Morena: el paso a la institucionalidad, entre el cacicazgo o la democracia

Morena: el paso a la institucionalidad, entre el cacicazgo o la democracia

Morena ha tenido poco tiempo de convertirse en una institución. Nació muy próxima al proceso de elección que modificó todo el escenario político del país en pocos meses. Por ello, era un Movimiento Social que estaba cambiando las opciones políticas en la dirección del Estado mexicano. Un movimiento no perdura (en ese estatus) durante mucho tiempo: necesita convertir sus ideales, en reglas y rutinas que le den soporte; pasar a ser institución. En el proceso que tuvo como movimiento (y en el cual consiguió sus objetivos) hubo muchas excepciones y criterios poco jurídicos para decidir sus controversias internas, porque en un movimiento prima el criterio político. La elección de sus candidatos no era del todo apegada a derecho porque la prioridad política y la urgencia del triunfo electoral nulificaba la prioridad de las reglas. Lo mismo en el caso de las controversias internas.

Sin embargo, ese momento ya pasó, y ahora Morena se propone convertir en un instituto político exitoso. Y lo que le dio resultado en el momento del Movimiento, puede ser catastrófico en el momento de transición a la institucionalidad: las decisiones de excepción y fuera de las reglas. Además, la transición implica regirse por reglas y rutinas internas, lo cual exige desligarse del poder en el gobierno. En otras palabras: la institucionalización supone la autonomía del gobierno. En esos dos objetivos se juega su legitimidad. Si el Presidente de la República decide las candidaturas al gobierno de los estados, todo el movimiento político-social del 2018 habrá sido en vano. Sería la reedición de aquello contra lo que se luchó por los últimos 12 años. En forma lapidaria: la reedición del Viejo Régimen. Así las cosas, para que eso no ocurra es necesario que la vida política interna esté perfectamente normada, las instancias del partido funcionando y, lo más importante, que lo haga con legitimidad. Lo cual exige que las reglas sean de común acuerdo.

Las pruebas ya iniciaron. En varios estados los conflictos empiezan a aflorar. El proceso que exigía la unidad ya pasó. Ahora se abren las diferencias porque vienen definiciones tanto internas, como la decisión de candidaturas próximas. En varios estados el partido estuvo en manos de caciquismos locales que ahora serán fuertemente cuestionados. La lógica de actuación de los caciquismos es refractaria a un interno régimen de legalidad. Los caciquismos imponen y no les gusta la competencia real y limpia basada en procedimientos fundados en la equidad. El reto es grande. Es muy importante ahora observar no sólo si Morena gana elecciones, sino cómo las gana. En esto último se juega su objetivo que le dio origen: el cambio de régimen, no sólo actores. Y los procesos electorales inician en los desarrollos internos. La vida democrática al interior de Morena deberá verificarse en la publicación de sus estatutos y documentos básicos, luego en la renovación de las dirigencias estatales y comités municipales. Y claro está: en el procedimiento y destino de los conflictos abiertos en la Comisión de Honor y Justicia. Como la idea de un ‘caciquismo democrático’ es un oxímoron, entonces deberá elegir entre el cacicazgo o la democracia.

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