De Tomás Méndez, Rocío Nahle y la rebelión de los inquilinos

De Tomás Méndez, Rocío Nahle y la rebelión de los inquilinos
La zacatecana Rocío Nahle foto: la jornada

Cucurrucucú Paloma es una de las bellas canciones del mundo.
Y es de un zacatecano.
Tomás Méndez creció a la par de la maravilla entre un pueblo que se inclina siempre por sacar del perfeccionamiento la tranquilidad para componer canciones insólitas.
Documentada la maravilla del acervo humanístico de los zacatecanos, nos queda seguir en la profunda meditación de que ha valido la pena toda circunstancia.
Entre un mar de cosas, surge la altiva Rocío Nahle en el ámbito nacional y es de Río Grande Zacatecas y orgullosa egresada de la UAZ y con un abanico de números que recorren su trasferencia hacia el mundo: destacada en el Movimiento de Regeneración Nacional y en el gabinete estratégico de López Obrador, ella lleva su autonomía singular: clave 8: ese número le otorga la capacidad de lograr lo que precisa y le brindará seguridad en la etapa de vejez.
La historia de Zacatecas ha de ser considerada como una de las más deslumbrantes del mundo por haber sido generadora de los cambios más alucinados de la humanidad y se reduce a una sola cuestión vital: la abundancia de sus minerales que transformaron la economía del planeta entero.
Y cuando la Unión de Inquilinos de Zacatecas amenazó con huelga de pagos en 1923 en los aciagos días de agosto, logró lo que ningún otro movimiento similar en el país y el mundo: el cese a la represión, los abusos y la aprobación de las nuevas tarifas que detuvieran el despojo. Tuvo el apoyo de los huelguistas panaderos que en todo momento apuntalaron con dinero y enseres y palabras de aliento.
Eso urge siempre: cantar, reconocer y dar aliento fraterno.
Recordar y nunca olvidar.

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