Novedades y costumbres de las campañas presidenciales

Novedades y costumbres de las campañas presidenciales

Los viejos clichés del “todos son lo mismo” y “siempre pasa x”, son creídos por algunos con tanta fuerza, que con esa idea amarrada a la mente, algunos piensan que basta desempolvar el manual de campañas de los últimos cincuenta años para diseñar sus estrategias que los lleve a ganar elecciones.

Inicialmente no fue ese el caso del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que en lugar de hacerse abanderar por una figura histórica de su partido, amada por los diferentes sectores de ese instituto y de fuerte arraigo tricolor, como era costumbre, esta vez optaron por hacer candidato a un hombre cuya identidad es de pies a cabeza prianista. Un funcionario sin liderazgo político pero eficiente en su trabajo que ha sabido responder a los estilos de gobierno de los últimos veinte años.

Sabedores del rechazo social de todo lo que huela a PRI, no sólo el candidato, sino también la propuesta de campaña se procura lo más alejado posible de ese partido en todo lo que se refiere a lo superficial; y sin embargo no hay el mínimo desmarque a eso que generó el enojo, a los que aprobaron las reformas estructurales, a los que suplieron quimioterapias con aguas destiladas, a los que no han podido contener la violencia, y a los ex gobernadores marcados por la corrupción.

En el otro lado de la baraja también se observan novedades. Quién lo diría, el Partido Acción Nacional y el de la Revolución Democrática, van en alianza pese a que el primero nació para oponerse a las políticas del General Lázaro Cárdenas, padre del fundador del PRD; y a que el Sol Azteca se formalizó en los momentos en que el PAN cantaba su victoria cultural por el modelo económico que se imponía en los años 80.

El abanderado de esta alianza es nuevo en sí mismo, sin haber ocupado nunca un cargo Ejecutivo, ni siquiera una presidencia municipal, no se tiene la menor idea de su forma de gobernar, pero su fortaleza quizá se sustente en eso, en el desconocimiento de su trayectoria que le permite hacer campaña basado en criticar todos aquello que hasta hace un año apoyaba como legislador panista.

En la tercer coalición competitiva y encabezando las encuestas, participa la alianza Juntos Haremos Historia cuyo principal ingrediente es Morena, partido de nueva creación con apenas tres años de historia, pero con cuadros muy claramente identificados con la izquierda, como quien abandera en las boletas a ese movimiento.

Como evitando tropezar con la misma piedra, este grupo se esfuerza notoriamente para salir de la dicotomía de “nosotros los pobres y ustedes los ricos”, y lejos de aquel discurso del “primero los pobres” e incluso de la gastada frase de “la mafia del poder”, hoy hay un intento por hacer de la República amorosa del 2012 una realidad hasta en campaña, incorporando a quienes en antaño hubieran resultado compañeros impensables de López Obrador, como Germán Martínez o Gabriela Cuevas.

Pese a que las tres grandes alianzas que disputan la presidencia dieron muestras de ser conscientes de que se juega una elección distinta, a la hora de la tensión, y cada segundo más cerca de que la campana final suene, vuelven a verse las estrategias antiguas que en otros momentos tuvieron efectos.

Así nos hemos vuelto a inundar de palabras que nos significan tan poco en lo cognitivo pero tanto en lo afectivo como “populismo” o “Venezuela”; y al mismo tiempo vemos volver debates bizantinos como los “lujos” de quienes participan en un grupo de campaña, o el aumento del dólar.

Volvió la palabra “populismo” como equiparación a demagogia, pese a que el mismo Obama se autollamó populista cuando Enrique Peña Nieto intentaba advertir al poder internacional de los peligros de que los mexicanos “no votaran correctamente”.

Regresaron también los caza-relojes, caza-tennis, y caza-vehículos de media gama que suelen pensar que ser de izquierda es luchar porque todos sean pobres, y no porque nadie lo sea. Los mismos que parecen ignorar que las grandes revoluciones han estado encabezadas por clases medias conscientes de la desigualdad, y no por los esclavos que quizá ni tiempo han tenido para preguntarse si sus condiciones de vida son injustas.

Presenciamos también el retorno del discurso del miedo, de las paredes que caen, de las fantásticas historias de quien expropiará las casas para meter desarrapados, del dólar que sube unos centavos por lo que diga un hombre, a quien dieron muerto por años mientras la moneda americana pasaba de los 12 a los 18 pesos.

Las estrategias que en el 2006 resultaron insuficientes, que en el 2012 no impidieron a Andrés Manuel López Obrador obtener un millón de votos más que en la elección anterior, son de nueva cuenta la apuesta para el 2018, pese al endurecimiento del voto morenista, la rebelión de las audiencias que se han alejado de radio y televisión, la preponderancia de las redes sociales cada vez más politizadas, y herramientas como Verificado.

Los resultados, al tiempo… ν

Banner Home Videos 578 x 70

Related posts

Banner Home Videos 578 x 70