punto de vista, hoy no es la excepción”.

En seguimiento a este análisis Burnes Ortiz señala a los primeros actos del gobierno de la 4T como atentatorios y violatorios de los derechos de los pueblos indígenas.

“En un acto patético” ocurrido en diciembre pasado, se “le pidió permiso” a la Pacha Mama, a la Madre Tierra para construir mil 500 kilómetros de vías férreas que recorrerán el sureste mexicano, pero no se garantizó el derecho de los pueblos originarios a la consulta previa, libre e informada de acuerdo a lo que dispone la OIT en relación a sus derechos territoriales.

El proyecto implicará el arrasamiento de tierras y sobre todo, la conversión del campesino que tiene su modo de vida, “en un sirviente de turistas, y la tierra va a ser puesta en valor, en suma, es la lógica capitalista”, dice.

Refiere asimismo a la siembra de un millón de árboles en “plena selva lacandona para la agroindustria”, la conclusión de la construcción de la termoeléctrica en Huexca, Morelos a la que señaló de estar sustentada en una consulta “muy parcial, sesgada”, al corredor transítsmico, y a la creación del Instituto Nacional para los Pueblos Indígenas, como una reedición del asistencialismo de Estado, la política del viejo régimen priista impuesta “desde arriba y desde afuera”.

El desarrollo capitalista que viene imponiéndose desde el Siglo 19 en nombre del progreso, no ha implicado su arribo a México y Zacatecas, sino miseria y desigualdad. Pero estos problemas no son la prioridad del presente gobierno federal sino el combate a la corrupción, que dijo, “es consecuencia no causa”.

Este capitalismo requiere trabajadores asalariados, “lo que en economía se llama ejército industrial de reserva”, por eso su lucha contra campesinos, artesanos y pueblos autónomos ya que “le estorban, él quiere fuerza de trabajo abundante, dócil y barata”.
Lo paradójico, es el discurso del lopezobradorismo y por el otro lado su práctica de ayuda al capital en esa guerra contra “el mundo del trabajo”.

Arturo Burnes parafraseó el título de uno de los libros del que situó como “intelectual orgánico” de origen indígena Francisco López Bárcenas, quien comentó, rechazó la invitación de integrarse al gabinete de López Obrador, La vida o el mineral, para agregar, “yo diría el megaproyecto o la vida”.

Otra vez sobre la autodefinición de gobierno “de izquierda” que hizo Jiménez Pons, el autor de El drama de la minería mexicana. Del pacto colonial a la globalización contemporánea (Miguel Ángel Porrúa, 2018) sostiene que ninguna izquierda promueve el capitalismo.

“Hay que decirle a este señor o al gobierno, que se entere que el capitalismo se instauró desde el siglo 19. Aquí hay una falta de perspectiva histórica y también de los que defienden ese desarrollismo capitalista, pues precisamente lo que dicen es que el problema del desarrollo en México no es el exceso sino la falta de él”.

“Entonces yo preguntaría, desarrollo de qué, desarrollo por qué y desarrollo para quién”.

Burnes Ortiz refrendó su definición del papel de López Obrador como “la izquierda crítica del neoliberalismo y no la izquierda-izquierda, porque ésta por lo menos se resiste al capitalismo cuando no lo combate desde distintas trincheras”.

“Y no, el obradorismo quiere desarrollar al capitalismo, ya lo dijo, un capitalismo verdadero no de compadres”, limpiar al Estado y hacerlo más eficaz “mientras su mano izquierda lleva a cabo programas sociales asistencialistas, para aliviar, no solucionar la pobreza extrema”.

Dice que repartir dinero individualmente entre las personas vulnerables no es el camino hacia el desarrollo integral e integrador.
“No se ve en el horizonte un cambio de régimen que no se puede dar por decreto, porque en la realidad se relega y se posterga la justicia social, y hablar de justicia social ya es efectivamente hablar de cambios importantes”

Sin una reforma fiscal progresiva que la izquierda históricamente sí ha exigido, no se atentará contra los intereses de los poderes fácticos, expone.

Y sin tomarse en cuenta o relegando la protección de los derechos de los pueblos indígenas ante los megaproyectos, prevé que “seguramente va a correr sangre en la continuación del Tren Maya como ya lo han mencionado algunos defensores de su proyecto de vida y de su tierra. Entonces, en vez de cambio es una representación del cambio lo que priva, son los símbolos, la escenografía”.

El próximo 10 de abril se cumple el centenario de la muerte de Emiliano Zapata, en que grupos defensores del territorio en el país se manifestarán en contra del avance de megaproyectos extractivistas y en reivindicación de los derechos de los pueblos originarios.

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