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Sistema de engaños y mentiras

Sistema de engaños y mentiras

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Complementando mis opiniones sobre la colaboración anterior y, porque considero que se trata de un tema de interés nacional, a las puertas de la elección de 2018, deseo manifestar lo siguiente:

Por estos días, mucho se ha comentado sobre los buenos resultados que se lograron durante la XXII Asamblea Nacional del PRI, que se llevó a cabo el sábado 12 del mes que transcurre, en el Palacio de los Deportes de la CDMX. Destacan principalmente las modificaciones que se hicieron a los Estatutos de ese partido, principalmente porque al quitar candados para las candidaturas internas, se tiene la posibilidad de lograrlas para militantes en general, así como para amplios sectores de ciudadanos. Esta situación, rompe con un esquema tradicional que por décadas, prevaleció en esa hegemónica organización política que mantuvo el poder en México por 70 años. Se le conoció como el “tapado” o “dedazo”.

El “tapado” ha sido por décadas una de las características del sistema mexicano. Esto significa que el presidente de la República escoge y selecciona a su sucesor, pero para evitar que a este último lo vayan a vulnerar o a debilitar, lo protege, lo oculta lo “tapa” hasta el momento en que se hace público, y se da a conocer que él es el señalado y a quien se le va a donar el cargo. Generalmente esto ocurre en los últimos días del mes de septiembre, una vez que han pasado las fiestas patrias, o bien hasta finales de octubre. No antes ni después.

Tal escenario, se presentaba justamente cuando el PRI era hegemónico, predominante, y los débiles partidos de oposición no tenían ninguna posibilidad de ganar la elección presidencial. El juego del “tapado”, era bien conocido por la sociedad, y tanto los políticos como los académicos trataban de ocultar o de atenuarlo.

Sobre esta característica, se han dado algunas opiniones. Por ejemplo: Alberto G. Salceda, manifiesta que el candidato del PRI, era seleccionado por el Presidente de la República, y, a su alrededor, por lo votos, cuyo valor dependía de su situación política individual: los secretarios de Estado; los ex presidentes; los líderes del Congreso Federal; los gobernadores de los Estados; los más importantes Generales del Ejército y los líderes de las organizaciones obreras y campesinas.

Igualmente, Octavio Paz, señaló que el presidente tenía la atribución indisputada de designar a su sucesor, pero antes, debía consultar con los ex presidentes, y con los grandes jerarcas, quienes poseían el derecho de veto, principalmente los primeros respecto del presidente, ya que éste no debía provocar la oposición de las mencionadas personas. Hacia 1978, escribió que era claro que el presidente saliente escoge a su sucesor y tiene para ello un margen de libertad muy amplio, o quizá su única limitación sea que el escogido no vaya a ser ampliamente rechazado por amplios sectores del país o que, en realidad, es difícil, o que, como se a expresado cometa un disparate garrafal. Por tanto, su discrecionalidad es casi absoluta.

Sin embargo, en tiempos recientes quedó superado ese tabú, y tanto los ex presidentes de la República como los secretarios de Estado que habían sido mencionado como “tapados”, se refirieron al tema, y confirmaron que, efectivamente el presidente nombra a su sucesor. Ese sistema resultó nefasto para México, un solo hombre, decidía por millones de mexicanos y, si se equivocaba, su error era pagado por todo el país y por millones de seres humanos que habían sido ajenos a tal decisión.

Varios ex presidentes en algún momento manifestaron, o dieron a conocer con total claridad, que posteriormente a la decisión, se habían dado cuenta de que habían designado a una persona que no era la indicada. En tal sentido se pueden recordar los señalamientos de Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, José López Portillo y Carlos Salinas de Gortari.

No obstante, la característica del “tapado” tuvo ciertas ventajas para el propio PRI. Ejemplo mantener hegemonía; mantener unidad o bien, contribuir a la estabilidad tanto política del país, como de la propia organización.

A pesar de ello, fue un sistema perverso. Se basaba en engaños y mentiras, lo que finalmente era un agravio para la política mexicana. En estas circunstancias, el Presidente de la República, engañaba el pueblo y a los posibles “tapados” porque no enseñaba el juego, porque se consideraba que perdía poder al conocerse con anticipación quién lo habría de sustituir. Por eso, el secreto era una forma de control total que tenía hacía los secretarios de Estado; también impedía que las fuerzas políticas y sociales, vulneraran y debilitaran la imagen del seleccionado o de los seleccionados que podían ser dos o cuando mucho tres. Así, mandaba mensajes secretos y contradictorios con lo que lograba confundir a los políticos y a la opinión pública.

La característica del “tapado” en el sistema mexicano, comenzó con un presidente muy fuerte y muy celoso de su autoridad: el General Lázaro Cárdenas. Plutarco Elías Calles lo había destapado en tiempos difíciles del presidencialismo. Pero el Presidente Lázaro Cárdenas superaría el poder de Calles, para destapar, y luego inventar, el de volver tapar.

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