Prioridades y diferencias de los candidatos presidenciales

Prioridades y diferencias de los candidatos presidenciales

No hay cliché más odioso que el que reza “que todos los políticos son iguales”. Es casi tan cansado como el de quien asume que todos los hombres, o todas las mujeres “son iguales” sin reparar en que quizá se ha elegido a los mismos.
Es cierto que las promesas huecas hacen fácil irse con la finta y que nadie tiene una bola de cristal para ver en el futuro. Pero también es verdad que poca atención se pone a lo que los políticos dicen, a lo que no dicen y tampoco a sus propuestas y plataformas.
A ello ayudan los políticos deliberadamente priorizando la alharaca del tamborazo, la fotografía photoshopeada y la atención sobre su persona en lugar de dar a conocer un proyecto.
Un folleto de propaganda de José Antonio Meade que cayó en mis manos me hizo saber de su gusto por las quesadillas de hongo, el pop y el dominó, pero nada me informó de sus propuestas.
Los debates sobre cuál es el mejor candidato a veces se impregnan con argumentos huecos como en dónde estudió cada uno, qué profesión tiene, si tiene buena ortografía o no o hasta su forma de vestir. Si el análisis se basa en esa superficialidad, es comprensible que no se les encuentren diferencias.
Pero las hay, y los primeros días de campaña dan muestras de ello:
José Antonio Meade hace lo posible por desmarcarse de los colores y personajes icónicos del PRI, aunque no hace más que defender las políticas empleadas por ese partido en los últimos treinta años.
Su logotipo de “tres doritos después” tan poco “institucional”, y su evento en Mérida, Yucatán con la notable ausencia de muchas figuras importantes del partido que lo postula (no estaba siquiera Ivonne Ortega Pacheco, ex gobernadora de esa entidad) dan cuenta del deseo de alejarse del priismo a lo que éste responde alejándose de su candidato.
Ricardo Anaya inició campaña con un acto inusual. En lugar de un mitin, realizó un “hackatón” en el que reunió a mil 200 jóvenes de todo el país que en doce horas buscaron soluciones creativas a la corrupción, desigualdad e inseguridad.
El mensaje puede interpretarse como una apuesta por la innovación, la juventud y la tecnología, pero también envía un mensaje de improvisación y ocurrencia. ¿Qué plataforma decente puede resultar de una “noche mexicana” de mil jóvenes sin conocimientos técnicos, políticos, y quizá históricos de México?
Andrés Manuel López Obrador optó por empezar campaña en la frontera, en ese territorio que se convirtió ya en terreno de batalla entre Estados Unidos y México, y en tema de unidad entre todos los candidatos presidenciales. Buscaba honrar con ello, según dijo, la resistencia de Benito Juárez durante la intervención francesa y la batalla decisiva de la Revolución Mexicana.
Margarita Zavala decidió no despreciar ni un solo minuto de campaña e inició a media noche frente a decenas de simpatizantes en un acto muy modesto.
En los discursos de los candidatos en cada uno de sus actos, según el análisis que hace el físico Adrian Santuario en su blog (disponible en https://medium.com/@AdrianSantuario/arranque-de-campa%C3%B1as-eb6bacf31437 ) pueden deducirse sus prioridades:
Ricardo Anaya habló sobre todo de los jóvenes, los mencionó en 10 ocasiones. La inseguridad, violencia y la familia empatan con dos menciones cada uno, y finalmente mencionó una vez desigualdad, corrupción, pobreza e impunidad. Nada dijo de la ciencia, la cultura, las mujeres, la economía o la educación.
López Obrador es el que tocó más temas. Desarrollo y corrupción encabezan la lista de prioridades, la primera con 13 menciones, la segunda con 11. Se menciona también la cultura, los salarios, la economía, la familia y la violencia. Omitió toda mención a la ciencia, la innovación y la desigualdad.
El discurso de Meade tuvo como principal tema la familia (11 menciones) las mujeres (8), la educación (6). No habló de economía, desarrollo, frontera, narcotráfico, etcétera.
Margarita Zavala se centró por igual en jóvenes, corrupción y mujeres, con dos menciones cada una.
De cultura sólo hablaron AMLO (6 veces) y Meade (1 vez); la inseguridad no valió siquiera una mención de Margarita, y apenas dos del candidato priista; ningún candidato habló de ciencia.
Varios temas fueron casi invisibles para los candidatos; sólo López Obrador mencionó los impuestos, la gasolina, el muro, el desarrollo, el comercio, la frontera, las exportaciones, y el narcotráfico.
Familia, inseguridad y violencia fueron temas de mención para todos, salvo para Margarita Zavala.
Cierto es que son sólo palabras, y que nada puede garantizar que se ocuparán de eso, pero escucharlas y analizarlas, dan más información que el color de las camisetas, los gustos de los candidatos, sus acentos, o cuántos idiomas hablan.
Es esta también, la mejor manera de entender que sí hay diferencias, porque fuera de colores, spots, fotografías con poses fantoches y títulos nobiliarios “por sus propuestas los conoceréis”. ■

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