A cumplir, no hay de otra UAPUAZ

A cumplir, no hay de otra UAPUAZ

Increíble, apenas inició a gobernar el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, de inmediato se encuentra frente a sus promesas hoy convertidas en reclamo o al revés, reclamos convertidos en promesas tal vez añejas, pero no abandonadas, sino vigentes o algunas “hasta urgentes”, cuyo cumplimiento no era para hoy, sino para ayer, por el dolor que entrañan ¿o el olvido institucional, al que se atienen algunos criminales? Luego de su primer fin de semana como Presidente de México, el lunes inició a enfrentar sus compromisos de campaña para cumplir lo prometido al firmar, por ejemplo, el Decreto con el que crea la Comisión de la Verdad para saber lo realmente ocurrido en el caso Iguala y, por supuesto, castigar a los culpables, no dijo encontrarlos porque eran conocidos, sólo que ya hubieren muerto, huido y se les persiga en donde estén para apresarlos, juzgarlos, sentenciarlos y así hacer justicia por los estudiantes de Ayotzinapa, asesinados e incinerados o asesinados por incineración en un campo agrícola.

Excelente, la promesa de Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación es: no habrá “ningún obstáculo ni trampa para saber lo que ocurrió” y ordenó, “a todo el Gobierno prestar todo el apoyo a la Comisión para llegar a la Verdad” y algo fundamental: “éste es el primer paso de muchos más en la construcción del proceso de paz para que las víctimas de la violencia tengan acceso a la justicia” e indicó que “la Comisión de la Verdad estará conformada por familiares de los 43 normalistas desaparecidos o por quien decidan que los represente; las Secretarías de Gobernación, Relaciones Exteriores, Hacienda y los expertos que se requieran.”

Además, agregó: “se retomarán las investigaciones y recomendaciones emitidas por diversos organismos como la Comisión Nacional de Derechos Humanos, la Alta Comisaria de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, del grupo interdisciplinario de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos”. Por parte del gobierno de AMLO, ya está puesta la dinámica y la estructura para hacer justicia a uno de tantos otros olvidos que han dejado sin castigo a crímenes tremendos de lesa humanidad.

Inaudito en su momento y todavía hoy, ¿por qué deliberar y decidir, ordenar, quemar vivos a 43 jóvenes estudiantes? ¿Quién dio la orden, en lo más alto y qué subordinados la cumplieron? Importa saber también el móvil para la conspiración de los autores criminales: quiénes, cuándo, dónde y por qué, acordaron cometer semejante atrocidad, desde el más importante hasta el de menos importancia o sin ella, para que cada uno responda por ese crimen y se haga justicia cuando se les procese, sentencie y reciban el castigo correspondiente. ¿De entre esos, hoy asesinos impunes, quien era quien, en ese momento, para hacerle la asignación de culpas y aplicarle con justicia los castigos correspondientes?

Suposición sencilla sobre los culpables, fue una jerarquía la que deliberó, tomó la decisión y ordenó la incineración, otra la que actuó, gente de a pie. ¿De dónde salió la orden, de qué adscripción? Pero antes, ¿De quién fue la idea y quienes la hicieron suya, para ordenar para incinerar a los normalistas y finalmente, en el campo, quién ordenó encender el fuego y quién o quiénes lo encendieron? Niveles de gobierno y de instituciones se entrecruzan, funcionario, burócrata, civil, paramilitar, militar: quien o quienes hayan sido los autores, todos deben responder por esos actos, en los que sin duda operó una jerarquía con poder de subordinación, porque no fue una secuencia criminal fortuita sino deliberada y planeada. En ese momento, hasta banal le pudo haber parecido en ese momento al autor, quemar a los estudiantes para darles una lección con fuego que los convertiría en cenizas. A la postre lo coloquial: Se lo buscaron y a festejar el crimen de asesinar a 43 estudiantes inermes, en una parcela agrícola.

Ayotzinapa, vive.

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