¿Hacia dónde va la familia?

¿Hacia dónde va la familia?

Mucho se menciona que uno de los motivos por los que en México las conductas antisociales y la delincuencia crecen desmesuradamente es la descomposición del tejido social, lo cual es indudable; en cambio, se habla menos de cuáles son los orígenes esenciales de esa descomposición.
Es evidente que las variables son bastantes y para analizar a fondo cualquiera de ellas no bastaría el espacio periodístico de un artículo. Sin embargo, hay datos estadísticos cuya importancia los hace dignos de ponerlos a la vista de los lectores para que cada uno los evalúe y llegue a conclusiones propias.
Analistas, investigadores, políticos y hasta jerarcas clericales insisten en dictaminar que las causas más profundas de la ruptura del tejido social radican en la que siempre ha sido considerada célula básica de la sociedad: la familia.
Coincidimos plenamente en esa afirmación y por eso hoy nos referiremos a informes recopilados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y dados a conocer en febrero y septiembre de este año, referentes al matrimonio y los nacimientos. No intentaremos desmenuzar la información ni hacer deducciones. La presentamos y cada lector haga sus propias conjeturas, sin menoscabo de aventurar nosotros una que otra opinión.
Todos sabemos que respetar los derechos de niños y adolescentes es la mejor vía para asegurarles las mejores oportunidades de desarrollo y se entiende que la familia es el seno ideal para fomentarlas. Por eso es necesario echar una mirada a la situación del matrimonio en México.
Como antecedente, veamos algo que dice el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef): “el matrimonio infantil y las uniones tempranas constituyen una violación a los derechos humanos y son prácticas nocivas que afectan gravemente su vida, salud, educación e integridad”.
Pues bien, según la Encuesta Intercensal 2015, el porcentaje de adolescentes en unión libre entre los años 1990 y 2015, subió de 2.5 a 5%, mientras que el casamiento cayó de 4 a 1.6%. Bastó un cuarto de siglo para que las parejas que eludieron el matrimonio se duplicara, al tiempo que las bodas se derrumbaron al caer de 4 a 1.6%.
Otro dato significativo es el hecho de que en 2015 el porcentaje de mujeres unidas de 12 a 19 años que nunca fue o abandonó la escuela ascendió a 90.3%.
La Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (Enadid) de 2014, también del INEGI, revela otros datos igual de inquietantes: Más de la mitad de las mujeres de 15 a 49 años alguna vez unidas lo hicieron antes de cumplir los 20 años.
Como se nota, crece aceleradamente el número de menores de 20 años, unidas libremente o al amparo de la ley, con las desventajas personales y los riesgos sociales que eso implica. Veamos ahora los resultados de esos comportamientos juveniles.
En la Estadística de Nacimientos Registrados en 2017 del INEGI, basada en los datos administrativos de las oficinas del Registro Civil de todo el país, suministrados por 5 mil 194 informantes, se revela que en el año pasado hubo 2 millones 234 mil 39 nacimientos y la tasa de nacimientos por cada mil mujeres en edad reproductiva fue de 66.1. De esos alumbramientos, 50.8% fueron hombres y 49.2% mujeres.
Al momento de dar a luz, 50.3% de las madres, un millón 124 mil 33, vivían en unión libre; 29.1%, 650 mil 27estaban casadas, y 12.6%, 281 mil 453, dijeron ser solteras. Concretando, poco más de la mitad de la madres vivían en unión libre, 12.6% estaban solteras y solo 29.1% eran casadas.
Para cerrar el cuadro nos remitimos a Zacatecas, donde la tasa de nacimientos registrados por cada mil mujeres en edad reproductiva es el tercero más elevado del país, con 80.9, atrás de Chiapas, con 90.2, y Guerrero, con 85.5.
Las cifras indican que actualmente más de la mitad de nacimientos corresponden a parejas que viven en unión libre y más del 12% a madres solteras.
Si la unión de hombres y mujeres adolescentes crece aceleradamente mientras el número de matrimonios legalmente constituidos ha caído estrepitosamente, ¿hacia dónde va la familia, esa a la que todavía le damos el papel de célula básica de la sociedad?
Es hora de que autoridades gubernamentales, todo el sistema educativo público y privado, así como iglesias de todos los credos y los ciudadanos comunes nos pongamos a reflexionar seriamente sobre la familia y actuemos, porque su futuro a todos nos concierne. ■

*Titular de la Coordinación Estatal de Planeación

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