La candidata indígena: la voz de los de abajo que siembra esperanza

La candidata indígena: la voz de los de abajo que siembra esperanza

La democracia es algo más amplio que los procesos electorales. La crisis que ahora sufrimos se debe (en gran parte) al déficit y mala calidad de la democracia en México. La ausencia de ciudadanía provoca que el propio Estado tome decisiones en contra del interés nacional; por ejemplo, la reforma laboral que vulnera los derechos de las grandes masas trabajadoras del país. También los partidos políticos quedaron en manos de reducidas élites que deciden las reformas en ejercicios indignos de toma y daca. Así se cocinó el Pacto por México. Esto es, el pueblo ha estado fuera de la política nacional y las élites se han quedado con ella. Por ello, surge la clasificación política no sólo de izquierda-derecha, sino de arriba-abajo. Las decisiones han sido arriba. Sumado a esto, los gobiernos de izquierda en varios estados del país y en el (ex) DF —con excepción de la gestión de Cuauhtémoc, Andrés Manuel y Ebrard en la Ciudad de México— han sido un rotundo fracaso: Guerrero, Michoacán, Chiapas o Zacatecas, el ejemplo que tomemos se tradujo en decepción. Y en todos estos años, desde el levantamiento zapatista en 1994, que puso la exigencia de resolver la extrema marginación indígena, nada ha pasado al respecto; y lo peor: el tema indígena salió de la agenda política de la izquierda electoral. Lo dejaron a un lado. Los 11 millones de indígenas continúan en las mismas condiciones de extrema injusticia, y la clase política discute de todo menos de ese tema.

Pero no sólo eso, la pobreza en general en el país tampoco está en la agenda política. Por ello, la participación electoral de los pueblos indígenas organizados es una gran noticia. Van a impulsar la formación de ciudadanía que se preocupe por los temas de marginación, pobreza y exclusión extrema, y no sólo para los indígenas, sino para todos. Los pueblos indígenas han sido generosos: no exigen sólo para ellos, sino para el conjunto de los mexicanos, porque el causante es el mismo: el neoliberalismo. Así, tal vez no gane la candidata nahua, pero su contribución a la democracia puede ser decisiva. Algunos grupos electorales de Morena y el PRD han atacado esta opción porque ven el riesgo de que les quite alguna cantidad de votos. Deberían ampliar la mirada del puro cálculo electoral, y ver la necesidad de fortalecer la democracia en su integridad. Por ello, deberían serenarse y voltear al pueblo antes que a su calculadora de votos. La reacción de Morena debe mejorar: invitar a los pueblos indios a hacer alianza sobre compromisos concretos en la aprobación de la autonomía que quedó incumplida desde 1997, sobre políticas reales contra la pobreza y en torno a los derechos para todos (contra la marginación). En lugar de atacarlos con argumentos delirantes que afirman que son parte de un juego del PRI.

En suma, la participación del Congreso Nacional de los pueblos indios con una candidata que resume tres marginaciones juntas: mujer, pobre e indígena; garantiza la formación de una fuerza que viene de abajo. Como el ‘flor y canto’ o lenguaje poético del náhuatl o tzeltal, los actos de los pueblos originarios están elaborados con profundo simbolismo. Con el rocío que viene de la tierra, darán su palabra a la nación y refrescarán la actividad política ahora en manos de los hijos de Nuño de Guzmán. Bienvenida la palabra de los indígenas: sembrará la esperanza en el corazón de los mexicanos.

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