Un rockcito para todos los roles / Sexta Muestra de Rock Zacatecano en El Chopo (Continuación)

Un rockcito para todos los roles / Sexta Muestra de Rock Zacatecano en El Chopo (Continuación)

Las llamadas muestras de rock presentadas en El Chopo han sido un escaparate para que las bandas zacatecanas sean conocidas en el circuito nacional, y surgió en 2005, a iniciativa del Colectivo Zacatecano de Rock y el Instituto Zacatecano de Cultura (IZC), en intercambio cultural con los directivos del Tianguis Cultural del Chopo en funciones, César Salas, Enrique Falcón, Ramón García, “El Trini”, Alejandro Sánchez Mejorada (qepd) y Carlos Alvarado Perea, quienes más han apoyado al colectivo en mención en estas cuestiones. Desde este espacio, un reconocimiento a todos ellos y, claro, a las autoridades de Zacatecas que se han preocupado por difundir el rock zacatecano allende las fronteras –David Eduardo Rivera Salinas, Judit Guerrero y Armando Silva Cháirez–; ojalá continúen transitando por los rumbos de la cultura del rock y otras autoridades se animen a entrarle a esta actividad.

Los excelentes DMH, de Aguascalientes
Los excelentes DMH, de Aguascalientes Jornada Zacatecas

Casi daban la 11 de la noche y el saludo con un personaje de la hermana ciudad de Aguascalientes; un disco recién salido del horno fue la carta de presentación; DMH, con una portada acá del metal de la vieja guardia, con las rolas Violencia, El péndulo, La caída, Rey bastardo, Agua de fuego y La parábola de los ciegos. La música de los aguascalentenses oscila entre las antiguas fórmulas del doom, el death y el black metal para redondear sus tendencias en lo que los conocedores han denominado stroller; ahí, mostraron una gran capacidad interpretativa basada en la experiencia del baterista Olympo Pérez Hernández, el acoplamiento de sus instrumentistas bajo-guitarra y unas enormes vocalizaciones del chavalo “Nieto” de Olympo en las guturales. Esta fusión causó momentos muy emotivos entre los asistentes; varios escuchas quedaron prendidos de la calidad del chavo en los gritos.

Carrot Cake se ‘discutió’ como siempre con su mejor ‘set’
Carrot Cake se ‘discutió’ como siempre con su mejor ‘set’ Jornada Zacatecas

Carrot Cake: Las manifestaciones artísticas de quien ha decidido dedicarse de lleno a la música traen como resultado un desarrollo por demás encomiable, y desde el primer instante, se percibe que estos personajes traen toda la energía del rock y su propuesta remonta hacia las raíces, al rock sicodélico armonioso, con ese sentimiento metálico cargado de elementos del rock pesado setentero que los ajusta muy bien a sus pretensiones. Para comenzar, el baterista, Cristian Dueñas, viene de una dinastía de mucha trascendencia; es todo un maestro en la ejecución de los contratiempos y los sonidos de los tambores; canta y toca la guitarra; no es músico improvisado. René García, el bajista, es un personaje de esos dedicados, movido, destacado, lleno de ritmo, cumplidor y, desde su instrumento, presenta una serie de armonías que ensamblan perfectamente para dar pie a que Alberto Medina le atore fuertemente con su guitarra y vocales, una extraña y potente voz que a lo largo de las melodías sube y sube las tonalidades para sostenerlo en el momento justo… highway to hell… o la piezas de su cosecha que quedan en la memoria de la audiencia en los estribillos que, acordes a la situación, maneja con fiereza. Otro elemento importante en la conformación de la banda es José Luis Reyes, el encargado del requinto, quien proporciona el sonido característico de los tonos agudos en la banda del pastel de zanahoria.

