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Spauaz: la necesidad de un Sindicalismo Constituyente

Spauaz: la necesidad de un Sindicalismo Constituyente

La Universidad, como otras instituciones, debe preguntar por su sostenibilidad sobre las bases del mayor crudo realismo. Preguntarse por la sostenibilidad es hacerse cuestión por las posibilidades reales de permanecer o continuar existiendo para el disfrute de las generaciones futuras. La Universidad está justo ante el problema de la sostenibilidad institucional, es decir, no hay certeza (en las actuales condiciones) de heredar una institución viable a las generaciones jóvenes, ya no digamos futuras.

Uno de los motivos de crisis es la seguridad social, que ha mostrado no sólo que es muy injusta, sino financieramente inviable. Igual que en el país entero: tenemos que 60% de los mexicanos no tienen ninguna expectativa jubilatoria, y de los 4 de cada 10 que la tienen, sólo uno y medio lo pueden hacer en un sistema de retiro digno. Es decir, la mayoría no tiene nada, unos pocos aspiran a un retiro mediocre y de cada 10 mexicanos sólo 1.5 lo hacen con holgura. En la UAZ es algo similar, hay tres “clases” de profesores: unos pocos docentes tienen jubilación dinámica y disfrutan de condiciones óptimas de retiro, y sostienen altos costos para la institución; otros lo harán con un retiro que combina la seguridad estatal y los ahorros propios, y la masa de profesores que ahora mismo soporta la mayor cantidad de trabajo docente lo hará en condiciones inaceptables, con una pensión que proyecta retiros con un 30% del último salario (si es que le fueran hechos los depósitos correspondientes); y además, es una mayoría docente que cuesta poco a la institución. Esto es, al igual que en el país, se combina inviabilidad con injusticia.

Pero es esencial que caigamos en la cuenta de que el sistema de retiro que vino a sustituir el formato solidario a través de la capitalización individual y la administración privada de los fondos, es una basura. No está resolviendo nada y todos los estudios actuariales que he visto muestran la fragilidad y vulnerabilidad a que están expuestas las personas que pertenecen a dichos sistemas. Así las cosas, en síntesis, tenemos por un lado al Estado desentendido del tema, sobre todo después de la última reforma a la Ley del ISSSTE;  y por otro, un sistema de cuentas individuales que ‘garantizan’ un escenario de jubilación inaceptable. Por tanto, pensar en esfuerzos para acomodarse en alguna de estas situaciones es irracional. Dedicar esfuerzos para negociar formas de acomodarnos en las modalidades de este contexto es sencillamente tonto. Lo que debemos hacer es Crear un nuevo esquema que nos ofrezca mejores garantías. La vía de solución es la creación ex-nihilo.

Al igual que la actual estructura académica no sirve de mucho, y debemos crear otra Nueva. También la sostenibilidad de la seguridad social de los profesores universitarios, requiere imaginar formas originarias. Son tres preocupaciones centrales que nos deben ocupar: la jubilación, el cuidado de la salud y la gestión de la calidad de vida. Y en los tres, el ISSSTE es una mediocridad. En el cuidado de la salud hacemos dobles o triples gastos, el caso de la jubilación ya lo comentamos, y de la gestión de calidad de vida no hay nada. Los dos principios por los cuales levantaron la vía de la capitalización individual son una catástrofe: (1) la destrucción o desmontaje de los esquemas solidarios que hacen de los beneficiarios átomos solitarios; y (2) la idea de que el objetivo es crear ahorros bancarios como base para formar el sustento futuro. Así las cosas, debemos pensar en un Nuevo esquema solidario gremial (no-estatal) con objetivos más dinámicos que los ahorros bancarios. Ahora mismo, las Afores y ciertas empresas donde se hacen inversiones con esos fondos salen con enormes utilidades, pero los trabajadores están fuera de esas ganancias. Ese sistema se creó con el objetivo de empoderar al capital financiero, pero no se pensó en las personas que iban a ser sujetos del sistema. Debemos decir: “no más”. El sindicato puede crear un sistema solidario gremial para invertir los fondos propios, y conseguir dos objetivos: (1) eliminar la enorme debilidad y vulnerabilidad en que nos mete el atomismo financiero del sistema de cuentas individuales, y por el contrario, crear redes que nos empoderen mutuamente; y (2) no darle a los profesores una canasta de huevos que se les acabarán muy rápido (una cuenta de ahorro), sino una gallina que siga produciendo huevos durante mucho tiempo (un proyecto de inversión).

Debemos regresar a pensar nuestras potencias y capacidades: nuestro poder constituyente en el entorno inmediato. Y nuestro poder destituyente en el entorno político estatal y nacional. Observar experiencias como la ecuatoriana en el ramo de la Educación Superior es realmente inspirador de todo lo que se puede lograr cuando se tiene claridad en aquello que se quiere crear y la fuerza organizativa para hacerlo. Ahorita vagamos en la tibieza de un sindicalismo reivindicativo y doméstico, que ya no sirve para los retos que tenemos enfrente. Pero podemos hacer otra cosa, y ascender a un Sindicalismo Constituyente que pueda crear una realidad más factible y justa para los profesores y la propia institución. ■

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