Educación holista

Educación holista

INTRODUCCIÓN

(primera de tres partes)

Indudablemente que el término educación adquiere diferentes connotaciones, por consiguiente se hace referencia a una polisemia, entendida esta como la forma de darle diversos significados a un término o palabra, esto significa que nos enfrentamos para el caso muy particular al tema tratado en el presente documento, a un evento que tiene muchos significados: el proceso educativo. Independientemente de la forma de cómo se conciba este proceso, la misión, visión y valores estarán presentes, sin embargo, es importante considerar los usos y costumbres como referentes principales.

La educación se encuentra consagrada en nuestra Carta Magna -Constitución Política- y es legislada por Organismos Gubernamentales, se elaboran y operativizan proyectos, se evalúan, reformulan, etc. En consecuencia, se emiten juicios, mismos que sin lugar a duda conducen a la toma de decisiones. Las Instituciones Educativas juegan un papel de suma importancia en el proceso educativo propiamente dicho, estas tienen el compromiso de prestar un servicio, y por lógica tendría que hacerse compatible lo constitucional e institucionalmente establecido con lo socialmente requerido.

Si hablamos de usos y costumbres, nos enfrentamos a una realidad social, misma que, si bien no se sujeta dogmáticamente a lo reglamentado, si lo considera como punto de referencia para legitimar el proceso que verdaderamente se vive en toda una comunidad. Es por ello que la actividad educativa vista y abordada como  eminentemente social, se torna demasiado compleja, esto es muy natural ya que la sociedad misma en su estructura también lo es.

No podemos concebir a una sociedad homogénea, por consiguiente, no podríamos hablar de prácticas sociales estandarizadas, pensarlo de esta manera conduciría a los actores sociales a buscar formas de explicar la realidad, analizarla y generar compromisos que conduzcan al crecimiento de la sociedad misma.

Actualmente existen en nuestra sociedad problemas de diferente índole -violencia juvenil, drogadicción, desintegración familiar, falta de Interés por el estudio, etc.-, esto necesariamente obliga a que en forma conjunta se generen acciones que ayuden a combatir estos males. Puedo aseverar que lamentablemente señalan a la escuela como correctora de todos estos vicios e insuficiencias culturales, esto no debe ser así, sin embargo se tiende a desacreditar a las instituciones educativas y a minimizar la magnífica labor de maestros y maestras. No se trata tampoco de que la reflexión se convierta en lamento, puesto que ello conduciría a toda una serie de descalificaciones; más bien se deben reconocer las necesidades para saber qué aspectos de orden social necesitan abordarse como verdaderamente problemáticos.

Deseo hacer alusión a formas de pensar y decir de Fernando Savater, sin lugar a duda esto ayudará a comprender la magnitud de la problemática que estamos viviendo:

“Con verdadero pesimismo puede escribirse contra la educación, pero el optimismo es imprescindible para estudiarla…..y para ejercerla. Los pesimistas pueden ser buenos domadores pero no buenos maestros. Hablaré del valor de educar en el doble sentido de la palabra <valor>: quiero decir que la educación es valiosa y válida, pero también que es un acto de coraje, un paso al frente de la valentía humana. Cobardes o recelosos, abstenerse. Lo malo es que todos tenemos miedos y recelos, sentimos desánimo e impotencia y por eso la profesión de maestro es la tarea más sujeta a quiebras psicológicas, a depresiones, a desalentada fatiga acompañada por la sensación de sufrir abandono en una sociedad exigente pero desorientada” (Savater, 1997:18-19).

La sociedad avanza y cambia vertiginosamente, los sujetos que vivimos en ella nos desconcertamos ante los fenómenos que presenciamos y que jamás los imaginamos, sin embargo aquí estamos, plantados en una realidad y necesitados de generar discursos, mismos que, en primera instancia nos ayuden a ubicarnos como verdaderos sujetos sociales-no como objetos de la sociedad-. En sí, todo el estado de cosas que estamos viviendo nos obliga a pensar que cualquier actividad social que se ejerza, debe hacerse bajo la modalidad de la alternancia, ya que sólo así podemos contrastar lo que institucionalmente se programa con lo que realmente se requiere.

Es por ello que verdaderamente educar o promover la educación resulta toda una odisea, sin embargo, pensar en un mecanismo que favorezca al proceso educativo no resultaría tan difícil si lo hacemos con una visión holística u holista. Este tipo de educación no es una estructura curricular, ni una metodología determinada; es un conjunto de proposiciones que incluye lo siguiente:

La educación como una relación humana dinámica, abierta.

La educación cultiva una conciencia crítica de los muchos contextos en la vida de los educandos: moral, cultural, ecológico, económico, tecnológico, político, etc.

Todas las personas poseen vastos potenciales múltiples que solamente ahora estamos empezando a comprender.

La inteligencia humana se expresa por medio de diversos estilos y capacidades.

El pensamiento holístico incluye modos de conocer intuitivos, creativos, físicos y en contexto.

El aprendizaje es un proceso que dura toda la vida. Todas las situaciones de vida pueden facilitar el aprender.

El aprendizaje es tanto un proceso interno de descubrimiento propio así como una actividad cooperativa.

El aprendizaje es activo, con motivación propia, que presta apoyo y estímulo al espíritu humano.

En consecuencia, debemos acceder a una práctica educativa diferente a la tradicional, para ello el presente trabajo refleja elementos que pueden ser considerados como indispensables para comprender la importancia que reviste el concebir una educación holista. ■

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