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lunes, 17 junio, 2024
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Volver a Fuenteovejuna

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Por: ÓSCAR GARDUÑO NÁJERA •

Les voy a contar una vieja anécdota antes de entrar a la obra de teatro: cuando las obras de teatro de Miguel de Cervantes (y todos sabemos quién es Miguel de Cervantes) se presentaban la gente, impaciente, se ponía de pie y empezaba a gritar a todo pulmón “¡Lope, Lope, Lope!”, expresando, así, su inconformidad con lo que estaba en escena en esos momentos de Miguel de Cervantes: lo que querían ver era una de las grandes obras de teatro de Lope de Vega, de tal dimensión y fama era el poeta y dramaturgo. 

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Cuentan, además, que Cervantes, fastidiado y molesto por su fama, lo insultó y llegó a afirmar que ese tal (seguro que lo dijo con otras palabras) Lope de Vega era un “Monstruo de Naturaleza” (también llamado “Fénix de los ingenios”). Y es que la obra literaria de Lope de Vega no solo es prolífica, hasta la fecha a mí no me queda claro a qué hora escribía, cómo es que llegó a más de 2000 sonetos, cualquiera de nuestros jóvenes poetas escribe un librito de cien poemitas y ya se siente una gloria, además de cinco novelas, y un tanto más de otras obras literarias, además de que  es uno de los más importantes poetas y dramaturgos del Siglo de Oro español con una biografía por demás emocionante y con unos amoríos que daría para una serie de Netflix de lo más original. Y hasta aquí dejamos la cortísima introducción a Lope de Vega para pasar a la obra de teatro que se presentó este 16 de agosto en el Centro Cultural del Bosque, aquel sitio que les he dicho que se encuentra atrás del Auditorio Nacional, a unos cuantos pasos de la estación del Metro con el mismo nombre, y muy cerquita de la histórica Avenida Reforma. 

“Volver a Fuenteovejuna”es una obra de teatro que funciona como la maquinaria de un reloj suizo: los diálogos tienen un tiempo exacto, se enlazan en su momento justo, el trazo escénico de los actores es equilibrado, cada paso está bien sopesado (y hablamos de un escenario pequeño), la obra funciona por sí sola porque tiene un muy buen texto dramatúrgico de soporte, y la mejor de las sorpresas (y podría decirse de las magias del teatro) es que esto es posible gracias al trabajo titánico de dos talentosas actrices: Emma Dib y Gabriela Betancourt Aragón, quienes realmente se entregan en escena al representar a distintos personajes con las variaciones tonales y el cambio de vestuario que se requiere.

Pero vamos a la historia que, en realidad, si se mira con atención narrativa, es más bien de una anécdota sencilla: “Volver a Fuenteovejuna” está basada en una biografía no autorizada de Lope de Vega que cuenta uno de los episodios más emocionantes del gran poeta barroco, justo cuando escribe una de sus obras teatrales más emblemáticas de su carrera literaria: “Fuenteovejuna”. No obstante, enamoradizo como era Lope de Vega (sus cartas amorosas, unas cuantas de los cientos que escribió, se pueden incluso descargar de manera gratuita) Elena Osorio, uno de sus grandes amores (aunque a mí me queda aún la duda de si realmente era uno de los “grandes”) hace todo por hurtar la obra de teatro “Fuenteovejuna” con la ayuda de un singular personaje: su criada Pifia, para beneficio propio y venderla a un gran productor con quien ya la tiene apalabrada; y es en este desarrollo donde se producen equivocaciones, aciertos y sorpresas mientras las dos mujeres, Elena y Pifia, se abren paso en un mundo esencialmente feroz y masculino. 

Visto desde la distancia que proporciona la lectura del periódico tal vez ustedes no le vean mucho mérito literario a la obra teatral. Se trata, como ya lo he señalado, de una anécdota sencilla, porque la profundidad, la carne que se abre, el fuego de las entrañas, no está en la anécdota primaria sino en el trasfondo de los hechos, en lo que se da tras de la anécdota, cuando cada uno de los personajes, incluso el mismo Lope de Vega, empiezan a confrontarse con una realidad que a la vez confronta al texto literario, a la misma esencia del teatro (una de las preocupaciones más hondas de Lope de Vega), a la ferocidad y al salvajismo de una época que así como gozaba de los sonetos más amorosos, también solapaba la barbarie de los hombres, la misoginia, el odio, fenómenos sociales que se dibujan tenuemente en la obra porque desde el inicio la intención es sugerir, provocar la inteligencia del espectador, permitirle una libre interpretación antes que encerrarlo en las paredes que supone la cronología de los hechos. 

Los recursos técnicos de la obra teatral son, a mi juicio, muy acertados: permiten la sensación de misterio propio de la época, como esas callejuelas que tantas veces se nos dibujan en la época de Oro de la literatura española. 

Qué precisión y belleza se consigue cuando tanto las luces como los efectos de humo son atinados sin que el director tenga que llenar el escenario de actores: basta ese efecto que te envuelve, que te atrapa, que hace de máquina de tiempo y te lleva justo a donde quieren los que se han encargado de la obra. Y tal vez hay que señalar un exceso en el texto dramatúrgico: hay momentos donde se saturan los diálogos y se vuelve complicado entender lo que dicen por la rapidez con que lo pronuncian las actrices, habría que bajar esa rapidez y mejorar la dicción o pulir el texto si es tanta la insistencia en que prevalezca el léxico de los Siglos de Oro. 

Quiero nombrar el trabajo de todo el equipo de la compañía Cardumen Teatro antes de finalizar: el texto corre a cargo de Mariana Hartasánchez bajo la dirección de Ginés Cruz y las aplaudidas actuaciones de Emma Dib y Gabriela Betancourt Aragón; los inmejorables diseños de escenografía (es una belleza, créanmelo), iluminación (ya hablé de ella) y vestuario son de Mauricio Ascencio; la escenofonía y musicalización es de Joaquín López “Chas” y la asesoría vocal es de Carmen Mastache.    

Si ustedes están a punto de viajar a la Ciudad de México no se la pueden perder: la temporada será del 17 de agosto al 17 de septiembre en horario de jueves y viernes a las 20:00 horas; sábados a las 19:00 horas, y domingos a las 18:00 horas, en el Teatro El Granero Xavier Rojas del Centro Cultural del Bosque (CCB). Y si de plano no pueden venir a la Ciudad de México les sugiero que se organicen, que pidan a los responsables culturales de Zacatecas que les lleven la obra teatral, porque estoy seguro que la Compañía Cardumen Teatro aceptará la invitación.   

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