Jorge Valdés Díaz-Vélez. ‘Hay que redefinir un pacto social, creo en poder de la cultura’

Jorge Valdés Díaz-Vélez. ‘Hay que redefinir un pacto social, creo en poder de la cultura’
Fotografía: Pascual Borzelli Iglesias.

La Gualdra 286 / Poesía

Para hablar de poesía en México tenemos que hablar con sus artífices, con los poetas, porque tienen una forma diferente de ver el mundo y sus costuras. Por eso hablamos con Jorge Valdés Díaz-Vélez, quien ha sido merecedor de varios premios por su trabajo poético; entre ellos se encuentra el Premio Latinoamericano Plural (1985), el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes (1998), el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández-Comunidad Valenciana (2007) y el Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado (2011). Actualmente es Miembro distinguido del Seminario de Cultura Mexicana.

Nació en Torreón, Coahuila en 1955, ciudad de la que tuvo que partir a los 17 años pues la carrera que deseaba estudiar no se encontraba ahí; viajó a Saltillo, la ciudad que le brindaría la oportunidad no sólo de estudiar, sino la de adentrarse al mundo del arte, primero como actor y posteriormente como gestor cultural. Fue mientras cursaba el último semestre de su carrera cuando preparó un proyecto para hacer la Casa de Cultura de Saltillo, lo presentó a Gobierno del Estado y se lo aprobaron, convirtiéndose así en su fundador y primer director, cuando apenas tenía 21 años.

¿Pero cómo fue que ideó este proyecto? Mientras cursaba el bachillerato tuvo su primer acercamiento al teatro, formó parte de la compañía universitaria en Torreón, “Éramos todos insultantemente jóvenes”, dice Jorge mientras sonríe, “Y nos dirigía en aquel entonces Rogelio Luévano, quien ya murió, un genio, un apasionado del teatro; el mejor de todo ese grupo de jóvenes, era Humberto Zurita. Hicimos muchas obras de teatro, fui productor, actor, fui todo; fue una experiencia de vida muy importante. El grupo se disolvió, todos tomamos nuestro camino”.

 

Jánea Estrada Lazarín: ¿Ya estando en Saltillo continuaste con el teatro?

Jorge Valdés Díaz-Vélez: Sí, pero fue muy diferente, mi director fue Alejandro Santiex. Estaba estudiando, haciendo teatro y además, haciendo el proyecto de la primera casa de cultura para Saltillo, la idea era determinar cómo estimular un cambio social a través del fortalecimiento de los conocimientos culturales y estéticos, de la juventud, de una sociedad en tránsito a la adultez. La población mexicana en aquel entonces tenía un porcentaje altísimo de jóvenes.

 

JEL: Entonces, la idea de fundar una casa de cultura nació con la intención de difundir el arte, pero además respondía a otros motivos…

JVDV: Sí, nació con la necesidad de promocionar el mejoramiento de las posibilidades estéticas de la población y de sus condiciones sociales. A los 21 años estaba ya al frente de una casa de cultura, sin presupuesto, invitando a los artistas a que trabajaran por comisión, tramitando apoyos el municipio. Funcionó bien, fue buena experiencia. En esa época, pocos años después, conocí a Hugo Gutiérrez Vega, lo vi en la UNAM, yo lo admiraba mucho como poeta, él me habló de su labor como diplomático, de qué se trataba, y a mí se me hizo fácil mandar una carta solicitando entrar al servicio exterior; así de ingenuo es uno, y yo no sé por qué, pero me hicieron caso, me contestaron cuando tenía yo 25 años. Me sorprendí, hablé con Víctor Sandoval a Bellas Artes para platicarle, le dio mucho gusto y al mismo tiempo se enojó porque iba a dejar yo la casa de la cultura…

 

JEL: Hablemos un poco del maestro Víctor Sandoval, un gran poeta, pero además un impulsor clave de las casas de cultura en el país…

JVDV: Víctor Sandoval siempre fue muy generoso, muy paternal con todos nosotros. Cuando yo empecé a idear el proyecto de la casa de cultura con el primero que fui fue con él, para que me asesorara y él me asesoró siempre. Acudí a él por la referencia que tenía yo de la casa de cultura de Aguascalientes, que era todo un aparato de gestión gracias a él. En aquel entonces yo había empezado ya a publicar en revistas esporádicamente mis poemas, pero él no conocía todavía mi trabajo como poeta.

