Los mismos maestros: otros docentes

Los mismos maestros: otros docentes

Los maestros están trabajando con intensidad desde su casa: preparan clase, transmiten los contenidos por algún sistema de conferencias de conexión múltiple, dejan tareas, reciben las mismas y en la noche se ponen a revisar trabajos. En el caso de la educación básica, los padres acompañan o auxilian a los niños en el manejo de las computadoras y aseguran que estén listos en cada instrucción de los docentes. Pero en todos los niveles educativos, incluyendo el postgrado, ha resultado una experiencia novedosa. También las funciones administrativas se realizan por vía remota.

Antes de la pandemia, muy pocos programas de educación superior y casi ninguno de básica trabajaba apoyado en las tecnologías de la información y comunicación. Era una de las tareas pendiente. En el caso de la BUAZ, de 32 unidades académicas sólo 4 tenían programas en línea. Y en pocas semanas, han tenido que escalar al uso de las TIC’s de manera brusca. Esta experiencia ha sido un terremoto. Los profesores que estaban alejados de las opciones en línea y de los formatos de videoconferencias, han tenido que aprender a marchas forzadas. En otras palabras, la pandemia ha obligado al brusco aprendizaje de los maestros en modalidades a distancia. En medio de situaciones malas, en ocasiones, resultan cosas buenas.

Cuando lleguemos a esa ‘nueva normalidad’ (que no es el regreso a ninguna parte), es muy probable que el uso de las TIC’s permanezca y se conviertan en apoyos ordinarios de los procesos de enseñanza-aprendizaje. Hay quienes se preguntan si la entrada tan decidida de las tecnologías implicará la sustitución o desplazamiento de los profesores. Poco probable que se prescinda de los docentes, porque siempre necesitamos quién construya los cursos (aun en los tipos MOOC), oriente a los estudiantes, evalúe y asegure los aprendizajes. Lo seguro es que la práctica docente sí será altamente impactada: en todos los niveles se agregarán necesariamente formas de autoaprendizaje. Transitaremos a procesos con mayores dosis de autogestión de los saberes. Tendremos los mismos maestros con diferente docencia.

Sin embargo, el problema mayor en este tema es la equidad educativa: los alumnos de las comunidades marginadas que no tienen acceso a internet y no cuentan con ordenadores, profundizan su condición de marginación. En este caso, los maestros tienen retos mayúsculos. Estamos en un país con grandes brechas de injusticia educativa, las cuales aun siguen sin atención. Continúan en el abandono: a los profesores los han llenado de discursos, pero no de medios. Cuando lleguemos a la nueva normalidad, la educación marginada lo estará aun más. Lo cual se traduce en metas heroicas para los maestros, que también tendrán otra docencia. En pocas semanas otra es la realidad. Pero es importante que los maestros, aun cuando necesariamente tendrán que ser otros docentes, cultiven la mejor capacidad educativa: el sentido crítico de su realidad. Y con dicho sentido hagan posible la educación que necesitamos los mexicanos, que luchen para eso: el maestro luchando también está enseñando.

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