Alba de Papel Del pueblo y para el pueblo

Alba de Papel Del pueblo y para el pueblo

Para muchos el folclor es visto como un mecanismo de domesticación y conformismo, no obstante, el que participa de su manifestación, en forma inconsciente lo convierte en un acto de refutación a la cultura dominante que pretende uniformarlo todo.

Aspectos muy interesantes se desprenden de esta nueva edición del Festival del Folclor 2019, creado en 1996 a iniciativa del profesor Gustavo Vaquera Contreras, promotor de espíritu dramático y orgulloso, que desde la Secretaría de Educación y Cultura de aquel entonces, sentó a partir de su propio grupo folclórico, una gran oportunidad de intercambio cultural para los artistas y una magnífica herramienta para la animación sociocultural, sin sospechar acaso, de que su proyecto, se convertiría en uno de los festivales más importantes de México.

Con altibajos y sin respaldo presupuestal, año se libraron batallas por mantenerlo, organizado a discreción nunca faltó el impulso creativo de su gestor, ni del equipo que por años le acompañó hasta su muerte en 2006, con el justo reconocimiento que llegó seis años después por acuerdo gubernamental en 2012, de darle al festival, su nombre como fundador que fue.

En la andadura de su realización, para algunos grupos locales significó segregación y elitismo al no ser incluidos en la programación, verticalidad en los bailes y danzas, sin otras opciones fundamentales para entender la cultura nuclear de los pueblos como la música, juegos, literatura, artesanía, gastronomía y literatura, remedios herbolarios, fiestas y costumbres.

Por años el mayor adeudo y quizá un reclamo generalizado de los grupos y artistas de la Entidad, fue y sigue siendo la creación de un Museo de la Indumentaria y la Artesanía con una proyección internacional. Dicho sea de paso como antecedente, en el gobierno de Amalia García Medina en el Cerro de San Simón del municipio de Guadalupe – espacio destinado en aquel momento a convertirse en un centro de artes y oficios, dado su destino turístico como mirador y con un proyecto pendiente de construcción de una capilla y una virgen monumental-, exprofeso para este fin, se construyeron instalaciones para crear el museo, con los apoyos de los presidentes Samuel Herrera Chávez y Mario Román Ortiz, pero faltó tiempo ante la conclusión de sus administraciones.

Siguió Rafael Flores Mendoza al frente del Ayuntamiento, pero fue imposible también consolidarlo; construido en el gobierno de Felipe Álvarez (2001-2004), el Cerro de San Simón, ubicado en la Colonia “Tierra y Libertad” ha sido un proyecto inconcluso por falta de visión y hoy es un cascajo bajo la polémica originada por el pésimo encauzamiento y habilidad política, de la edificación de la virgen monumental de 35 metros de altura. Así se diluyó la posibilidad de tener un Museo de la Indumentaria y la Artesanía de México y el Mundo.

Han transcurrido 23 años del Festival del Folclor y con acierto, hace dos que su organización pasó de la Seduzac al IZC, el problema como siempre, se remite a su financiamiento y a los apremios presupuestales que quizá hoy limitan mucho más a esta Institución.

Programado del 28 de julio al 4 de agosto, con un costo aproximado de 16 millones de pesos y más de mil 500 bailarines y artistas provenientes de Perú, Rumania, China, Polonia, Chile, Canadá y Chile; así como Chiapas, Chihuahua, Michoacán, Veracruz, Sonora y al parecer, sólo tres conjuntos folclóricos de Zacatecas, se ha extendido a más de 20 municipios.

Su contenido se ha enriquecido y diversificado, pero cabría preguntarse qué pasa con grupos excepcionales que merecerían que este festival fuera el marco para reconocer la trayectoria de sus directores como Armando Correa González, Víctor Rodríguez, Carlos Lozano, Daniel Guzmán, Francisco Uribe, Tony Guerrero y César Lara Bañuelos, entre otros. Distinciones también para las danzas y sus capitanes, algunos con más de 60 años dentro de ellas; las cocineras tradicionales, cancioneros populares, cofradías…

Valdría incluir un estímulo a la investigación del folclor zacatecano, porque prevalece un clamor de que productos culturales nacidos en esta tierra, hoy tienen factura jalisciense, guanajuatense, sinaloense u oaxaqueña. Ejemplos los hay, la alfarería en miniatura nació en Jalpa; los primeros huaracheros que migraron a León, eran de Nochistlán; la música tradicional de banda era de Villanueva, hay un largo etcétera que incluye también la canción cardenche en Fresnillo y Juan Aldama. El festival podría ser el cauce para propiciar el urgente nacimiento de la Escuela de Música Tradicional.

En este apartado, los municipios deberían fortalecer estas expresiones que están vinculadas al saber popular, a la cultura que es transmitida a través de la tradición oral, los usos y costumbres de un pueblo, que a pesar de la adversidad y a contracorriente, condensa su experiencia colectiva para transformarla con alegría.

El Festival del Folclor Internacional 2019, resume la algarabía multicolor de los pueblos que a través de su cultura logran resarcir su dolor social, cada vez más marcado por la injusticia y por el mercado capitalista. Un fiesta efímera que guarda instantes de eternidad.

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