Malditos tiempos

Malditos tiempos
Emilio Carrasco Gutiérrez. El guarda casa. Óleo sobre tela.

La Gualdra 454 / Emilio Carrasco. In memoriam

 

 

Este año está para el olvido y no creo que alguien se atreva a pensar lo contrario. Este siniestro virus se ha llevado ya mucha gente que no debía de irse todavía, entre ellos se encuentran personajes inolvidables como el maestro Emilio Carrasco. Yo lo conocí en los 80´s, cuando la Universidad Autónoma de Zacatecas lo invitó a quedarse y volverse más zacatecano que muchos; no pudo resistirse a ese aire provincial y la tranquilidad que se respiraba en esos tiempos. De inmediato se hizo amigo de mi padre, así que tuve la fortuna de conocer su casa repleta de historietas, afiches, figuras y demás coleccionables de su personaje favorito: “El hombre araña”, a mis 4 años yo no entendía cómo un adulto podía seguir conservando esos artículos tan infantiles, pero disfrutaba tanto visitar su casa, donde el maestro siempre nos recibía con esa voz tan peculiar, enfatizando las “s” y siempre preparando el momento para soltar una broma, un chiste. Bajaba sus figuras del arácnido para que yo pudiera tocarlas para después volver a colocarlas en su lugar, claro, porque ningún coleccionista que se respete, permite que un niño juegue con algo de su preciada colección, ahora lo entiendo.

El maestro Emilio siempre con su andar pausado y relajado, daba la impresión de siempre tener una frase poderosa que parecía estar guardada para salir en el momento preciso. Fue en 1986 cuando mi padre y él coincidieron en la Coordinación de Comunicación Social de la UAZ, mi padre como redactor y el maestro Emilio como diseñador gráfico; mientras esperaban información sobre una de las tantas huelgas universitarias, mi padre le contó sobre un cuento que estaba escribiendo (el cual nunca se publicó), Emilio comenzó a hacer un bosquejo en un papel mientras escuchaba, el cual convertiría después en un cuadro enorme (o tal vez así lo veía yo de pequeño) titulado: “El guarda casa” (el cual nunca formó parte de alguna exposición), la pieza nos presenta un cuidador de algún teatro, quien observa a las bailarinas ensayar por detrás de las cortinas, claro que yo siempre decía que el cuadro era sobre una fiesta, tal vez porque era lo que yo recordaba sobre el maestro: yo jugando mientras los adultos disfrutaban sus noches bohemias de largas pláticas acompañadas de música, alcohol, aceitunas y carnes frías. Era eso lo que él buscaba en sus pinturas, que cada uno de nosotros exploráramos con nuestro pensamiento y llegáramos a nuestras propias conclusiones. Gracias a su carácter tan generoso, el mismo Emilio trajo el cuadro hasta esta misma casa donde escribo hoy las líneas que ustedes leen, solamente pidiendo a cambio el cuento que lo había inspirado a crearlo. Así era él, honesto, sencillo y divertido. Nos deja un legado invaluable con su trabajo, pero también nos deja una responsabilidad: la de buscar, como él lo hacía, una sociedad más justa y unida.

Malditos tiempos.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_20gualdra_20454

 

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