Premios y castigos

Premios y castigos

El sistema de enseñanza mutua o método lancasteriano de las escuelas de primeras letras del siglo 19 tenía como forma de evaluación los premios y los castigos. El método ideado por Lancaster reconocía y estimulaba a los buenos alumnos, sobre todo a los que lograban sobresalir académicamente y que observaran buena conducta; a la vez que sancionaba a los infractores de las reglas. Dicotómico al fin, el método lancasteriano se regía por la balanza de estímulos y castigos. “Inútil parece manifestar la importancia de los premios y castigos, y de que éstos no existan nunca en una escuela separados de aquéllos”1. Los premios iban desde las “cartas de satisfacción “que se entregaban a los padres de los niños más aplicados, hasta pequeñas gratificaciones en dinero que se daba a los estudiantes que se hacían merecedores a ellas. En cambio, la variedad de castigos era más amplia. Si a los padres de los alumnos sobresalientes las “cartas de satisfacción” les provocaba una sensación de orgullo, aquéllos que recibían las “cartas de disgusto” debieron experimentar una reacción contraria. Algunos eran presas por momentos enojo o de cólera. También era común retener en la escuela por tiempo extra a los indisciplinados o aquellos alumnos de lento aprendizaje. Una de las sanciones que debió de sonrojar de vergüenza a aquéllos que aún no la perdían, era la de ser reprendidos frente a sus compañeros. No menos penosa era la humillación cuando los obligaban a hincarse sobre sus mesas o bancos, no tanto como perder los billetes (tarjetas) de asistencia. Aunque no se habla ya de los azotes y otros castigos de tipo físico, en momentos en que a Ribott y demás preceptores como el caso de Tomás Herrera, otro de los directores de la Normal, les dominaba la ira, al no poder contenerse, no es remoto que hayan recurrido a los mismos. La educación de las escuelas lancasterianas del periodo decimonónico si bien tuvo en la emulación uno de sus principios pedagógicos, era una instrucción basada en la disciplina, el control y el temor; más que en la libertad.
Las cartas tanto de “satisfacción” como de “disgusto” se llenaban con los datos requeridos en formatos previamente impresos. Los premios en metálico iban de los seis a los quince centavos, aunque se les llegó a premiar hasta con uno o más pesos como ocurrió en un concurso realizado en la Escuela Normal. Tales cantidades las “recibían los niños de sus padres cuando eran “pudientes”, o del tesorero municipal en caso de notoria pobreza”2.
Entre las escuelas que existe información sobre la premiación a los alumnos más aplicados, está la lancasteriana de primeras letras dependiente de la Normal “La Constitución”. Los premios, tal y como se fijaban en el Reglamento de esa institución, se pagaban con los fondos que se reunían de las donaciones voluntarias de los padres, autoridades y visitas que acudían a la escuela y depositaban en las arcas del establecimiento. Sin embargo, existían además otras organizaciones políticas y civiles que se preocuparon por entregar premios a los mejores alumnos. Una de ellas fue la Sociedad Patriótica. El 20 de diciembre de 1826, cuando, apenas transcurridos tres meses de haber iniciado sus actividades la Normal, el diputado Marcos de Esparza presentó una proposición al Congreso, en el sentido que se aprobara una ayuda a fin de que la institución cumpliera con sus fines filantrópicos3. Como parte de sus estatutos, se encontraba la verificación de exámenes y entrega de premios a los alumnos “que aspiren a obtenerlos por resultado de su aplicación y aprovechamiento en el método de enseñanza mutua”4. La aplicación de los exámenes se realizaba en un acto conocido como “juntas generales”. Al decir del diputado, la Sociedad Patriótica tenía pensado premiar en esa ocasión a los 6 niños que resultaran ser los más aventajados. Pero el diputado Esparza, pensando en que los beneficiados fueran más niños, presentó su propuesta en los siguientes términos: “Se asignan doscientos pesos que el gobierno hará entregar al ilustre ayuntamiento de esta capital para premios a doce niños de los que se examinan en las juntas generales de la Sociedad Patriótica, pero que, si solamente resultaren seis los acreedores al premio o de la cuota, quedará reducida a cien pesos” 5.
Tras analizar el Congreso la proposición, los diputados consideraron que, al premiar a los niños más aplicados, se estaría contribuyendo a “la mejor consolidación de la escuela y su sistema”, por lo que la aprobaron ese mismo día. Para tal efecto, asignaron la cantidad de 200 pesos, mismos que se tomarían de los fondos públicos. Dicho acuerdo le fue comunicado al gobernador José María García Rojas, por parte de los diputados Rivera y Gordoa 6.
Entre los informes de los certámenes o concursos realizados para evaluar el aprovechamiento de alumnos y premiarlos encontramos el que tuvo lugar el 21 de septiembre de 1829 celebrado en la escuela de primeras letras o primera sección de la Escuela Normal. El evento fue presidido por Jacinto Gallardo en representación del C. José Bejarano, presidente del Ayuntamiento de la capital. Lo acompañaron además del entonces encargado del establecimiento, Manuel Arenas, los regidores comisionados de escuelas Hilario Santillán y José María Arellano7.
Fueron en total 127 niños los que fueron examinados en cartilla política, ortología, calografía, aritmética teórica, ortografía, geografía, catecismos de Fleuri y Ripalda y aritmética práctica. Al decir del director Arenas, el acto se celebró lleno de lucidez y solemnidad y en el mismo los alumnos mostraron los progresos alcanzados. El premio que se entregó a cada uno fue de un peso por cada ramo de los que se presentaron. Con la premiación se daba cumplimiento al artículo 29, capítulo 5° del reglamento de la institución mencionada.
Además, se premió a quienes sobresalieron por encima del resto con un “peso de plata y una banda con la efigie de la sabiduría” a los niños Juan Martínez, Agustín Martínez, José Cosío, Petronilo Arellano y Francisco Rivera8.
Referencias de archivo.

1 Archivo Histórico de Zacatecas (AHZ), “Reglamento de Enseñanza mutua tomado del Opúsculo de Ribott”., fojas 10 y 10 v.
2 Ibid., foja 11.
3 AHEZ, Fondo Poder Legislativo, Serie Comisión de Hacienda, caja 8, “Proposición presentada por el Diputado Marcos de Esparza para que se le asignen 200 pesos a la Sociedad Patriótica para la premiación de alumnos de la Escuela Lancasteriana”, 20 de diciembre de 1826.
4 Ibid., foja 1
5 Ibid., fojas 1 y 1v.
6 Ibid., foja 2.
7 AHEZ, Gaceta del Estado libre de Zacatecas, Año 2, N° 244, domingo 24 de octubre de 1830, pp. 1066-1067.
8 Ibid.

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