Elecciones… ¿Y el tema de la cultura?

Elecciones… ¿Y el tema de la cultura?

Una nube de preguntas ensombrece el panorama cotidiano de la población que a la luz de su estoica esperanza, espera que la situación mejore, que sean reales y se diversifiquen las oportunidades de empleo, salario justo, prestaciones, salud, protección a los niños, las mujeres y los jóvenes, seguridad, honestidad y claridad en el combate a la impunidad y la corrupción.
Deseos ingenuos e inocentes dirán unos, aspiraciones legítimas de un verdadero estado de derecho, dirán otros, pero en un necesario acto de conciencia fundamental en el electorado, cuál será su responsabilidad histórica para decidir que las cosas cambien en un País como México, que pareciera sólo duele a los marginados y soterrados que hacen la otredad, y que para quienes no la forman ni la viven, instalan una barrera de indiferencia que profundiza las heridas latentes del tejido social, haciendo más difícil la comprensión de los problemas que presenta frente a su diversidad.
En los avatares del discurso político, en la algarabía de la recuperación de lo perdido de los distintos candidatos a elecciones federales, subyace una indiferencia total a temas tan relevantes como la cultura, el arte, la ciencia y todo lo que conlleva a la investigación, rescate, conservación y promoción del patrimonio en términos de sustentabilidad y riqueza económica que favorezca la pluralidad y el desarrollo social de abajo hacia arriba, con horizontalidad y equilibrio a favor de los desarraigados y de los que menos tienen.
No es asunto nuevo, la destrucción gradual de la cultura, expresada en una abrupta desestabilización que va sembrando gradualmente el caos, pérdida de identidad y falta de memoria colectiva, con consecuencias graves de la realidad histórica del pasado y del presente, ante el mayor desafío que representa la construcción del ser y estar dentro de una comunidad, con apego a las raíces, respeto a los valores familiares, sentido de pertenencia y afectividad verdadera a su ciudadanía mexicana.
Benedetti escribió que en los castigados países latinoamericanos, donde México es un vivo ejemplo de ello, los gobiernos de fuerza tienden a provocar una ruptura total en su cultura, que se convierte en un duro conflicto para asumir la diversidad y promover justicia, equidad, convivencia y progreso económico, donde la memoria se va fragmentando hasta hacerse añicos y polvo demoledor.
Ante el fantasma del olvido, dice el poeta uruguayo que el pasado es siempre una morada. “Cuando nos mudamos al presente, a veces alimentamos la ilusión de que cerrando aquella casa con tres candados (perdón, ingratitud o simple olvido), nos vamos a ver libres de ella para siempre”, pero no.
En el tiempo vivido esto no sucede así, porque el sufrimiento se va enquistando en las personas y en sus pueblos, va provocando una desacralización doliente que hará perder el rumbo, el propósito, el proyecto y la restauración urgente de una patria convulsionada y rota, que haga renacer el sublime espíritu del arte y la cultura.
Históricamente bien se sabe, que los recursos destinados a cultura son nimios y muchas veces disfrazados con intenciones políticas de un gobierno y su partido, para ganar adeptos y votos, que no se repita más esta historia de nunca acabar, venzamos la apatía y pensemos que es posible lograr un cambio, exijamos que se escuchen todos las voces, que no se olvide el poder de la palabra.
En estos tres meses de agobio incesante de persuasión, escuchemos detenidamente sus promesas, pero no renunciemos a que el voto sea razonado, para que cada ciudadana y ciudadano vote con responsabilidad y no se automargine pensando que todo seguirá igual. Deberá pensar que ya es insostenible lo que diariamente tiene que enfrentar.
Convendrá en atreverse a confrontar, a desafiar y a oponerse a la “patología establecida”; ya no hay cuerda para resistir más, y votar en libertad, permitirá que hagamos gobiernos sensibles y prestos a entender que su función principal es trabajar con el ejemplo, con atención a los “otros” y al “nosotros” en una verdadera cruzada por la dignidad de las familias y la reconversión de las instituciones formales, en un nuevo concepto de resignificación del orgullo mexicano.
Resolvamos con responsabilidad a quienes vamos a elegir, no tiene caso incitar a la violencia y a la dádiva lisonjera de recibir dinero, tortas o material de construcción a cambio del voto, porque está en juego la construcción de la democracia y la libertad, la vida misma.
La cultura es el equivalente de la libertad y ella nos hará libres: hijas e hijos orgullosos de Zacatecas y de México, dignos herederos de una cultura ancestral.
Ánimo y fortaleza para todos.

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