¿Festival Cultural Zacatecas Sostenible (4)?

¿Festival Cultural Zacatecas Sostenible (4)?

Gloria a Dios en las alturas, recogieron la basura
de mi calle ayer a oscuras y hoy sembrada de bombillas
y colgaron de un cordel de esquina a esquina un cartel
y banderas de papel verdes rojas y amarillas.

“La Fiesta” de Joan Manuel Serrat, versión
grabada en España en 1970 en el álbum “Mi niñez”.

 

Fué emoción se siente al comenzar una fiesta. Todo es una algarabía expectante, los festejados y festejantes se unen en una especie de implosión emotiva donde todo los deseos contenidos o planes hedonísticos cobran vida y se permite que el cuerpo, el pensamiento y el espíritu se dejen ir hasta los confines infinitos de la creatividad. En el afán de la diversión y el gusto por la convivencia, por algunos momentos se olvidan algunas diferencias que se han ido construyendo artificiosamente. Al olvidarse las diferencias se encuentran las realidades en las que se afirma que todos son iguales. Donde la ley del más fuerte pierde vigencia y se establece la convivencia pacífica y afectiva. Y todos están listos para enfrentar sus diversas realidades en un ambiente de jocosidad, disipación y desenfreno. Sin embargo, cuando la fiesta avanza, empiezan a surgir las diferencias, no forzosamente antagónicas, sino que se dan en el afán de marcar las diferencias, ya haciendo analogías zoológicas como en la canción de referencia cuando la zorra pobre termina en el portal y la rica en el rosal o cuando tendenciosamente se afirma aquello de que aunque el origen sea el mismo barro… A partir de estas premisas es donde empieza la discriminación y la descomposición. En los terrenos de cualquier disciplina humana existen diferencias para la aceptación de cualquier elemento que quiera incorporarse; en este caso particular se analiza un poco el contexto de la educación y la cultura, en ellas existen universos delimitados donde salvo muchos que tienen que cumplir con requisitos más de índole burocrático que de eficiencia ejecutiva y una minoría que llega a esos extremos porque saben jugar sus cartas en el terreno de la burocracia, o porque son portadores de la energía cósmica de un buen halo divino como el representado por Miguel Ángel en los célebres frescos de la Capilla Sixtina donde hace alusión a la Creación. Lástima que en los anales de la supervivencia de conveniencia, este fenómeno sólo se refiera a lo que vulgarmente se conoce como “dedazo”. En los aspectos que se  refieren a la Cultura parece ocurrir algo similar: por principio ha costado definir qué significa este concepto. Para algunos son los principios compartidos que nos permitirán prevalecer como especie, para otros es el desarrollo de las artes, la ciencia y la filosofía y para otros es simplemente la imposición de eventos y espectáculos que tengan que ver con las Bellas Artes y sobre todo con la gente privilegiada que tiene los medios para desarrollarse dentro de su esquema de buen gusto y calidad exquisita. No obstante, hay muchas formas de manifestación artística que pueden complementar y quién sabe si con el paso del tiempo logren superar a lo que hoy día se acepta bajo esos calificativos y lo que para la humanidad significa.

Bien, este tipo de fiestas pareciera que no están convocadas como un bien común, sino más bien como un privilegio para unos cuantos, y no solo en el nivel de los que se mecen en el disfrute de las artes y el conocimiento en general, sino que se reserva para aquellos que tengan la capacidad por pagar por ello. Una vez pagado el derecho de piso, se puede seguir evolucionando en los complicados vericuetos de la búsqueda del conocimiento y más allá todavía, en los recónditos y casi inalcanzables senderos de la sabiduría.

En fin, debiera ser el momento de aprovechar esta búsqueda de preparación cultural para intentar afianzar una sabiduría política. Desde la última parte del siglo anterior, la política ha perdido su sello. Hoy día, más del noventa por ciento de los personajes que se dedican a la administración de partidos, representación popular y a las denominaciones de aquellos que son identificados por ciertos escudos haciendo campañas para representar siglas y objetos de gobierno, es decir, ciudadanos, han hecho de esta actividad una práctica de descrédito con el único propósito de acumular bienes y dominios de grupos para alcanzar objetivos sociales que tienen que ver con la inmensidad de la nada. Como en las fiestas, nada más se puede bailar al ritmo que estos sujetos marquen sin consideración de propuestas alternativas que fácilmente pudieran desencadenar a la sociedad de las malas prácticas relacionadas con el conocimiento y las formas de aplicarlo y encontrar en ellos usos, costumbres, artes y ciencias que puedan emerger desde situaciones donde habitan aquellos que no han sido invitados a las fiestas de los privilegiados.

Quizá sea tiempo de voltear a ver y considerar las propuestas de la gente que ha perdido o se le ha quitado la facultad de manifestarse y proponer soluciones ante los vacíos de poder que el poder mismo ha propiciado.

Cuando se pueda prescindir de esas falsas visiones mantenidas por la ignorancia y la mezquindad, será probablemente el inicio de sueños que al hacerse realidad sustituyan las pesadillas de una población mundial que vive bajo los esquemas de la desolación.

Así que, ¿por qué no nos damos a la tarea de diseñar una fiesta eterna… para todos? n

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