El Segundo Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ofrece elementos para reconocer que México atraviesa un cambio de paradigma. La reducción de los homicidios dolosos, la recuperación del salario mínimo, los niveles de inversión, la baja tasa de desempleo, la expansión de los Programas para el Bienestar y el impulso a la educación, la vivienda y los ferrocarriles de pasajeros muestran resultados que difícilmente pueden reducirse a un discurso propagandístico.
Hay, en efecto, avances que hablan de un Estado que recupera capacidad rectora y entiende el crecimiento no sólo como una variable macroeconómica, sino como un instrumento para mejorar las condiciones de vida de las mayorías.
Pero precisamente por ello conviene preguntarse qué significa este nuevo escenario para Zacatecas.
La entidad ha mejorado algunos de sus principales indicadores y posee fortalezas indiscutibles: una posición geográfica estratégica, importantes recursos minerales, vocación agropecuaria, patrimonio cultural, capacidad universitaria y una población con vocación de trabajo.
El problema es que esas ventajas todavía no se traducen en el desarrollo que Zacatecas merece. La entidad necesita pasar de administrar sus fortalezas a construir una estrategia decidida para aprovecharlas. No basta con buenos indicadores si estos no se convierten en empleos mejor remunerados, mayor productividad, nuevas empresas, infraestructura y oportunidades para que los jóvenes puedan construir aquí su proyecto de vida.
Zacatecas necesita ese empuje que permita romper con la condición histórica de aportar recursos, trabajadores y migrantes, pero recibir una proporción menor de las grandes inversiones y proyectos estratégicos nacionales como el Plan México.
Por eso es fundamental insistir en proyectos largamente postergados. El tren de pasajeros debe dejar de ser una aspiración y convertirse en una realidad que conecte a Zacatecas con el centro y el norte del país, como se planteó en campaña. También resulta indispensable modernizar y ampliar la carretera hacia Aguascalientes, para fortalecer la comunicación con uno de los corredores industriales más importantes de la región.
La presa Milpillas representa otro asunto estratégico. Más allá de las coyunturas políticas, Zacatecas necesita resolver de manera sostenible su disponibilidad de agua si pretende atraer industria, generar empleos y garantizar el abasto futuro de sus ciudades y actividades productivas. Sin agua no hay desarrollo industrial posible.
También se requiere una política mucho más ambiciosa de industrialización. Zacatecas no puede conformarse indefinidamente con ser proveedor de materias primas. El reto es generar cadenas productivas, promover manufacturas de mayor valor agregado, aprovechar el talento universitario y crear condiciones para que una mayor parte de la riqueza generada permanezca en la entidad.
En materia minera, el debate tampoco debería limitarse a cuánto mineral se extrae, sino a cuánto valor, empleo, tecnología e infraestructura queda en Zacatecas. La posibilidad de una empresa minera de participación estatal merece ser analizada seriamente como alternativa para recuperar capacidad pública sobre una actividad estratégica y procurar que parte de la renta minera se traduzca directamente en desarrollo regional.
También está el campo, uno de los grandes pendientes. Zacatecas es un verdadero gigante frijolero: nuestro estado produce un alimento fundamental para millones de mexicanos, mientras muchos de sus productores permanecen empobrecidos. El gigante frijolero sigue alimentando a la nación, enriqueciendo a los intermediarios y dejando a sus productores en la parte más baja de la cadena.
El reto no es sólo producir más, sino transformar las relaciones económicas del campo mediante precios justos, fertilizantes, mejores mecanismos de comercialización, almacenamiento, financiamiento, infraestructura hidráulica y mayor participación del Estado.
El turismo requiere una política semejante. Zacatecas posee un patrimonio histórico y cultural extraordinario, pero necesita recuperar visitantes mediante una estrategia de conectividad más agresiva: más vuelos, mejores carreteras y conexiones ferroviarias que permitan integrar a la entidad en los grandes circuitos turísticos del país. No basta promocionar Zacatecas; hay que facilitar que la gente llegue.
Los buenos indicadores deben ser punto de partida, no punto de llegada. La estabilidad económica, la recuperación salarial, la reducción de la violencia y la expansión de los derechos sociales crean mejores condiciones para una nueva etapa, pero no garantizan por sí mismas que Zacatecas dé el salto que necesita.
El nuevo paradigma nacional plantea que el Estado debe asumir una responsabilidad rectora en la planeación y promoción del desarrollo y en una distribución más justa de la riqueza. Esa concepción ofrece a Zacatecas una oportunidad que no debería desperdiciarse.
La entidad necesita objetivos de otra dimensión: agua suficiente, infraestructura carretera moderna, tren de pasajeros, mayor conectividad aérea, industria, transformación de sus materias primas, fortalecimiento del campo y recuperación del turismo.
Zacatecas no parte de cero. Tiene territorio, recursos, historia, talento y una posición estratégica. Lo que falta es convertir esas ventajas en un proyecto de desarrollo con visión de largo plazo que solo se logrará si la sociedad zacatecana logra que la presidenta Sheinbaum abrace sus anhelos.
Reconocer los avances no significa renunciar a la crítica; significa entender que cuando existen mejores condiciones nacionales, también aumenta la responsabilidad de los gobiernos y de la sociedad para aprovecharlas.
El nuevo paradigma abre una puerta: Zacatecas debe decidir si se limita a observar cómo otros estados avanzan por ella o si finalmente se atreve a cruzarla y se suma con audacia a realmente transformar las condiciones materiales de millones de zacatecanos de aquí y del otro lado de la frontera.



