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viernes, 19 julio, 2024
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Historia y poder (sexta parte)

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Por: MIGUEL ÁNGEL AGUILAR •

Este año de 2014 será de gran conmemoración por los sucesos del martes 23 de junio de 1914 en donde la ciudad, nuevamente, quedó paralizada por el asedio, el heroísmo, el saqueo, el robo descarado, la rapiña en toda su gesta.

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Valdrá la osadía rememorar los sucesos en donde intervinieron los más inesperados acontecimientos del horror, el crimen, el fusilamiento, la carga de valor ¿o de cinismo?

Sin tomar parte de los bandos, sin refutar la historiografía que solo cuenta lo espectacular de una gesta de ambos bandos, los “revolucionarios” en el papel de Villa, Felipe Ángeles, Pánfilo Natera, Samuel Bolaños, etc. o de “los oficialistas” “huertistas” en Benjamín Argumedo, Luis Bernal y muchos otros que cumplieron con su “papel”de defender la ciudad sitiada, el lector deberá pues, prepararse para un constante trajinar de fechas, sucesos, noticias y hasta datos que jamás imaginamos en dicha gesta.

Don Benjamín Morquecho cuenta que hacia 1946, cuando la ciudad de Zacatecas tenía escasos 15 mil habitantes, los daños a su estructura arquitectónica aún se notaban como huella del acoso que vivió con bombazos, ametralladoras, armamento estadunidense, español, francés y austriaco que ambos bandos esgrimían, másallá de la gran artillería, los cañones poderosos, el reflector gigante de luz que desde el Cerro de la Bufa pusieron los soldados huertistas para detectar guerrillas o la bitácora de Felipe Ángeles a sus 46 años, bajo la supervisión estricta del mismo Francisco Villa.

En las galeras del Archivo Histórico Municipal extrañamente desaparecieron o no fueron registrados los daños de 1914, existe un hueco de la información acerca de quiénes eran los principales personajes que intervinieron en el acoso y repliegue de “la toma”, por lo tanto, el rastreo de la información se basa en numerosos documentos de quien eran los buenos y quienes los malos a partir de diarios de guerra, reportes periodísticos de la época y de quienes fungieron como cronistas inesperados o muy esperados por los acontecimientos.

El cronista de la ciudad me reveló que muchos de los que defendieron sus posiciones ante el asedio de los “revolucionarios” fueron traídos de la ciudad de México, engañados de que iban a “combatir a los gringos invasores en Veracruz” y que muchos eran borrachines, vagos y la leva dispuesta a ganar algo de mendrugo, muchos forzados, muchos desvanecidos, entre la multitud de soldados que solo cumplían con órdenes y dictados de sus jefes superiores.

Ya veremos pues, a su tiempo, los detalles en que Zacatecas fue protagonista de una de las batallas más sangrientas de la Revolución Mexicana y que causó el estupor nacional y mundial por lo aguerrido de sus acciones.

Sólo baste rememorar por ahora, que nuestra ciudad aún tiene heridas abiertas y cicatrices difíciles de borrar. ■

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