Tres veces no

Tres veces no

La Gualdra 344 / Río de palabras

 

¿Será un pretexto?
Ni me destruyo ni te construyo.
Cada noche se deja un sabor diferente en la habitación.
El tocadiscos reconoce los diferentes cuerpos,
pero mis manos no tienen nacionalidad.
Descubro tu nombre en cada copa,
luego el carmín me hace olvidarte.
El perchero, sutilmente, desplaza tu ausencia a la calle.
Soy explorador en mi propia casa.
Todos los días juego a las damas,
pero no sé si gano o pierdo.
No sé en qué momento el pasado se vuelve pasado.
No sé en qué cajón guardé tu foto; en qué ojos dejé tus ojos.
En qué libro dejé tus palabras.
En qué boca perdí tu voz.
¿Será un pretexto buscarte en cada biblioteca y perderme en la infinidad de letras que no lleva tu nombre?
Tengo un boleto abierto para regresar al ayuno eterno, al agua fría, a la siesta forzada.
Esta mañana, una vez más, no subí al tren.

Culpas
No es culpa del hambre que paso a falta de inspiración;
inspiración que no encuentro en otros ojos, en otros cuerpos.
No es culpa de los perdones desgastados que vacilan con la verdad
ni de las verdades desgastadas por el perdón.
Tampoco es culpa de las casas vacías que invitan a esconderse en el armario
ni de la miel color ámbar que desprenden ciertas pieles.
No es culpa de los besos sin amor
ni de la falta de tacto ni de las manos perdidas.
No es culpa de los silencios forzados
ni de los móviles no atendidos.
No es culpa de las mentiras piadosas
ni de la honestidad descarada con la que tu alma sucumbía.
No es culpa de las otras mil culpas no dichas aquí.
Es culpa de nada, de las meras ganas nacidas tan de repente; del rocío del desamor.

Te existo
Como enredadera tu recuerdo trepa sobre mí.
¡Y qué hago! Si no sé más que escribir para ti.
Entre danzas, cigarrillos, música, recuerdos, mentiras, desamor, bocas, ojos y olvido.
Si ya no soy la llama infernal que quema dentro de ti.
¿Qué soy?
Ya no soy lo que roza tu alma para provocarte un suspiro.
Si acaso soy un cuerpo en la subasta de tu memoria, no me vendas por menos de nada.
Sigues siendo el ritmo de mis pasos al bailar.
Pero, querida, un cuerpo necesita un cuerpo, no una sombra desolada que apenas se sostiene porque no cae.
Ni pensar en lo que haré cuando la soledad se harte de mí.
Te bebo en el sudor frío de mis manos.
Y te fumo, te destruyo, te reconstruyo, me deshago y te maldigo.
Te bendigo y te recuerdo.
Te estrello en las paredes, en los cristales, en mis ojos.
Te deseo.
Te existo.

 

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