Aún hay varias personas muy respetables que interpretan la música de Toncho Pilatos Grupo, principalmente Miguel Robledo, quien fuera el original bajista de la agrupación y prosigue en el camino del rock nacional con su banda Pastel Pilato; asimismo, el enorme guitarrista, ‘Beto’ Nájera, y el ‘Lupillo’, baterista de la época ochentera, quienes se reúnen esporádicamente para hacer algún homenaje a los hermanos Guerrero, y esta banda, que sirvió de soporte a Toncho en 82-83 y que, de forma humilde, continúa tocando las rolas de la legendaria agrupación, aquí en El Chopo, Excalibur
Aún hay varias personas muy respetables que interpretan la música de Toncho Pilatos Grupo, principalmente Miguel Robledo, quien fuera el original bajista de la agrupación y prosigue en el camino del rock nacional con su banda Pastel Pilato; asimismo, el enorme guitarrista, ‘Beto’ Nájera, y el ‘Lupillo’, baterista de la época ochentera, quienes se reúnen esporádicamente para hacer algún homenaje a los hermanos Guerrero, y esta banda, que sirvió de soporte a Toncho en 82-83 y que, de forma humilde, continúa tocando las rolas de la legendaria agrupación, aquí en El Chopo, Excalibur Jornada Zacatecas

Mucho se ha hablado de la leyenda tapatía Toncho Pilatos Grupo, y quienes la conocimos desde su nacimiento sabemos que era una agrupación aparte, una banda donde desfilaron los mejores músicos de México y que a estas alturas sólo algunos se dedican a promover y difundir esa tan característica música de extracción nacionalista que los hermanos Guerrero compusieron para el mundo. Hay gente de mucho respeto consagrada a dar continuidad a esta música que perdura desde los inicios de los pasados 70, y que le ha dado vida en las épocas contemporáneas; me refiero, en primer término, a Miguel Robledo, bajista original del grupo, precursor de la música mexicana ahora bajo el nombre de Pastel Pilato, quien continúa en la brega, y por supuesto, otros dos grandes músicos, muy respetados por ser parte de la segunda etapa de florecimiento de la banda, Beto Nájera, enorme guitarrista, y Lupillo, excelente baterista, quienes esporádicamente se reúnen para interpretar las rolas de los Guerrero. Vaya un reconocimiento para ellos, sin olvidar a todos los que transitaron por la agrupación, Miquel Esparza “El Gallo”, “Tino”, “El Güero”, Vittorio, Luis Barrera, Los Zebra, “Lupo” y, claro, Los Excalibur.

Desde Aguascalientes, retrocediendo en el tiempo, rescatando lo más representativo de Toncho Pilatos Grupo como parte integral de su set, hacen su presentación en El Chopo el trío que sirvió de soporte a la banda de Alfonso Guerrero en el periodo 82-83, Lalo Valtierra, en el bajo; Gustavo Rangel, en el requinto, y Raúl Gómez, en la batería. Desde la presentación, apreciamos la gran calidad interpretativa de este trío que a leguas se nota;  trae en las venas el sonido “Tonchero”; la voz y el dinámico ritmo del bajo de Lalo permiten identificar de inmediato las piezas que compuso la dupla Alfonso-Rigo, Dejaloa, Borracho otra vez, o la adaptación que hizo de Me tienes a mí, de Los Kinks, Dulce Dama María Juana y todo el repertorio; vendría bien realizar un concierto donde tocaran la mayoría del material e incluyeran sus versiones a Hombre ciego, Chipote saltarín, La última danza, Atlanteótl, Kukulkán y todas, para conocer el legado de una banda dedicada en cuerpo y alma a la difusión del material de Toncho Pilatos, sin demeritar lo propio como Atardecer en Aguascalientes, Seres, o algo más elaborado como Jazziera. Raúl Gómez es un baterista que posee el punch que los grandes tienen como formación; es un espectáculo ver y escuchar sus aportaciones a la música de rock. El maestro de la guitarra Gustavo Rangel concatena una serie de riffs cargados de ese intrínseco sentimiento que saca a flote desde las notas tristes, sublimes; varios tocan Blind man y Drunk again magistralmente, pero el feeling de un guitarrista humilde aún flota en el ambiente, como si las notas que imprime Gus fortalecieran la intención por deambular en la atmósfera de la música de raíces netamente mexicanas. El respeto a las creaciones de Alfonso y Rigo queda de manifiesto en las piezas que en este tributo rinden los Excalibur.

