Salud mental: proteger el alma supone salvar la circunstancia

Salud mental: proteger el alma supone salvar la circunstancia

Durante la pandemia se han incrementado los suicidios. No es casualidad. Queda claro que la antigua creencia que afirmaba que los seres humanos somos individuos autónomos, e incluso que hay algo así como la autonomía de la razón, es algo falso. No somos autónomos, sino heterónomos: pendemos del mundo que nos hace vivir. En otras palabras, no somos individuos, sino personas-en-una-circunstancia. Lo cual quiere decir que las redes de nuestro mundo son como arterias o conductos de oxígeno vital, y cuando se vician, el ánima de las personas se marchita y muere. Cuando alguien se suicida, habíamos dicho en este espacio, ya antes ha muerto. Con lo cual concluimos que el entorno humano no es un ‘medio’ ambiente, sino una matriz ambiental. Si una persona no tiene serenidad, algunas seguridades materiales, expectativas en los planes biográficos, cierta estabilidad emocional y salud, pues simplemente tendrá un mundo impropio para la vida. Si su mundo se marchita, la persona se muere.

Y el mundo no es una construcción individual, sino colectiva y pública. Por eso somos seres-políticos, no porque nos gusten los partidos (nada que ver), sino por algo mucho anterior a eso: porque nuestra vida personal es desde el inicio una vida pública. Las condiciones del mundo se conforman de acuerdo a la vida en común. Así las cosas, el empleo, los ingresos, los descansos, la alimentación, el tiempo de ocio, y todas las cosas que hacemos o soñamos en la vida cotidiana, vienen producidas en el mundo, en la res-pública (en la cosa pública). Por ello, podemos afirmar con Ortega: ‘yo soy mi circunstancia’.

Como podemos observar, la mente no está dentro de la cabeza, ni en los límites de nuestra individualidad. Así, la salud mental es parte del bienestar social. La sociedad con crisis económica tendrá el efecto de pandemia de estrés y ansiedad. En ese sentido las políticas económicas son también recetas de salud (o enfermedad) mental. Una persona que pierde el empleo, el derrumbe de los objetivos de su vida, que vive en la incertidumbre por largos periodos y ve morir a las personas que son sus pilares, es normal “que tenga problemas psicológicos”.

La salud mental, por todo ello, debe ser un objetivo del Estado. Tanto de las condiciones que la conforman, como el tratamiento de los efectos de los males sociales. Los efectos son múltiples y complejos: inestabilidad emocional, angustia (sensación de vacío existencial), depresión y un rosario de abolladuras del alma. El Sector Salud de México debe garantizar dentro del listado de servicios el cuidado de la salud mental. Al menos de los efectos más perniciosos, porque claro está, las condiciones originantes son las bases del bienestar social integral. Pero, así como una persona que padece sobrepeso por causa de vivir un ambiente obesigénico, y por ello desarrolla diabetes, el sector salud del país tiene la obligación de atenderle esa enfermedad. De la misma manera las llamadas ‘enfermedades mentales’. En suma: para salvar el alma hay que salvar la circunstancia.

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