Roma: la nueva cruzada

Roma: la nueva  cruzada

No pude evitar que la visita del Papa Francisco a San Cristóbal de Las Casas con todo y letanía de perdón a los pueblos indios, me transportara por los siglos de conquista, dominación y exterminio transcurridos; a viajar hasta aquella “otra cruzada” de fines del siglo XV con que iniciara la acumulación originaria del capital…

La búsqueda de mercados y la evangelización del “Nuevo Mundo” –que parece no terminar nunca– devastaron la cultura y costumbres de los pueblos originarios. Los dioses que ahí moraban, fueron desalojados del continente y los “indios paganos” obligados a renunciar a su natural cosmovisión. Maltratados o asesinados, la Iglesia solapó los agravios y su ministerio fue el de adoctrinar las “nuevas costumbres”. Los intentos piadosos de algunos evangelizadores (entre ellos Fray Bartolomé) por hacer de aquella expedición algo “más humano”, fracasaron irremediablemente.

Cinco siglos después, la itinerante iglesia de Roma, no enfrenta ya a los pueblos paganos de entonces. Sus “nuevas cruzadas” tienen ahora como adversarios a un evangelismo creciente promovido por Estados Unidos, junto al deterioro de los valores tradicionales de la familia provocado por el egoísmo neoliberal.

Puedo imaginar lo difícil que será para un católico revisar la historia y encontrar en la invasión de América las raíces de su iglesia. Más aún, descubrir que Urbano II, Gregorio VII y Alejandro III, organizaron desde el Vaticano expediciones militares “para extender la fe de Cristo”. Conocidas como “Las Cruzadas”, los ejércitos de Roma se lanzaron sobre Asia Oriental tratando de restablecer el control de La Tierra Santa (Jerusalén) dominada entonces por los musulmanes. La misión, que  perduró por más de 200 años, costó la vida de miles de personas. Además de musulmanes, sucumbieron judíos, rusos, eslavos, paganos, mongoles, cristianos ortodoxos griegos, prusianos… es decir, todos aquellos que no practicaran el cristianismo o se opusieran a los mandatos del Papa.

Hoy, sobre el contexto de la visita a México, en el dorso desnudo de una joven volvió a revelarse un veredicto: “somos las nietas de las brujas que no pudiste quemar”. En Ciudad Juárez hubo quien dijera “bienvenido al infierno de mujeres” y, lo mismo, la tenaz solicitud de un encuentro con Francisco promovida por los familiares de los 43, fue una y otra vez rechazada….Como puede verse, el capitalismo globalizado del siglo XXI al que Roma dice                             querer reformar, conserva aún ese tufo medieval en el que la discriminación, el feminicidio y la desaparición forzosa de personas, pueden contarse entre todas las “vejaciones” contemporáneas.

Dos mil años de existencia y una larga cadena de atrocidades propias, hacen difícil siquiera sospechar, que la sede romana pueda ir al fondo de estos y otros crímenes. Desde la edad Media hasta 1800, es decir, durante casi 7 siglos, la “santa iglesia” persiguió a personas señaladas como brujas, homosexuales, herejes, blasfemos, vagos, borrachos, desobedientes. Los castigos impuestos por ella incluían vejaciones, torturas, humillación pública…para luego quemar el cuerpo martirizado. Más de 100,000 personas fueron asesinadas bajo esa estrella.

El mundo “apóstata” de la ciencia, también sufrió de consecuencias. La Santa Inquisición obligó a Galileo a abjurar mientras que Giordano Bruno fue condenado a ser quemado en la hoguera; y todo por su cosmogonía opuesta a la de Copérnico: Los “insolentes” informes de que la Tierra era redonda y no plana, de que se movía al rededor del sol… de que no era “el centro del universo”… enfurecieron a la iglesia. Aquellas ideas habían desafiado a la época y a la autoridad de Roma.

La historia negra del Vaticano registra también la vida de Rodrigo Borgia (Papa Alejandro VI) de quien se dice presidió más orgías que misas, amén de sostener relaciones incestuosas con su hija Lucrecia.

Sixto IV, el Papa que construyó La Capilla Sixtina, tuvo 6 hijos ilegítimos (uno de ellos con su hermana). Y Julio II –recordado por haber encargado a Miguel Ángel los frescos de la Capilla– fue el primer Papa que contrajo “el mal francés” mejor conocido como sífilis.

Y existen más casos en los que la Iglesia de Roma formó parte de hechos aberrantes contra personas y pueblos, o de que simplemente, hizo caso omiso de ellos: El genocidio de Ruanda; el holocausto nazi; el fraude del Banco del Vaticano; el verdadero papel del ala anticomunista Opus Dei; los vínculos con la dictadura militar argentina de Videla, con Pinochet en Chile y con Franco en España. Están ahí la reunión del Papa Pío XII con Hitler y la militancia de Benedicto XVI en las juventudes hitlerianas… el encubrimiento apostólico de curas pederastas….

El siglo XXI deberá estar en condiciones de conocer a fondo la historia verdadera de la institución más antigua del mundo; de su compromiso actual adherido al capitalismo y del porqué de su cada vez más reducida influencia.

Roma, por su parte, continuará haciendo lo suyo. Obligada por las circunstancias,  continuará promoviendo en América y el mundo, nuevas cruzadas –“expediciones de paz y conciliación”–, ahí, donde la rebelión de los oprimidos pueda ser la amenaza. ■

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