Lluvia de ideas

Lluvia de ideas

La Gualdra 447 / Río de palabras

 

 

La mente se me secó de ideas. A través de mis oídos metí las manos para exprimir el cerebro al cual se le cayó la última neurona que escurridiza se deslizó hasta mi garganta. Ahí provocó un picor en mi laringe el cual me produjo una tos seca, seca y persistente, hasta que logré expulsarla convertida en una idea. A pesar del aturdimiento, acaté a tomarla con cuidado, le limpié la tierra que se le había adherido y la puse con cuidado en un vaso con agua. Ahí estuvo por un tiempo hasta que no sé por qué extraño milagro comenzó a sacar raíces. Mi instinto más que mi pensamiento, cada vez más escaso, me llevó a colocarla en una maceta; ahí comenzó a florecer. Conforme lo hacía, mi cerebro parecía que se recuperaba: comencé a recordar, a hacer cuentas, a repasar las letras y conseguir construir palabras. Mi idea estaba floreciendo, cada vez más frondosa y bella. En mi cabeza también algo florecía. Llegó el verano y comenzó a dar frutos. Escribí más de tres oraciones, un párrafo completo y hasta un cuento de esos que llaman cortos. Por las tardes sacaba mi planta esperando que al caer la noche se regara con una lluvia de ideas que propiciara que ella y yo siguiéramos floreciendo. El problema vino una de esas tardes veraniegas que a la espera de la lluvia dejé a mi planta neurona. Mientras yo escribía un cuento, que bien podría haber sido este, en vez de lluvia cayó una tromba. Mi planta murió ahogada y yo me volví a quedar sin ideas.

 

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_447

 

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