¿Por qué ganó Andrés Manuel López Obrador la Presidencia?

¿Por qué ganó Andrés Manuel López Obrador la Presidencia?

Resultó tan contundente el triunfo electoral, que todos –tiros y troyanos- apuraron su reconocimiento y felicitación a AMLO y a Morena: los presidentes del mundo, Peña, la oposición, los oligarcas, sindicalismo oficial e independiente, el pueblo y muchos más. Porque en verdad es histórica la altísima votación y el arrollador triunfo.
Sin duda, rebasó a la mayoría de las expectativas de triunfo, porque esa votación arrasó también las cámaras legislativas nacionales y locales, a los gobiernos estatales y municipios, la Ciudad de México, alcaldías y levantó, como nunca, el ánimo, orgullo y unidad nacional.
Curiosamente entre los enemigos (emboscados) y los críticos, la razón del triunfo se debe al hartazgo ciudadano de los gobiernos del PRI y el PAN. Si no fuera por eso, quizá no ganaría. Según The Washington Post y The New York Times (El Universal, 4-VII-18): el triunfo no se debe tanto a AMLO, como al “rechazo masivo a los partidos tradicionales mexicanos”. Los méritos son ajenos, no de AMLO. Curiosamente aquí, Televisa y otros, repiten el mismo argumento.
Siendo cierto el hartazgo en parte, no es ni la principal razón ni menos la explicación de fondo de un tema tan profundo y complejo, el cambio socioeconómico y político que se abre con el triunfo de AMLO: ¿por qué ganó? No lo explica el hartazgo. ¿Por qué tuvo tan alta preferencia del electorado? Pensamos que fue, entre otros aspectos:
Porque jamás México ha tenido un político que haya estado más en contacto y vinculado con el pueblo: antes, durante y después de las elecciones de 2006, 2012 y 2018 que AMLO. Desde 2005, él ha recorrido varias veces el país hasta los últimos rincones.
Conoce los problemas de las personas del campo, indígenas, niños, trabajadores, empleados, estudiantes, tercera edad y jóvenes como: ¿quién como él conoce los problemas sociales?
Su honestidad y sinceridad personal la conocen el pueblo y los enemigos. No es nueva, es de siempre.
Ha sido el Jefe de Gobierno del D.F., más apreciado de la historia, su obra fue y es reconocida por la ciudadanía.
Recordemos la obra de AMLO al frente del Gobierno del DF, que inició reduciendo el salario de 10 mil altos mandos en 40 y 30%, mientras que en seis años aumentó los salarios más bajos de 250 mil empleados del GDF, arriba de la inflación anual, por más del 3% y hasta 7% cada año, hasta llegar al 36% arriba del tope salarial. El compromiso de no intervenir el gobierno en los tribunales de justicia, para hacer efectiva su autonomía.
Fue defendido por una inmensa movilización del D.F. contra el desafuero de 2005, impuesto por Fox, Pan, PRI y oligarquía.
Fue tan alta la votación a favor de AMLO y Morena de 2018, que puso en crisis interna al PRI, al PAN y al PRD, y de paso a los partidos chicos y a los candidatos independientes.
Puso en crisis y rompió la alianza histórica del PRI y PAN, nacida en 1988 del fraude, cuando el PAN reconoció a Salinas como triunfador en contra Manuel Clouthier que nunca lo reconoció. En 2006, el PRI apoyó el fraude del PAN, con Calderón; en 2012, el PAN apoyó al PRI el fraude de Peña Nieto, que ganó comprando votos ilegales con tarjetas. Una alianza sucia contra México.
En 2012, el PRI, PAN y PRD firman el “Pacto por México” contra el pueblo y la nación, para privatizar Pemex, CFE y entregar a la oligarquía nacional y extranjera el patrimonio y la riqueza nacional, la educación, fue un pacto contra la Nación y el Pueblo, la Revolución, la Constitución y la obra Cardenista. Para ser todos un grupo al día, moderno y neoliberal.
En enero de 2013, el PRI reforma sus estatutos internos, para eliminar la prohibición de privatizar Pemex, CFE, la reforma de la ley laboral y permitir que su candidato a la presidencia no sea del PRI. Firman la traición a la Nación, a la Revolución de 1910, a la Constitución de 1917, a la obra Cardenista de 1934 a 1940 y contra sus propios militantes: “un tiro al pie”.
El llamado hartazgo es mucho más que una indigestión popular. Es una realidad más compleja, digamos, nada fácil de simplificar que nos exige a todos levantar la guardia ante los enemigos de ayer y los amigos de hoy. Los que ahora con un doble lenguaje “felicitan” a AMLO y antes hicieron lo posible por impedir su triunfo, manejan la traición con la diestra y la amistad con la siniestra.
Los críticos de los poderosos diarios de EU, dudan también de las promesas de AMLO y, de paso, lo tildan de “populista”, sin explicar qué quieren decir con la palabrita de moda. Desde luego cualquiera entiende que se trata de una persona popular en sentido peyorativo: un enemigo político al que hay que vencer, incluido Trupm, dicen los críticos. Para los especialistas el populista puede ser de derecha o de izquierda. ¡Qué tal, qué reine la confusión y ganamos! Los críticos parecen del centro, los buenos. Resulta que ahora es lo mismo ser de derecha que de izquierda. Por tanto, comparar a Trump con Maduro, a Lula con Temer, a Kirchner con Macri, y a Peña Nieto con AMLO. Cuando que, los ayer que reconocieron a Lula, hoy lo encarcelan.
Esta es una forma de confundir deliberada ideológica y política al televidente, para que prevalezca el doble lenguaje: “ayer hice lo imposible contra de ti y hoy te felicito por estar en el poder”. Ayer -como la CTM, la CROC y el PRI-, juntitos hicieron: la peor reforma laboral de la historia contra los trabajadores del país, hoy felicitan a AMLO. Ayer robamos, hoy nos reconciliamos “con ya sabes quién”. Acaso ¿Creemos en la sinceridad de la oligarquía o es puro teatro, en tanto se preparan para actuar en contra de AMLO y lo que él representa?
Para los que dudan del cambio de rumbo de la Nación, ya tenemos la primera declaración del AMLO: mi sueldo será la mitad del de Peña; otra más: se harán dos refinerías nuevas y se repararan 6 existentes (que desde 1983 se abandonaron y luego privatizan); otra, cambiará la educación y se rechaza la reforma educativa neoliberal, etc.
Entre los cambios que anuncian AMLO y Morena, está reivindicar la Historia Nacional, abandonada deliberadamente por los seis gobiernos previos, debido a que la historia es enemiga del neoliberalismo porque es la gran enseñanza de las contradicciones y de las luchas populares, sus triunfos y derrotas. No conviene que el pueblo aprenda de sus luchas, ni de las obreras, magisteriales, campesinas e indígenas.
Las cuatro etapas históricas anunciadas por AMLO: la independencia, la reforma juarista, la Revolución de 1910 a 1940 y la que inicia en 2018, son justo el referente ideológico y político que orientarán al gobierno, se apoyará en nuestra historia y experiencia –sin excluir la internacional y latinoamericana-, como parte de nuestro pasado, como un presente vivo y el futuro al que aspiramos. Siempre con la participación activa de los ciudadanos por sus intereses, derechos y en la toma de decisiones. n

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