Del 68 al 2018: ¿ha triunfado o no la lucha por la justicia y la libertad?

Del 68 al 2018: ¿ha triunfado o no la lucha por la justicia y la libertad?

Hoy recordamos la brutal represión que el gobierno de México descargó sobre los jóvenes estudiantes en 1968. El gobierno de Díaz Ordaz usó al Ejército para ocupar Ciudad Universitaria, intimidar, detener a los universitarios y, finalmente, disparar contra ellos. Fue ejemplar la actuación del rector Barros Sierra al encabezar una gigantesca manifestación contra las acciones de ocupación de las instalaciones universitarias, y la solidaridad de sindicatos y padres de familia en muchas de las acciones organizadas por el Consejo General de Huelga. Protestar sin permiso era un delito: se debía pedir permiso a la autoridad para hacer reclamos púbicos en contra de ella, y si se realizaban las manifestaciones sin dicho permiso, se podía ser acusado del delito de ‘disolución social’. Así de irracional era el autoritarismo del gobierno mexicano.
La agitación estudiantil era un movimiento libertario en todos sentidos. No sólo significó luchar contra el régimen político vetusto y tirano, sino era una lucha por la libertad de los géneros, la igualdad de derechos y el cambio de roles sociales o conductas pautadas propias de un orden asfixiante. Ese movimiento era un respiro, un suspiro y una aspiración. Es el tiempo de la crítica desde la idea de que todos esos saberes e instituciones que se hacían pasar como naturales y legítimos eran, en realidad, una expresión más del poder que se colaba a la regulación de todas las dimensiones de la vida cotidiana: la crítica era una biopolítica. Se criticaba al Estado y también a las instituciones que lo componían: escuelas, cárceles, familia patriarcal, machismo institucionalizado y sus múltiples formas de opresión. Eso fue lo que reprimió el régimen de Díaz Ordaz: la aspiración libertaria de los jóvenes calificada de comunista.
Efectivamente, los jóvenes de esa época tenían en su marco de referencia el imaginario de la revolución. La idea de que era posible cambiar el mundo y hacer de éste un lugar de justicia y libertad. Pero recibieron garrote, balas y muerte. Ahora tenemos una generación de jóvenes que no piensan en la revolución, una sociedad fragmentada y un Estado corrupto. Demasiadas personas babeando por enriquecerse mientras el planeta se muere. Hemos cambiado la revolución por la democracia. Padecemos una economía ecocida y que produce desigualdad y violencia. El Papa Francisco le llamó “la economía de la muerte”. En los 60’s es el tiempo también cuando los teólogos desde las venas abiertas de América Latina se dieron cuenta que Dios no sólo cuida el orden, sino que promueve la justicia social: nace la teología de la liberación.
En suma, ahora mismo en México, ¿Cómo estamos respecto a los ideales del 68? El neoliberalismo es justo lo contrario a esos ideales. Lo cual, esperamos, a partir del próximo año termine. E iniciemos una economía orientada por la igualdad, un cuerpo de policía que combata únicamente la inseguridad (tal vez con la propuesta de Guardia Civil) y el reconocimiento de las libertades civiles. Esperamos que la lucha iniciada en el 68 desemboqué ahora en un gobierno que No reprima a la población, respete e impulse las libertades y busque disminuir la grosera desigualdad que ahora vivimos. Del 68 al 2018, 50 años de espera para triunfar: ¿lo hemos hecho? Eso lo sabremos pronto.

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