 

JEL: La Habana entonces fue tu primer destino ya como integrante del Servicio Exterior Mexicano…

JVDV: Llegué a La Habana por un año y me quedé cinco. Ahí nacieron mis dos hijos. En el nombramiento de salida, era un nombramiento colectivo de tres personas, se estipulaba que Juan Villoro se iba a Berlín; Roberto Vallarino (también poeta), a Yugoslavia; y yo, a La Habana. Yo regresé a la cancillería como director de convenios y luego como director de difusión cultural; luego me fui contratado por la cancillería a Buenos Aires, originalmente por dos años. Fue cuando decidí que era momento, tras 10 años de trabajar para la cancillería, de arreglar mis papeles; presenté el examen para ingresar como diplomático de carrera, aprobé y duré tres años más en Argentina. De ahí me fui a trabajar a España, como consejero cultural; después a Costa Rica como director del Centro Cultural de México. Y luego fui cónsul alterno en Miami; regresé a España a dirigir el Instituto de México. Regresé a México hasta el 2009 como director de las actividades de promoción cultural de México con motivo del Bicentenario y el Centenario a la cancillería. Después de eso me fui a Marruecos como consejero cultural y de cooperación, luego fui cónsul además de estos cargos y también jefe de cancillería… Después a Trinidad y Tobago y dije: ya. Decidí dejar el servicio en el que duré 35 años, pedí mi salida y me la aceptaron.

 

Fotografía: Pascual Borzelli Iglesias.

JEL: Pero además de esa vida tan agitada de un lugar a otro, te has dedicado a lo largo de estos 35 años a escribir…

JVDV: He publicado 17 libros de poesía; mi trabajo ha sido nocturno, robándole horas al sueño, han sido las horas que yo he dispuesto para mi trabajo de creación y la idea es ahora dedicarme sólo a esto, a escribir. Y a encontrar trabajo, porque la jubilación es baja…

 

JEL: Supongo que no será difícil…

JVDV: No sé, está la experiencia contra la edad. Además, es una experiencia sí relacionada con una experiencia de vida, pero ya no con una mirada como la que se quiere tener sobre la cultura, muy vinculada al tema económico o al interés político. Siempre he entendido en mi trabajo al exterior, que la cultura es política, que es una forma de mostrarnos y hacer vínculos con unidades académicas, con líderes de opinión, etc., pero no económica, entonces ya aquí juegan otros factores, pero vamos a ver…

 

JEL: Por eso cuando uno lee tu poesía puede ver a través de ella toda una vida acumulada… Háblanos de esos libros publicados.

JVDV: Son ya 61 años de edad. El primer libro fue publicado en La Habana cuando tenía yo 29 años; es un libro objeto que hicimos en serigrafía Aldo Menéndez y yo, en el Taller de la Gráfica Wilfrido Lam y que presentamos allá con dibujos de él. El segundo fue publicado en México por la UAM, Aguas territoriales; y de ahí en adelante siguieron 15 títulos más, hasta el que se publicó en 2014, Nudista, editado en Saltillo por la Secretaría de Cultura del Estado.

