“Literatura fantástica, subversiva y revolucionaria como Amparo Dávila”

“Literatura fantástica, subversiva y revolucionaria como Amparo Dávila”
Todos los zacatecanos deberían leer a Amparo no solamente por ser la escritora de casa, sino porque es una autora que transformó la visión de un tipo de fantástico, afirma Alejandra Amatto ■ FOTO: ALEJANDRO ORTEGA NERI

■ Este género tiene diversos campos de lectura crítica como su cuento “El último verano”: Amatto

■ En la obra de la escritora se desafía el paradigma de realidad usando varios temas cotidianos

 

Las narraciones fantásticas son anteriores a las letras, decía Adolfo Bioy Casares en el prólogo de la “Antología de literatura fantástica”, publicada en 1940 a manera de defensa debido a que dicha corriente literaria era tildada de falta de compromiso social y político y evasiva de la realidad por todos aquellos que marchaban desplegando la bandera del realismo, sin embargo, para la especialista en el género, Alejandra Amatto Acuña, la literatura fantástica fue subversiva y revolucionaria como lo demuestran los cuentos de la zacatecana Amparo Dávila, quien falleció el pasado 18 de abril a la edad de 92 años.

La docente investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) asegura que si algo ha caracterizado a la literatura fantástica latinoamericana es el patrón “subversivo y revolucionario” que se concentra, tanto en el modelo textual en la construcción como en los temas que se abordan. Es decir, forma y fondo “se unen para postular, a partir de un suceso insólito derivado del montaje técnico textual, la exhibición no sólo de un mecanismo estético, sino una interpelación de un universo cuyas características sociales y políticas transgreden los parámetros culturales convencionales”.

A mediados del siglo 20, sostiene, se consideraba que para denunciar o descubrir el acontecer socio-político el realismo era el único mecanismo posible, sin embargo, las investigaciones en el terreno de lo fantástico han dejado inferir que este género tiene posibles y diversos campos de lectura crítica, como lo muestra el análisis de algunos cuentos entre los que destaca “El último verano” de la narradora zacatecana Amparo Dávila que aparece en la obra “Árboles petrificados” que le valiera el premio Xavier Villaurrutia en 1977.

Y es que para Amatto, el género fantástico es el de la transgresión porque subroga y subvierte el mundo que se habita desafiando el paradigma de realidad, y con ello cuestiona la posibilidad de explicarla, no sin dejar de utilizar temas de la cotidianidad como el racismo, el clasismo, el incesto, la culpa o la monstruosidad del otro, como aparecen, estos últimos, en la narrativa de Amparo Dávila.

De acuerdo con la investigadora de origen uruguayo, la escritora nacida en Pinos, Zacatecas, en su cuento “El último verano” aborda temas como la negación del deseo de la maternidad, sus estigmas y percepciones sociales, pero desde una modalidad completamente transgresora dentro de lo narrativo, fantástico y terrorífico, que a le vez desmonta la idea “superficial” del modelo evasivo y lúdico que se tiene de la literatura fantástica.

“El último verano” narra los días de una mujer de provincia que comparte vida con Pepe, su esposo, y sus seis hijos. Un día de verano, ante el espejo contempla un retrato suyo cuando tenía 18 años que compara con la imagen reflejada: avejentada, robusta, cansada, con un vestido desgastado y pasado de moda. La imagen es provocada también por un embarazo más, el séptimo hijo en camino a sus 45 años y la indiferencia de su esposo a cuestas. Sin embargo, un suceso hará que las horas se tuerzan y algo inexplicable, en una irrupción de lo insólito, será quien domine al final.

Para Amatto Acuña en este cuento Amparo Dávila no sólo refleja la negación del deseo de la maternidad, sino también la condición de la mujer en la sociedad machista y los temas tabúes como la menopausia y el aborto, el cual gracias a la vena poética de la pinense, se presenta como un “ramo rojo de amapolas” en medio de las piernas de la personaje. Y que si bien para los años en que fue escrito el texto ni siquiera se discutía, hoy, a la distancia se ha erigido como una discusión fundamental en la agenda de América Latina y el mundo.

Pero también aparece la cuestión de “la culpa”, esa pesada carga que agota a la mujer que pierde un hijo, lo que dará pie a que el elemento insólito de la narración irrumpa con la característica del terror, como algo inexplicable que acecha al personaje y le amenaza colándose por debajo de las puertas, haciendo que la mujer la expíe en uno de los finales, según Alejandra Amatto, más estremecedores de la narrativa de corte fantástico.

Para la investigadora, la escritora zacatecana María Amparo Dávila “es sin duda una de las escritoras de lo fantástico más importantes del siglo 20” tanto que en las últimas décadas la crítica literaria y el mundo editorial “han comenzado a pagar una enorme deuda que mantenía con su obra”, que a pesar de haber ganado varios premios como el Villaurrutia, el Bellas Artes y más recientemente el Jorge Ibargüengoitia, ha librado una batalla “extenuante” para salir del círculo culto y traspasarlo a lectura de cabecera dentro del género.

Y es que Según Amatto, hubo varios elementos que influyeron a este alejamiento parcial de su obra dentro de la tradición fantástica; puesto que ser mujer y escribir literatura del género en México de medio siglo no era una tarea fácil, y mucho menos si se piensa en la condición transgresora de su narrativa en la que abundan temas que exhiben mayoritariamente el papel relegado de la mujer dentro de una sociedad conservadora con tintes machistas, que la excluyen de cualquier posibilidad de decisión.

“El tema de la maternidad no deseada, culposo, monstruoso, nos invita a repensar reciamente desde lo fantástico terrorífico los estereotipos femeninos cada vez más. Lo que más me impacta del cuento es que se escribe en los años 70”, ¿qué sucede ahora? Pregunta la investigadora para contestarse a sí misma: es una autora visionaria, anticipada.

Finalmente, la estudiosa considera que todos los zacatecanos deberían leer a Amparo no solamente por ser la escritora de casa, sino porque es una autora que desde su perspectiva, transformó la visión de un tipo de fantástico vinculado con la literatura de terror y de lo cotidiano para resolver inquietudes que desde el realismo hubiesen tenido otro tipo de manifestación.

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