Los maestros de Mil900, cercando con sus piezas de carácter progresivo metal a la audiencia que, la neta, estaba absorta en sus percepciones; de lo mejor del evento. Para esta hora ya estaba repleto el espacio para la banda
Los maestros de Mil900, cercando con sus piezas de carácter progresivo metal a la audiencia que, la neta, estaba absorta en sus percepciones; de lo mejor del evento. Para esta hora ya estaba repleto el espacio para la banda Jornada Zacatecas

Mil 900  parece dar continuidad a los sentimientos profundos en esta muestra de rock zacatecano. El maestro Mario Ortega trasciende las barreras de lo convencional para abordar con sus riffs una iniciativa que desde el metal encamina hacia la progresión, y a cada nota va introduciendo a la audiencia a la melodía hasta encerrarla por completo y dejar que fluyan los pensamientos aunados a la sensibilidad y la conciencia; es como si a cada pasaje recordaras los movimientos escondidos que, a la menor provocación, vas dejando salir a pedazos en esa serie de esquemas que han aparecido en tu mente como parte de la soberbia, la lujuria, la avaricia y los demás que se han incorporado a ti sin desearlo o, algunas veces, hasta premeditados. La musicalidad de los fresnillenses estriba en la notable participación de Carlos A. Camacho, quien ensambla perfectamente su sonido en grandes cascadas de sensaciones que con su guitarra provoca; la batería de Augusto Isunza, a veces firme, a veces guerrera, pero con un entorno, que ha sido menester aplicar toda la atención que ejerce la audiencia en su intervención, para percatarnos de su gran capacidad, la cual administra desde sus inicios, y  Gustavo Gutiérrez, quien lleva los sonidos graves; todo ello proporciona el gusto por la música, su participación conlleva a la parte de los movimientos rítmicos que levantaron la exclamación de la audiencia por su portento. Sin lugar a dudas, una agrupación que dejó una gran tarea a todos los asistentes a la muestra, por su calidad, por su iniciativa, por su emotividad y progresión.

Pacal, de lejecitos, porque la banda no dejaba fotografiar, echando ‘slam’ en una muestra de euforia. Bien por los maestros del death metal zacatecano
Pacal, de lejecitos, porque la banda no dejaba fotografiar, echando ‘slam’ en una muestra de euforia. Bien por los maestros del death metal zacatecano Jornada Zacatecas

Para concluir con el concierto, hizo acto de presencia una de las bandas más antiguas del circuito zacatecano. “Pacal se queda con Ustedes”, anunció Enrique Falcón, y su propuesta deathmetalera no se hizo esperar, y al grito de “Ora a mover la cabezas cabrones”, puso en movimiento a la banda chopera en un tremendo slam que no se había presentado hasta ese momento de culminación. Pacal es una conjunción de elementos que, a manos del “Fity”, en la guitarra líder, manifiesta expresamente la línea de ataque hacia los inexplorados senderos de los asuntos necrofílicos. El death metal, como consecuencia de sus líricas, acerca a Rafael Castañeda nuevamente a participar con sus armonías y delinear claramente sus intervenciones al lado del también recién incorporado Pablo Manowar en el bajo, para llevar el ritmo del poderoso baterista, Betillo Valdez, quien desde tiempos imborrables, ha formado parte de las grandes batallas que ha librado esta deidad maya y que tanto ha compartido con sus seguidores en gran parte de la República Mexicana. Sus discos son requeridos desde otras latitudes y, de nueva cuenta, Pacal deja su música en los anales de la historia del Tianguis Cultural del Chopo.

 

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