 

JEL: Decías hace un rato que había cosas imbricadas en ésta tu historia como poeta, que la vida había dado muchas vueltas…

JVDV: Cuando yo regresé de La Habana a México, por ejemplo, fui a una segunda reunión de un grupo que se estaba formando para organizar el Encuentro de Poetas del Mundo Latino. Por parte de Bellas Artes, Víctor Sandoval; por parte de la UNAM, Marco Antonio Campos; y por parte de Relaciones Exteriores estaba yo, porque eran las tres instituciones que convocaban. Desde entonces nos encontramos frecuentemente; con Marco Antonio acabo de coincidir en la última edición de este encuentro recién celebrado en Aguascalientes, por ejemplo. Este tipo de encuentros, como el Festival de Poesía Ramón López Velarde, propician los encuentros con los amigos, con los colegas, por eso son tan importantes.

 

JEL: Además del trabajo realizado en el servicio exterior, de tu loable trabajo como poeta, está además la gestión cultural. Hablemos de esto, de la importancia de difundir la cultura. Hace unos meses, por ejemplo, inició en México un programa llamado Cultura para la Armonía…

JVDV: Sé que ha seguido el programa y me parece muy bien. Creo en poder de la cultura –y no lo digo de una manea mística como lo hacen los que hablan el poder de la curación-; el poder de la restauración del tejido social está en primer lugar en el seno de la familia, en la transmisión de valores, aquí y en cualquier sistema económico, político social y religioso. Ahí inicia el quiebre, en ese lugar se llega a la violencia, porque está mal generada esa transmisión de valores; si a eso le sumamos también la influencia de toda una avalancha de información que llega a través de los medios de comunicación y que no fomenta esa transmisión de valores, estamos ante una grave crisis. Hablo de valores en el sentido moral, en el sentido griego de la palabra. Creo que a través de la cultura se puede operar para que esto se reestablezca, no me refiero sólo a las bellas artes, sino a todo lo que es el conjunto de la cultura, de tradiciones, de perspectiva, de visión de futuro, de lugar en el mundo, de la comprensión social e incluso geopolítica en la que estamos insertos. Mientras esto no se haga a través de la cultura, lo único que se va a hacer es poner parches a los problemas que se derivan en violencia de toda índole.

 

JEL: Pareciera que estamos “normalizando” los actos de violencia, nos habituamos cada vez más a escuchar malas noticias y no parece haber estrategia que funcione para acabar con esto. ¿No te parece que se les ha ido restando importancia a las casas de cultura? Sobre todo si comparamos esta época con la de Víctor Sandoval…

JVDV: Tienes razón, algo pasó, creo que fue el avasallamiento de los medios de comunicación, por un lado, y la frivolización de la cultura por el otro, hicieron que las casas de cultura dejaran de ser el agente de cambio que deberían haber sido. Las casas de cultura no son para “crear artistas”, si de ahí salen artistas qué bueno, pero no es ése el objetivo; son para crear públicos, públicos conocedores que sepan de lo que escuchan y lo que ven. Las casas de cultura deben dar información a los públicos que están formando para que por medio de ella se permitan el disfrute más amplio de las piezas, ya sea de música, de artes plásticas, de danza, de teatro… todo lo que sean las expresiones de la creatividad humana. En México nos sobra talento pero hace falta un poco de visión…

 

JEL: ¿A qué te refieres con “frivolización de la cultura”?

JVDV: Hemos cambiado el concepto de cultura por el del entertainment. No sólo eso, sino que lo damos por válido, lo firmamos y lo asumimos como bueno. ¿Cuándo es el día en que una gran parte del mundo se une alrededor de una idea de “lo cultural”? El día de la entrega el Oscar; ese día millones de seres humanos de todo el planeta están consumiendo no sólo cuál es la película premiada sino una idea de cultura tergiversada. Cuando hablo de frivolización es cuando las industrias culturales son más industrias que cultura. Le ponemos más atención a la industria, el peso está determinado por el rating, por quién tiene más seguidores en Facebook y Twitter que por lo que dice, hace o crea. Hay que saber jugar con esto, porque por otro lado qué bueno que existe, genera utilidades, empleos… el tema es cómo lo equilibramos; cómo insertamos aquí los valores en la cultura… Hay que redefinir un pacto social en el que se incluya a la cultura y la transmisión de valores. ¿Quiénes son los que lo van a hacer? Yo creo que sí hay gente capacitada para hacerlo… ¿Qué tan consciente es el creador de su papel? Vamos a empezar por eso, por definir si hay un compromiso social por parte del creador, o vamos a jugar nada más a la creación individual como parte de un proceso, de una nación, de una élite. Porque también tenemos que hablar de élite… ¿Dónde estamos? Ése es un debate que viene arrastrándose desde el siglo XIX.

