Los seres humanos tienen derecho a la cultura desde que nacen: Guerra

Los seres humanos tienen derecho a la cultura desde que nacen: Guerra
La obra aborda el cambio climático se sustenta en el conocimiento de qué es un niño y cómo percibe el mundo entre los cero a tres años ■ foto: La Jornada Zacatecas

■ No se debe limitar acceso a espectáculos o lugares; espacios públicos deben ser para todos

■ El teatro para bebés, todavía en etapa de exploración; presentan la obra Con-Templar

“Los seres humanos tienen derecho a la cultura desde que nacen”, dijo Michelle Guerra, quien considera por tanto al teatro para bebés como un tema de inclusión social. “Yo creo que el teatro es un espacio para todos y en este tiempo que vivimos la lucha por la tolerancia todas personas de este planeta, en muchos aspectos los bebés han sido invisibles para mucha gente”.

De esta manera la directora de Con-Templar cuestiona el que anteceda al concepto de “espacio público” la advertencia en algunos casos de que “no es para niños”, cosa que implica que en espectáculos o lugares se limite su
acceso “porque somos intolerantes y esperamos que se porten como uno. Un espacio público debe estar pensado para todos”.

El teatro para bebés que naciera a mediados de los años 90 en Francia e Italia, y que en este momento ya tiene una red en México con las escasas agrupaciones que lo abordan, todavía se encuentra en etapa de exploración y legitimación como un arte, un problema que proviene de los cuestionamientos que quieren enmarcarlo en conceptos tradicionales del teatro, esto es el planteamiento de un problema, un clímax y una solución del conflicto.

Con-Templar, obra que se presentó el pasado sábado en el contexto de la jornada de clausura del Festival Cosmicómico de Teatro Alternativo Internacional (FCTAI) implica una experiencia sensorial y pedagógica, acota Michelle Guerra, porque siempre los seres humanos tienen la capacidad de aprender, pero su planteamiento y estructura “no es cualquier cosa”, sino una sucesión de acciones que se conectan unas con otras.

La obra que aborda el cambio climático se sustenta por supuesto en el conocimiento de qué es un niño y cómo percibe el mundo entre los cero a tres años, pero está llevado a cabo con un lenguaje plástico y estético contundente, en el que participa una actriz y que incluye la intervención de Lux Boreal, una agrupación dancística.

“De pronto se mueve una cosa de izquierda a derecha”, porque los niños en este rango de edad no pueden mantener la atención por mucho tiempo, “el trazo tiene que ir cambiando el foco para que no se levanten y quieran agarrar lo que está ahí”.

Solo al final se presenta la oportunidad lúdica de pasar al espacio tocar e interactuar con los elementos.

“Cuando suceden muchas cosas al mismo tiempo los niños pierden interés. Así como en una dramaturgia uno dosifica la información de la historia, aquí se dosifican los objetos que van a estimular ciertas cosas, si los sobreestimulas se anula todo”.

Se ordenan los elementos visualmente, sin estridencias de ningún tipo ya sean de color, sonido, luz, lo visual correa de izquierda a derecha, arriba abajo, pero también se ordenan los sentidos: escucho, toco, pruebo…ahora juego con él, describió.

En la obra hay también una actriz, ésta formada en la danza contemporánea y que destacó en la entrevista que justo el que los niños y niñas estén entre los cero y tres años, una etapa de manejo del lenguaje no verbal, facilita su intervención que inscribe en el correspondiente corporal.

El situar el teatro para bebés como una propuesta para personas entre cero a tres años, dijo la directora del Colectivo de Teatro Espiral, Michelle Guerra, es una forma de decir a los padres que pueden acudir en cualquier momento en que decidan vivir esta experiencia.

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