La revuelta democrática y el imaginario del futuro

La revuelta democrática y el imaginario del futuro

(parte 2/3)

Avanzamos -vertiginosamente- hacia un mundo de pesadilla, que heredaremos a las próximas generaciones (aunque nos alcanza -ya-, también a nosotros). Basta partir del parámetro del calentamiento global. Si todavía existe una ventana de oportunidad para evitarlo, se está rápidamente cerrando; pese a la retórica negacionista, a la negligencia -criminal- de las políticas “ecológicas” globales/nacionales/regionales (COP21), y a las ilusiones tecnocientíficas que “mágicamente” revertirían la catástrofe. El tiempo apremia… ¿Hasta 2025?

¿Cómo podremos acelerar, para despertar -colectivamente- de nuestro letargo?

Respuesta: emprendiendo un cambio profundo, a través de un movimiento (expansivamente) democrático -con escalas globales, anclado territorialmente desde lo local-; sólo así podemos evitar “destinar” a las próximas generaciones, a escenarios aún más sangrientos y terribles, que los que actualmente vivimos.

Pero ¿hay gente capaz de asumir esa –criminal- responsabilidad? Desgraciadamente el 1%, -y sus seguidores entre el 99% restante-, lo están haciendo ya.

Así, el imaginario del futuro de nuestro actual horizonte histórico, se puede plantear a través de una “gran bifurcación” que tendría en uno de sus polos, a la locura -suicida- de la humanidad (el pronóstico es malo). Con los pasajes al acto –genocidios, desapariciones forzadas, etc.-, con la destrucción de las significaciones, con el capitalismo mafioso, con la creciente crisis de los procesos identificatorios, etc.

Son creaciones propias de la mundialización desbocada del capitalismo del S. XXI (horror económico, criminalidad instituida, demenciales soluciones políticas, etc.). Su aceptación acrítica/ciega -a nivel de la sociedad-, desde el miedo, la privatización, el aislamiento, que gatillan identidades negativas, racismo, xenofobia, pueden/deben ser revertidas.

Mientras que, en el otro polo, se despliega –o se abren las vías para- una creación política y social-histórica antinómica, es decir, que subordina (sin eliminarlo) el componente del antagonismo, evitando su “extremización” en la lógica amigo/enemigo, que sin esa autolimitación, provocaría una espiral de exterminación.

Este segundo polo, impulsado por una creación política explícita, vertebrada por el proyecto de autonomía. Liga emancipación humana, democracia directa, y proceso de transformación social, mediante la acción reflexiva, y un hacer pensante. Reelaboración de nuestra herencia (tradición); reinvención de una revolución progresiva (sin repetir patrones: ni “la toma del palacio de invierno”; ni el asalto a las instituciones por la vía -exclusivamente- electoral). En suma, un movimiento de  auto-institución permanente de la sociedad, fundamentalmente política; propiciando -al máximo-, la creatividad en todas las esferas: ética, artística, cultural, social-histórica.

Una interpretación problemática: ¿cómo evaluar su “adherencia a lo real”?, ¿su capacidad de incidencia?

Como sabemos, la “realidad resiste”, demostrándonos –con celeridad pasmosa- los problemas -y callejones sin salida- de teorizaciones y experiencias.

Las ruinas se acumulan -también- tras las espaldas de los “gobiernos progresistas”, Sudamérica, Islandia, Grecia… En España ¿asistimos al inicio de un ciclo de “rupturas democráticas”? ¿Lograrán escalarla a nivel europeo? O, ¿es la “repetición perversa” de un recambio de elites, que terminará desmovilizando las calles?

Francia: 31/32/33/34 de Marzo/2016. Las más recientes movilizaciones -donde la juventud es un actor central-: ocupan las plazas, hacen la experiencia -colectiva- de formas de democracia directa, rechazan la representación política, etc.

Pueden interpretarse como una germinación del “proyecto de autonomía”, visible en la intención –persistente- de expansión democrática, en la constitución de cuerpos políticos ciudadanizados. ¿Creaciones efímeras, que deben superarse electoralmente?

En las plazas okupadas-: las prácticas democráticas surgen de la creación política, entendida como actividad colectiva explícita, que desea ser lúcida -deliberativa y reflexiva-. Su tema: la colectividad humana. Su método: la creatividad social. ¿Cómo darle continuidad -y potencia expansiva- a ese poder colectivo instituible?

El sentimiento anti-electoral, en las plazas okupadas, es persistente; políticamente privilegian construir la autonomía “desde abajo”. No les entusiasma legitimar -electoralmente- una “representación política”, cuya existencia misma cuestionan sin olvidar el peligro (central) de la burocratización y captura estadocéntrica.

¿Es posible –y cómo-, que la sociedad entre en movimiento, y que logremos actuar –cuando todavía es posible mitigar el calentamiento global-; aunque la “ventana temporal” se está cerrando ante nuestros propios ojos?

¿Son las plazas okupadas, el germen de una creación política, de una nueva institucionalidad no estadocéntrica, un cruce de “horizontalismo” y “verticalismo” en una matriz democrática, con miras a la emancipación humana, y en contra del desastre ecológico y social en curso?

En otro registro, Donald Trump ha llevado a otro nivel el conflicto migratorio; nos plantea la urgencia de una nueva estrategia trasnacional, la necesidad del esfuerzo conjunto, para la creación política de movilizaciones, lenguajes y espacios, que superen las escalas (horizontal/vertical) de las iniciativas políticas hasta ahora existentes.

Enfrentamos problemas inmensos. E. Profumi escribe “…es difícil imaginar cómo desde una sociedad heterónoma, como el totalitarismo fascista, se pueda iniciar una transformación integral de la sociedad en el sentido democrático”. Estamos obligados a lograrlo o en una paráfrasis libre de Cavafis… claudicaremos…en las puertas de Roma, esperando mientras triunfan los bárbaros. ■

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