La oscuridad de los partidos políticos y el signo de Frodo

La oscuridad de los partidos políticos y el signo de Frodo

Hay una película titulada ‘El señor de los anillos’, que actualiza antiguos mitos nórdicos y un tema recurrente en ellos: el poder. Lo traducen en un anillo de oro que hace que el poseedor tenga eso que es el objeto de la ambición de todos, pasando por buenos, malos y medianos. Pero hay un personaje que vive en la comarca y es un joven de los pequeños que, entre otras cosas, no tiene interés en el poder o el mando, sino en vivir una vida bucólica en la tranquilidad de la naturaleza y el trabajo cercana al bosque. Y es justo Frodo, el representante de los hombres pequeños (El Hobbit) el encargado de llevar el anillo a su destrucción.

Es una gran metáfora que nos hace pensar en la política y los ciudadanos medios sin grandes ambiciones de poder que, en realidad, son los responsables de poner en su lugar los dispositivos del poder que crean fuerzas que producen el mal. Los mitos nórdicos (vikingos) les gusta pensar en la relación del poder y el mal. Una conclusión de dichos mitos es, ‘sólo los hombres pequeños, sin grandes ambiciones políticas, son los que nos salvaran de los efectos malignos del poder’. Frodo se resiste a emprender ese viaje: se resiste a participar. Los grupos que adoran el anillo son cofradías de hombres oscuros o grises. Frodo es la esperanza del bien por su contrapoder: su enorme posibilidad de vencer al mal está justamente en su desinterés al poder.

Pues bien, los grupos de élite partidaria son, todos, cofradías del anillo. Hermandades de ambiciosos que babean por su objetivo primordial y único: ponerse en anillo. Sólo un tropel de frodos indiferentes al anillo y preocupados en la comarca, son los que pueden alejar la oscuridad del mal. Frodo aceptó la misión de viajar a la montaña porque se vio obligado a ello, no porque quisiera o le encantara la participación.

Los partidos políticos, y en especial el partido en el poder, deben abrirse a la participación de la ciudadanía que no quiere tener puestos o espacios en el Estado, sino resolver los problemas de la sociedad. Ahora mismo están cerrados y centrados en élites que su único objetivo es ponerse el anillo. No les preocupa la ciudad ni el campo ni la educación ni la salud ni la paz. Eso es materia prima para discursos y conseguir lo que realmente quieren: el anillo. Institutos políticos separados de la sociedad, sin importar el discurso que adopten, no serán vehículos para que los sectores y facciones sociales se expresen y conduzcan su participación política. Partidos que emplean su influencia popular para usar a las personas como ovejas que llevan a votar en camiones urbanos a alguna asamblea de Morena o de otro partido en lucha interna. Ahora mismo el tribunal descalificó las asambleas de este partido que se publicitaba como la esperanza de México. Ahora convertido en un nido de orcos babeando por el anillo. Los partidos, mientras no se oxigenen, democraticen su vida interna y se conviertan en vehículos que conduzcan la participación política de los ciudadanos, seguirán en crisis y reproduciendo el mal cuando se convierten en gobiernos. No hay partido alguno que sea la esperanza, ésta se encuentra en el signo de Frodo.

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