¿Qué poder de transformación tendrá un gobierno de alternancia en México?

¿Qué poder de transformación tendrá un gobierno de alternancia en México?

Hemos observado con atención lo que ha estado ocurriendo en la contienda política que se perfila rumbo a la presidencia de la república y al congreso de la unión. Una de las cosas que es evidente es que los partidos han dejado de ser unidades ideológicas diferenciadas. Las diferencias específicas son muy pocas: en términos de programa, trayectoria de sus militantes, formas de comportamiento político interno y de impactos en sus gobiernos. Morena quería levantar esa bandera y colocar el mensaje en la opinión pública de que ‘no todos son iguales’, pero ya hizo agua. En esa estrategia estaba la renuencia a las alianzas con la idea de fortalecer la idea de que era por su diferencia específica. Ahora ese discurso ya no tiene sentido. Sí hay políticos que en lo personal se conducen con ciertos contrastes, y esos los encontramos en todas las agrupaciones. Pero en términos institucionales no hay grandes diferencias. Pero leamos qué está pasando que pueda ser relevante.
El intento de quitar al grupo gobernante nacional actual es virtuoso, porque la falta de equilibrios en el pasado reciente llevó a este grupo a gobernar sin límites. El resultado lo sabemos todos: apropiación estrambótica de los recursos públicos y uso excesivo de los gobiernos de forma patrimonial. Un grupo gobernante con un nivel de complicidades tal que se convierte justo en eso que circula en la propaganda, una mafia. Por eso es importante que se vayan. En esa posibilidad real que ahora vemos, ocurre un fenómeno que me interesa poner de relieve: la re-enmarcación de los grupos pequeños de ejercicio político. Me explico.
Ante la expectativa de que Andrés Manuel gané la elección, pequeños grupos de políticos que diversos partidos dieron el salto a Morena. Los partidos se componen de grupos de interés que hacen las veces de células de los tejidos partidarios (si usamos la metáfora orgánica); y son los que sostienen la vida de los partidos y los que se distribuyen el poder al llegar a los gobiernos. Al nutrirse Morena de los mismos grupos que sostenían el sistema de poder anterior, la pregunta es, ¿se podrá hacer un gobierno con otras características si se ejerce con los mismos grupos de interés del sistema anterior? Y la respuesta no es tan sencilla. Alguien puede pensar en automático que No. Sin embargo, no es fácil saberlo. Analicemos: ¿se pueden construir sistemas nuevos con elementos viejos? Sin duda que sí. Es como preguntar si es posible hacer una casa de forma nueva con ladrillos de casas anteriores. En un sistema lo esencial no sólo son sus elementos, sino las relaciones que tengan entre sí. Pero en el sistema político los grupos ‘celulares’ que se pasan de un partido a otro lo hacen con la expectativa de conservar o ampliar su esfera de influencia. Por eso se cambian: si el partido donde están pierde no podrán ocupar los puestos que requieren para reproducir su poder o esfera local de influencia. Para eso van con quien tenga las mayores posibilidades de ganar. Por ello, al acercarse los momentos de definición, se desata un fenómeno que se llama el ‘efecto mateo’: el partido que tiene menos posibilidades se debilita más, y el que tiene más, tiende llenarse con más grupos de interés. Por los efectos de ese fenómeno es que los partidos tienden a blofear y mostrar una fuerza que realmente no tienen, a través de encuestas falsas y colaboración de medios de comunicación leales.
Es posible concebir que los cambios de partido de los mismos grupos de interés local, pueden generar un sistema de relaciones políticas distinto; pero también pueden tener el efecto de conservación de los cacicazgos locales, que nada renuevan la vida democrática o la calidad de los gobiernos. Y existe un dato esencial: no hay emergencia de sujetos sociales nuevos. Por tanto, tenemos una combinatoria entre los mismos actores. No ha ocurrido como en España, donde Podemos se formó a partir de la emergencia de un nuevo sujeto social (el 15 M), y por ello no hubo importación de militancias de otros partidos para hacer crecer a Podemos. En el caso actual mexicano, si no hay dicho sujeto social emergente, ¿cómo crecen los partidos? Pues con lo que logran arrancan a los otros, en forma similar a los juegos de suma-cero. El partido-hospedero puede lograr que esos grupos de interés se integren a un sistema de gobierno novedoso (como lógicamente posible), pero es altamente difícil (en términos reales) porque justo esos grupos de interés los mueve la posibilidad de conservar su dominio local, lo cual genera resistencias a los procesos de innovación del sistema político.
En suma, si Morena ya se saturó de grupos de interés locales que estaban en el sistema del PRI, será altamente difícil que la dirigencia nacional logre hacer que se incorporen a un sistema de relaciones que democraticen la vida política y doten de calidad a los gobiernos. Por ello, creo que mientras no presenciemos la emergencia de un movimiento social poderoso, la estructura política de las élites estará atrapada en juegos suma-cero entre ellas, y la realidad poco cambiará. Así, será bueno que la actual nata de políticos que conducen la vida nacional del país se vaya y sea renovada, pero eso no significa que esa alternancia conduzca a una nueva realidad del país. El poder de transformación del gobierno alterno será muy reducido.

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