De Maluma a Octavio Paz, una experiencia

De Maluma a Octavio Paz, una experiencia

La Gualdra 276 / Promoción de la lectura

Hacia los últimos días del año pasado acudí a una escuela secundaria de la capital zacatecana a impartir un taller de poesía. El grupo que me fue asignado cursa el tercer grado. Un grupo de más de treinta adolescentes, vigorosos, inquietos… indisciplinados en su gran mayoría. ¿De dónde debería partir? Lo primero que hice fue lanzar una pregunta general: ¿cuál ha sido su experiencia con la poesía? El silencio y las caras de desconcierto invadieron la biblioteca escolar. Una joven se atrevió a preguntar, “¿cómo que nuestra experiencia?”. Pregunté entonces si alguien había participado en alguna competencia atlética. Una chica afirmó, a partir de un diálogo de preguntas y respuestas, expuso cómo había vivido esa actividad. Haciendo una analogía, expliqué que ella nos narró su experiencia con el atletismo.

Volviendo al cuestionamiento inicial la respuesta fue otro silencio, creo que ahora mayor. Volví a preguntar. Con la finalidad de establecer una comunicación en confianza les dije que no era examen, ni mucho menos, que eran válidas todas las respuestas. Entonces la negación fue absoluta. ¿Por dónde empezar?, me plantee nuevamente. Así que aposté por sus gustos musicales. No es extraño que se impusiera el reguetón. Una de las chicas inició el canto coral de “4 babies” de Maluma:

 

Ya no sé qué hacer

no sé con cuál quedarme

todas saben en la cama maltratarme

me tienen bien, de sexo me tienen bien

estoy enamorado de 4 babies

siempre me dan lo que quiero

chingan cuando yo les digo

ninguna me pone pero…

 

La interpretación fue acompañada por movimientos corporales propios del género. No tardaron en integrarse más voces. La algarabía no se hizo esperar. Una vez que los ánimos se tranquilizaron, volví al tema. Fui a La hija de Rappaccini de Octavio Paz y extraje el siguiente fragmento que leí en voz alta:

 

Rodearte como el río ciñe a una isla, respirarte, beber la luz que bebe tu boca. Me miras y tus ojos tejen para mí una fresca armadura de reflejos. Recorrer interminablemente tu cuerpo, dormir en tus pechos, amanecer en tu garganta, ascender el canal de tu espalda, perderme en tu nuca, descender hasta tu vientre… Perderme en ti, para encontrarme a mí mismo, en la otra orilla, esperándome. Nacer en ti, morir en ti.

 

Las expresiones de sorpresa, goce, y también chacota, saltaron de las voces de los adolescentes. Les dije que muchas cosas de las que escuchan han sido dichas por la poesía, que ellos mismos son capaces de crear poemas, no sólo rimas. Es así como surgió la magia. A partir de ese momento la disposición de los chicos fue excelente: leyeron, escribieron, jugaron con la poesía, platicamos de algunos poetas, de sus musas y tragedias. Alguien preguntó si los narco corridos también son poesía, y aproveché para hablar de la épica.

Fue extraordinario ser testigo, juez y parte, de la transformación de los adolescentes ante una actividad de lectura. La actitud reacia, desganada y desconfiada al principio, se convirtió en un arcoiris de creatividad. La clave, estoy seguro, fue en no desdeñar, ni descalificar sus referentes, sino usarlos como insumos de la actividad.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_276

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