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Andrés Manuel ya nos está poniendo nerviosos

Andrés Manuel ya nos está poniendo nerviosos

El presidente electo continúa presuroso en sus actividades, donde convoca a gente de reconocida trayectoria oportunista y sin historia en la lucha popular, para infundir confianza a los mandones del capital financiero y a los miembros inversionistas y desarrolladores de la nueva élite nacional: empresarios ambiciosos, políticos desertores, oligarcas rancios y hábiles arribistas. Esto no es ser de izquierda.
Ahora la novedad es la incorporación al mundo de los libres de la lideresa magisterial que, si bien no regresa para ocupar una cartera en el gabinete, mantiene el peso de su piederecho sobre el cogote de los líderes del SNTE y amenaza con hacer nuevamente lo que hizo en sexenios pasados: involucrar su inmenso poder político para influir en las decisiones presidenciales, a cambio del apoyo agresivo y movilizado de sus seguidores en el magisterio.
Conocedora de la liturgia del poder, envió un mensaje inequívoco: estará aquí para enriquecer su mangoneo y para cobrar decenas de facturas, donde sobresalen las que va acobrar a Enrique Peña Nieto.
Andrés Manuel parece estar mareado por la posición que, gracias al voto denosotros los ciudadanos, ganó amplia y legítimamente; sin embargo, en pocas semanas demuestra una dirección confusa y, habría que decirlo,produce un receloascendente entre la población mexicana informada y reflexiva. Lo raro es que impone a su gente y, salvo en apariciones públicas donde presume su fantástica Icaria,atiende su agenda en el más hermético silencio.
Empero, todavía hay muy pocos sectores sociales e individuos capaces de emitir una opinión contraria a su estilo, porque los votantes aún no se cortanla embriaguez del triunfo. Ellos consideran que, al final, el que ganó el primero de julio de 2018 logrará enmendar, no dicen cómo, esta gran feria de desatinos y nos colocará en el espacio del progreso, todavía mejor que durante el periodo del Desarrollo Estabilizador, y nos ayudará a reencontrar la paz necesaria para lograr un futuro feliz y consistente, de trabajo para todos. En la duda, abstente.
De la postura crítica de los miembros del Morena, hay nada que decir. Su silencio lapidario reconoce que ha echado raíces en ese movimiento la lamentable tradición de tener quietos a los simpatizantes y a la militancia de base: no hay discusiones internas que critiquenel rosario de inconveniencias de Andrés Manuel. La gente ya cumplió su cometido: votar y votar; ahora, por favor manténganse giritos. De ahí, como en los mejores tiempos del PRI, no saldrá algo mejor para entender la increíble impostura de su líder.
En este momento, no todo son expectativas confiables. Elba Esther llegará a cumplir la función que desarrolló en los sexenios de Salinas de Gortari, Zedillo, Fox y Calderón. Su accionar, mediante el rudo apéndice de una base magisterial cautiva, regresa a ocupar su espacio para hacer lo mismo de siempre. No hay duda. Bastaron 10 minutos de su discurso de regreso, en el momento preciso en que López Obrador hacía polvo la Reforma Educativa en las narices de Enrique Peña Nieto, para hacernos entender que su trabajo será apoyar al futuro presidente. ¿A cambio de qué? Aún no lo sabemos, pero lo sospechamos.
El ungido ha reducido los mensajes para la gente de a pie. Ahora se dirige sólo a los dueños del país y a la oligarquía empresarial,para que confíen en que la bromaradical de la lucha progresista no es para tanto; al final, las calabazas se acomodarán en la carreta. Sus nuevas funciones consisten en entrevistarse con la gente “que sabe” y sólo habla para “los que saben”, y ha soslayado el discurso claro para la gente del trabajo. No es aplicado para hablar con los obreros activos de las zonas fabriles, no se le encuentra una intención de crecer políticamente al plantear soluciones a la problemática de los campesinos.No manifiesta referencias para la democracia sindical, más allá de anunciar la apertura del patrimonio de los sindicatos. No habla ni generalidades, acaso previendo un nuevo periodo de impunidad, robo y holganza, de Carlos Romero Deschamps, Víctor Flores, Carlos Aceves del Olmo, Víctor Fuentes y demás charros millonarios y herederos de Fidel Velázquez.
De los indígenas ni se diga: no están en los lugares preferentes de su agenda, no obstante que en varios de sus libros AMLO manifiesta su preocupación por la pobreza lacerante en que viven los descendientes de los pueblos originarios y presume mucho acerca de su trato afable con el subcomandante Marcos (hoy Galeano), hasta asegurar que, de su parte, hay simpatía y nunca ha existido distanciamiento con el guerrillero, ni amagos de ruptura. Pero no les brinda ni un par de minutos, como los concedidos a J. Antonio Meade Kuribreña en aquel famoso desayuno.
El subcomandante Galeano ya expresó recientemente su inquietud acerca del nuevo estilo y preferencias de Andrés Manuel, acaso dolido por la visita del presidente electo a la deslumbrante zona de desarrollo agrícola y forestal, propiedad del camarada morenista Alfonso Romo. A ver, ¿qué tenía que hacer nuestro futuro presidente en la finca chiapaneca de un miembro de la oligarquía empresarial, en un periodo donde debería estar explicando a los zapatistas y demás poblaciones indígenas el contenido de su visión política reconstructora, más allá de haber hecho el nombramiento de los nuevos responsables de este trabajo?
En lo personal, creo que su actitud responde a la intención traviesa de enviar un mensaje críptico a los dirigentes del EZLN, de esos que se festejan mucho en los periódicos aliados al PRI y el PAN, y que culminan con un rosario de medidas excluyentes en contra de las fracciones críticas de la población.
Lo del presidente electo podría considerarse una pifia muy grave: preferir a Alfonso Romo que a un sector movilizado de los pueblos indígenas, para hablar de modernidad, tecnología y desarrollo. Como diciendo: “el de Alfonso Romo es el futuro; el de ustedes, los restos del pasado. Yo, como liberal juarista, continuaré el camino con las ideas modernizadoras, para lograr la Cuarta Transformación del país”.
Andrés Manuel ya agarró por su cuenta la parranda. Su ligereza no concibe fracaso alguno. Cuidado. Al no ver las consecuencias de sus actos, irá chocando más fuerte con la realidad. Lo que él hace no es de izquierda.

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