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Soberana paliza

Soberana paliza

Como buen aficionado y practicante del rey de los deportes, el candidato de Morena en el juego que resultó ser la campaña presidencial barrió a sus adversarios. Terminada la competencia terminó conectando de hit al ser un triunfador contundente al llevar siempre ventaja desde el inicio hasta el término de la campaña;, pegando un doblete al derrotar a los adversarios de los dos partidos representantes de lo que él llamó la mafia del poder y que eran los que le podían ganar; también produjo un triple al confirmar que la foto que habían mostrado las encuestas se cumplieron los vaticinios incluso por arriba de lo estimado, aliado al pueblo derroto el miedo y generó esperanza en el electorado y finalmente culminó con un jonrón con casi casa llena al ganar con el margen de una votación que le dio la mayoría absoluta arriba del 50 % de los votos, con una gran legitimidad histórica muy por encima de los candidatos presidenciales que le precedieron. A lo que habría que agregar que se alzó con la mayoría relativa en el Congreso y con la victoria a la vez de cinco de las nueve gubernaturas en disputa y la mayor parte de las principales ciudades del país. Por eso es que el mercador resultó ser una soberana paliza para expresarlo en términos beisboleros.
Con una campaña en la que les madrugó a sus adversarios y que prácticamente arrancó desde el inicio del actual sexenio, López Obrador cumple su obstinado sueño de conquistar la presidencia de México a los 64 años de edad. Después de dos intentos frustrados el tercero fue la vencida como lo había dicho. Su triunfo es el primero de un prospecto después de “Tata Lázaro” y lo hace con la legitimidad que lo respalda la participación ciudadana por arriba del 63 por ciento. Porfió, le terqueo y ganó. El ser necio, terco, obstinado y obsesivo rindió sus frutos.
AMLO con su arrollador triunfo resultó ser el amarrador de un tigre que, agraviado e irritado de tanto chingarlo, apaleándolo sus anteriores domadores tricolores y azules. Fiera sobre la que advirtió que él se desentendería en caso de que, si reaccionaba enfurecido, lo amarrara quien lo soltara. Por fortuna el felino se volvió calmo y sosegado y lleno de esperanza a la espera de una vida más promisoria que la que le dieron los capataces del modelo neoliberal y vigilantes de cumplir con la ortodoxia del consenso de Washington.
En el discurso que pronunció en el Hilton Alameda cuando las evidencias y el reconocimiento de su victoria eran contundentes, hablo del respeto de los derechos y de las libertades incluidas las del mercado, amén de combatir sin dar tregua ni distingos a la corrupción. Asimismo, ratifico su compromiso de reducir la pobreza y atacar la desigualdad, para cumplir con el propósito de Morelos de buscar acabar con la opulencia y los privilegios.
El triunfo de AMLO es el triunfo del caudillo. El logro de quien midió bien el pulso de la nación y trocó el descontento de los ciudadanos en esperanza por un cambio. Ese cambio debe ser el abandono del modelo neoliberal. La medicina que agravó los males del enfermo debe sustituirse por un remedio que lo alivie y que no recaiga ni se agudicen los padecimientos que ya experimentó. Esto no se logra sino con un nuevo proyecto político y social con una fuerte incidencia en el aspecto económico. Para ello deberá de actuar y hacerlo rápido. El combate a la inseguridad no debe esperar más. Debe de integrar con celeridad los equipos de trabajo reuniendo a los mejores mexicanos en equipos de trabajo que elaboren los proyectos que se implementaran para dar cumplimiento a las promesas que hizo, como la autosuficiencia alimentaria, echar abajo las adjudicaciones de proyectos y obras directas, buscar que los números cuadren para hacer posible las pensiones y becas para adultos, jóvenes y discapacitados, empleo con capacitación también para los jóvenes, ahorro del gasto público, reducción del gasto corriente y las obras de infraestructura para el desarrollo y la creación de empleos. Mención aparte merece la cancelación de la Reforma educativa la que debe revisarse y quitarle los aspectos punitivos pensados para el control de los maestros. De esta debe dejar lo bueno como los concursos de oposición y la actualización y capacitación de los docentes.
En lo que tiene que ver con el sujeto histórico que representa López Obrador, el zoon politikon que representa, importa poco pues como buen cristiano por sus frutos lo conoceremos. Si es un conservador así sea un conservador de izquierda lo que en si representa una contradicción, o si es un nacionalista, así sea un nacionalista progresista y de una visión equitativa y justiciera al estilo de la de Jeremy Bentham que aplicaron Francisco García Salinas y de Lázaro Cárdenas.
De lo que no hay duda es que representa una alternativa a lo que hemos visto y vivido con los gobiernos priistas y priistas neoliberales privatizadores y hambreadores, generadores de la desigualdad, corrupción e impunidad a donde nos llevaron.
Como parte del pasaje después de la batalla encontramos una crisis de descomposición de los otrora grandes partidos. Observaremos una batalla encarnizada por ver quien se beneficiará de las ruinas en que los deja el triunfo del tabasqueño. Los partidos morralla muy dados a la alcahuetería y el pragmatismo grosero en busca de mantener el registro terminaran diluyéndose. El PT y el PES sobreviven y lo hacen con grandes beneficios gracias al sunami, al aluvión que representó la gigantesca ola obradorista a la que se treparon.
Como ocurrió con el triunfo del sandinismo que derrotó a Somoza y a los yanquis, Obrador y sus morenos demostraron ser implacable en el combate, están obligados a ser generosos en la victoria. Magnánimos con los derrotados. La unidad, la reconciliación y la autocrítica son las divisas que deben regir la vida nacional. ■

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