Festivales: la experiencia en Zacatecas, parte 1.

Festivales: la experiencia en Zacatecas, parte 1.

Alba de papel

*La cultura como equivalente de la voluntad política para resolver la vida social
*Penuria y pobreza a pesar de la riqueza del patrimonio ¿Cómo se aprovecha su caudal y cómo se definen las estrategias para diseñar un festival?

o se  ha definido  con claridad  un esquema legal que salvaguarde su realización, ya que cualquiera que sea el tipo de festival que se realice en el tiempo y territorio, inevitablemente estará sujeto a la potestad del gobierno en turno y a la discrecionalidad del presupuesto que para este rubro y todo lo que concierna al tema de la cultura, siempre estará en crisis.

En el balance de la colaboración pasada, el primer  antecedente de festival  surgió en 1987 y se oficializó como tal en 1993 bajo el mandato de Arturo Romo Gutiérrez, que desde su candidatura al Gobierno de Zacatecas tuvo el acierto de convocar a artistas y  sociedad civil a  participar en los foros y mesas de trabajo  para determinar el rumbo de la política cultural del Estado.

En este tramo de tiempo, surge una figura importante que no ha sido suficientemente valorada en el anuario  de la historia de los promotores culturales que han servido a Zacatecas, su nombre,  Claudio Trejo,  ideólogo y conocedor  de la complejidad cultural prevaleciente, quien a la sombra del  maestro Luis Félix Serrano,  fue el encargado de armar  el plan estratégico de desarrollo cultural, con una abierta orientación a la descentralización para a darle mayor  autonomía y capacidad de decisión a los municipios, y que ellos impulsaran su propia cultura.

La creación de los organismos municipales de cultura, el sistema de información cultural, así como la formación de públicos (particularmente en la música) y el fortalecimiento de la institucionalidad y de las relaciones con la federación y las entidades públicas y privadas, caracterizaron esta gestión, pero en la superficie,  en aquello que la ciudadanía ve, el mayor impacto fue el cambio de nombre de semana cultural a festival cultural que históricamente, incluía por primera vez,  a  artistas y grupos locales, estableciendo en consecuencia,  nuevos retos en su organización y proyección hacia el turismo.

De ese transitar, ha quedado como testimonio  y ejemplo del invaluable respaldo que dio al naciente festival de aquellos años y luego al programa cultural de los fines de semana para las familias y el  turismo, el Contador Jaime Guerrero, quien primero fue gerente del  hotel sede frente a Plaza de Armas del Centro Histórico, y luego, en el gobierno de Ricardo Monreal Ávila, como director del Consejo Estatal de Turismo que entre bretes y apreturas dio origen a lo que hoy es la Secretaría de Turismo, y sin cejar apoyó el nacimiento de la Agenda Cultural de Zacatecas.

Perspectiva y gestión fueron los elementos clave del festival cultural, ligado ya a un proceso de democratización que rechazaba la noción decadente de la cultura de élite y favorecía por tanto, la pluralidad y la apertura de los espacios públicos, así como de los recintos culturales, fraguando paulatinamente un nuevo desafío para la cultura y el papel que habría de desempeñar frente a la economía y el desarrollo, no sólo de la Capital sino también de los municipios.

Salvo por ignorancia,  nadie dudaría ya acerca de la importancia de la cultura como inductora potente del desarrollo y la cohesión social, de su relevante papel en la integración de las comunidades rurales y urbanas para dar respuesta a su problemática y fortalecer en su conjunto, la diversidad cultural que ha bregado siempre por las aguas turbias de la discriminación, la miseria, la intolerancia y la desigualdad social.

Así las cosas, el primer festival cultural de Zacatecas, fue la inspiración de los demás. No sólo se replicó en varios  ayuntamientos del Estado, sino que dio pie al surgimiento de otros, también de significativa relevancia como el Festival de Teatro de Calle, el de Narración y Oralidad, el de Jazz, el Barroco de Guadalupe, el de Bandas de Música organizado en Fresnillo y Guadalupe y el del Folclor Internacional que recién concluyó el sábado pasado y que conviene comentar ahora, la pertinencia de que haya pasado de la Secretaría de Educación al Instituto Zacatecano de Cultura, el fuerte respaldo para su difusión del Sistema Zacatecano de Radio y Televisión y el nuevo formato que presentó al incluir música tradicional y gastronomía, y que a la luz de lo que significa “ folclor”, permitirá debatir sobre si le dejan o no, el nombre de Gustavo Vaquera Contreras (dado que sólo promovió la danza y no para todos los grupos) y la inminente necesidad de  crear una escuela de música tradicional en Zacatecas.

En otra entrega de esta colaboración, se ampliará el párrafo anterior por todo lo que implica darle voz y lugar desde este punto de vista, a artistas, grupos y personajes que han contribuido a construir los diques den andamiaje cultural,  a pesar de presupuestos limitados y decisiones gubernamentales erróneas y apáticas que han obstaculizado su natural desarrollo.

En este contexto, la historia de los festivales en Zacatecas, ha estado sujeta a la idea de lo bonito que pueden llegar a ser y a la segura corazonada de que se convertirán en el presente y el futuro, en detonantes del desarrollo turístico, que han fomentado asimismo, egos de exclusividad de derechos y  santones de la cultura y las artes,  con ideas prefabricadas que han propiciado la división de la comunidad artística, por cierto humillada y marginada en la administración gubernamental pasada.

Se sabe bien de las penurias y recortes que cotidianamente grupos de la sociedad civil y las instituciones formales tienen que enfrentar para llevar a cabo sus planes en materia cultural, y que se recrudecen cuando hay que planear un festival y hay una organización ética para llevarlo a cabo. Si un festival es una propuesta singular, se convierte en un proyecto que amerita desde su propia cultura local, un análisis de las características del entorno y cómo se justifica su arraigo a un territorio determinado. Esa es su primera andadura.

Requiere de un diseño acerca de su propósito y objetivos,  a qué tipo de audiencia va dirigido y cómo se determinará la propuesta artística desde la inclusión, el respeto y la racionalidad financiera. Irrevocablemente se prevén la anticipación, marketing, logística y comunicación.

La generosidad del público siempre es muy amplia, pero más que hacer cuentas alegres, con la intención de ser más eficientes y empáticos, sería pertinente elaborar un ejercicio de autocrítica sobre el modelo de gestión que se ha implementado y si lo que se propone más allá de lo experiencial, constituye verdaderamente una reafirmación de la cultura local  y una excepcionalidad que debe mirarse y ser compartida en un espacio de libertad. Ánimo para todos.

 

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