La candidatura indígena y las otras campañas

La candidatura indígena y las otras campañas

Como se sabe, el Congreso Nacional Indígena (CNI) –del que forma parte el Ejército Zapatista de Liberación Nacional  (EZLN)– ha llevado a cabo una consulta entre más de 400 comunidades para presentar a una mujer indígena como candidata en las elecciones 2018.

Aunque tiempo atrás el EZLN decidió apoyar la candidatura de Amado Avendaño y en 2006 impulsó “La Otra Campaña”, lo cierto es que durante los últimos años había  asumido una posición abstencionista. Siempre noticia mundial, el  acuerdo electoral que hoy impulsa, causa revuelo y hasta “molestias” en sectores, partidos y candidatos que creían tenerlo “todo bajo control”.

En el marco de la situación política nacional, la iniciativa indígena  resulta sin duda, un acertado “giro” político que viene a romper con el aislamiento y hasta con el entorno que por años les ha mantenido replegados. Cierto es que conforme pasen los días se irán comprendiendo mejor sus razones, pero lo que hemos podido entender hasta ahora, es lo que ya comentan algunos especialistas: “que obedece a una necesidad frente al acoso permanente de sus vidas y territorios” por parte de autoridades y poderes económicos, que pretenden apropiarse de sus tierras y riqueza natural, al mismo tiempo que acallar la voz rebelde de quienes ven en el capitalismo –y no solo en los gobiernos y partidos– el origen de todos sus males.

La propuesta parece entonces obedecer a “la necesidad de mantener la continuidad y la existencia misma tanto del EZLN como del propio CNI”. Con todo, la iniciativa indígena puesta en marcha crecerá pese a que algunos (entre ellos Morena) pretendan rotularla como “maniobra del sistema para desbancar o quitarle votos a la izquierda”. Las declaraciones de la militancia morenista sobre este particular, dejan entrever que les preocupa más la decisión del CNI que el hecho mismo de que Esteban Moctezuma –presidente ejecutivo de TV Azteca– y de que Marcos Fastlich –suegro de Emilio Azcárraga presidente de Televisa—formen parte de su bandada.

A nadie de ese partido pareciera preocuparle tampoco el hecho de que un hombre de derecha, Alfonso Romo –empresario multimillonario y convencido innovador- experimentador de transgénicos y pesticidas y cuya compañía (Agradis Inc.) fuera vendida nada menos que a Monsanto, la transnacional considerada por Greenpeace como una empresa que atenta contra la humanidad– sea en Morena, el segundo a bordo después de AMLO.

Habrá que recordar a las bases de esta organización, que este “Legionario de Cristo” y ex socio de Pedro Aspe, se mofa orgullosamente de seguir siendo amigo de Carlos Salinas de Gortari y que, queriendo salir del paso y a pregunta expresa de periodistas, AMLO — desdibujado y mordaz— ofreció otro adelanto de lo que será su nuevo proyecto alternativo de nación: los amigos de Romo son mis amigos.

De más al sur, con los triunfos y desenlaces de los gobiernos llamados progresistas de América Latina, sirva de lección que todos ellos tuvieron serios problemas con los movimientos campesinos y más particularmente con los grupos y pueblos indígenas, es decir, con aquellos que apoyaron en su momento sus triunfos electorales. Resulta que el pragmático y neoliberal programa extractivista                                          –petrolero-minero— así como sus alianzas de estos gobiernos con transnacionales, los llevaron a rupturas y confrontaciones no solo con campesinos e indígenas, sino también con la izquierda y grupos ecologistas. La intromisión autoritaria en los territorios ancestrales indígenas violentado su autonomía, dejó de lado la obligada consulta a estos pueblos y grupos.

Habrá quienes piensen que la participación del CNI en el 2018 obedece a un “querer abrir” las agendas de los partidos para dar cabida a “iniciativas indígenas” que “rescaten” este sector de la marginación en que se encuentra y, al mismo tiempo, impulsen un número mayor de candidatas mujeres –indígenas o no–. Lo cierto es que la iniciativa CNI-EZLN está más allá de ese pequeño horizonte. Ellos saben que en el tablero político nacional siguen moviéndose prácticamente las mismas piezas (partidos y personajes) que años atrás cerraran las puertas a sus demandas echando abajo los Acuerdos de San Andrés Larrainzar e impidiendo que sus derechos estuvieran desde entonces en “la agenda democratizadora” de México.

En fin, muy pronto estaremos viendo a estos compas del sur ocupar el escenario nacional. Es nuestro deseo que su actual propuesta se complemente con un llamado al conjunto de la izquierda anticapitalista mexicana y que su candidatura se rodee de jóvenes, mujeres, sindicalistas, maestros y, en general, de quienes luchan contra el feminicidio y por la presentación con vida de los desaparecidos, en una palabra, de quienes resisten la violencia del Estado y su terrible secuela de ejecuciones.

En un país donde más del 75 por ciento de pobladores habitan en zonas urbanas, miles de ellos formamos parte del sector que espera del CNI ese llamado unitario y puentes de comunicación. Estamos conscientes que la iniciativa, influencia y autoridad moral indígena, abre la posibilidad de construir en México una fuerza anticapitalista organizada nacionalmente, es decir, una fuerza hasta hoy ausente en el escenario político que pueda atraer a los sectores radicalizados que aún no están involucrados con esta iniciativa…

Mientras tanto, retomo aquí lo que bien dijera la periodista Andrea Benites Dumont  para Fort Apache: “la candidatura indígena resultará una pesadilla para los partidos y el establishment… Una buena noticia.” ■

 

Fuentes: Partido Revolucionario de las y los Trabajadores / Fort Apaches elecciones

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