 

JEL: Entonces, a qué podemos atribuirle el incremento de la violencia en estados que están apostando por programas de difusión cultural, que por lo visto no han sido suficientes…

JVDV: La descomposición social empieza por una idea, que nos llega de sociedades más industrializadas, acerca del éxito. Éxito es tener como pareja a una Miss ganadora de un certamen de belleza, el carro último modelo, casa con piscina y de ser posible que esa piscina esté llena de chicas y chicos guapos en tanga. ¿Cómo puede conseguir ese “éxito” una persona que no tiene más información que ésa? Pues por la vía fácil. ¿Qué se hace contra esa idea de lo que es el éxito si es la que te dan los medios y la que compramos porque es muy fácil adoptarla? Eso no se puede combatir tan fácilmente, está en cualquier pantalla cuando la enciendes. Cuando hay una transmisión de valores efectiva, hay también una crítica permanente a la crisis en la que nos encontramos, la perspectiva no es sólo individual, sino nacional e internacional, no somos una isla, el efecto mariposa es real. Cuando veamos que la interconexión es tal procuraremos poner más atención a esto. Hay un fracaso en la familia, pero también hay un fracaso educativo. Se deben vincular las instituciones, la familiar y la educativa para poder hacer frente a las crisis, pero todo tiene que partir de lo que tengamos concebido como idea de nación.

 

JEL: Pero es que no está clara esa idea…

JVDV: Ojalá esa imagen exitosa del presidente bien parecido, con buen discurso, fuera por lo menos algo a atender por los jóvenes; pero no, se ha perdido también la capacidad de liderazgo. Antes en esta verticalidad del sistema político mexicano, la del presidente era la imagen a seguir, eso ya se acabó también… Ahora los niños no te dicen que de grandes quieren ser presidentes, te dicen “Quiero ser famoso”, y no importa a qué precio se consiga ese triunfo comercial, que no es un éxito humano.

 

JEL: Ante este panorama, ¿cuál es el papel del artista?

JVDV: Su papel es seguir creando a partir de su experiencia personal, de su experiencia de vida considerando que es parte de un núcleo social. El Estado por su parte tiene que saber distribuir todo esto que el creador hace, tiene que hacerle llegar a las grandes poblaciones el producto de esa creación, que tiene que ser diverso, sin importar la tendencia política, la orientación sexual. Se tiene que inventar un mecanismo de difusión donde quepamos todos. Pero también urge un mecanismo de retribución social de todos aquéllos que hemos tenido el privilegio de estudiar, de prepararnos…

 

Dice Jorge Valdés Díaz-Vélez, que un libro de poesía nunca se acaba y que exige mucho del lector, que “un poema es re-escrito por quien lo lee”, le dice cosas diferentes a cada lector. Yo comparto con ustedes ahora un poema de este escritor, para que lo lean, lo degusten, lo re-escriban; está incluido en su libro Tiempo Fuera (1988-2005), editado por la UNAM:

 

El otro día

Después de tanto amar, qué va a quedarnos

sino esta cicatriz que es la memoria

de polvos adheridos al olvido,

este impulso de ser menos nosotros

y más el tú que nos devora, el otro,

ese rojo dolor tatuado en seda.

Si algo tiene final son las historias

contadas al revés de algún espejo.

No lo dudes, amor, y no pretendas

ignorar que después habrá otro ciclo

y otro ciclo y después otro comienzo.

Somos todos al fin sustituible

materia insustancial frente al deseo

que aspira, sin embargo, a ser eterno

en el frágil tumulto de la vida.

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